Una política exterior de pisa y corre

Bajo el pretexto de que “la mejor política exterior es la interior”, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador alejó a México de los foros internacionales y se convirtió en el mandatario que menos viajó al extranjero desde Gustavo Díaz Ordaz. Esa ...

Bajo el pretexto de que “la mejor política exterior es la interior”, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador alejó a México de los foros internacionales y se convirtió en el mandatario que menos viajó al extranjero desde Gustavo Díaz Ordaz.

Esa política aislacionista tuvo sus costos, pues cuando quiso cosechar apoyos en otros países para sus iniciativas, como la propuesta para acabar con la pobreza global, enfrentar la alta inflación, o lograr la paz en Ucrania, casi ninguno le hizo eco.

Con el cambio de gobierno, parecía que México saldría de ese marasmo. A diferencia de su antecesor, la presidenta Claudia Sheinbaum estudió fuera del país y habla inglés, lo que le da una visión más amplia del mundo que la de López Obrador.

También creó esperanza el hecho de que nombrara como canciller a Juan Ramón de la Fuente, un hombre que desempeñó un papel muy notable como embajador en Naciones Unidas.

Fue asimismo un respiro que, a pocas semanas de tomar posesión, Sheinbaum viajara a la reunión del G20 en Río de Janeiro, cosa que jamás hizo López Obrador, quien delegó ese tipo de tareas en su canciller Marcelo Ebrard.

Sin embargo, en estos seis meses ha quedado nuevamente claro que México no está interesado en recuperar el lugar que alguna vez tuvo en el escenario mundial, como garante del derecho internacional, mediador de conflictos en otras naciones y hasta promotor de la liberalización comercial.

Durante aquel viaje a Brasil, en noviembre pasado, la Presidenta sólo permaneció unas horas en la cumbre. Según dijo ella misma, tenía prisa por volver para encabezar el desfile conmemorativo del inicio de la Revolución Mexicana.

A falta de un avión oficial que pudiera llevarla hasta allá sin escalas –como ya se sabe, López Obrador se deshizo del que había–, Sheinbaum debió tomar un vuelo comercial. Duró más el traslado que su estancia en Río de Janeiro.

Mismo apuro parece tener respecto de su viaje a Tegucigalpa para estar en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), a la que asistirá –dicho por ella–, porque la presidenta hondureña Xiomara Castro, quien termina su periodo al frente del grupo, “es muy persistente y es muy difícil decirle que no”.

Ésa no debiera ser la razón para viajar. Dicha explicación incluso debe resultar desconcertante para la anfitriona, a quien seguramente le hubiera gustado escuchar que el llamado hermano mayor de Centroamérica reconoce lo realizado durante su gestión y la importancia del encuentro.

Aunque al momento de escribir estas líneas no había una agenda oficial de las actividades presidenciales de este miércoles, se suponía que el viaje a Tegucigalpa sería relámpago: salir de madrugada en un avión militar, hablar en la reunión plenaria y regresar de inmediato a México.

Desde 2018, pareciera que la prioridad de los gobernantes mexicanos ha sido la conferencia mañanera, que rara vez se ha suspendido.

En este caso, tampoco puede decirse que el canciller De la Fuente haya sido un activo bateador emergente. Como la prioridad de las relaciones internacionales ha sido la interacción con Estados Unidos –y en ésta el especialista es Ebrard–, De la Fuente casi no ha figurado.

Pese a que México tendría que estar buscando otros mercados para sus productos y fortaleciendo los vínculos con otros países –en caso de tener que sacar la vuelta al proteccionismo de Trump– el exrector de la UNAM prácticamente no sale del país. Por ejemplo, no estuvo en la toma de posesión del nuevo presidente de Uruguay, el izquierdista Yamandú Orsi, porque su presencia era requerida en el más reciente mitin en el Zócalo.

Hace unos días, un diplomático me hacía notar que De la Fuente no ha estado en Bruselas, algo que llama la atención en el caso del canciller de un país tan importante para la Unión Europea como es México, igual que el hecho de que ningún líder extranjero haya venido de visita después de la toma de posesión.

Y es que nuestro país necesita ahora más que nunca una mayor presencia en el escenario mundial. No sólo para defender lo que es correcto, sino también para procurar lo que le conviene.

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