Tediosas precampañas
Gane quien gane la Presidencia de la República en junio, la actual boleta electoral que, todo indica, estará integrada por Jorge Álvarez Máynez, Xóchitl Gálvez y Claudia Sheinbaum, en orden alfabético es la más débil de la actual era constitucional y, en una de ...
Gane quien gane la Presidencia de la República en junio, la actual boleta electoral —que, todo indica, estará integrada por Jorge Álvarez Máynez, Xóchitl Gálvez y Claudia Sheinbaum, en orden alfabético— es la más débil de la actual era constitucional y, en una de esas, del medio centenar de comicios presidenciales de la historia del país.
Debo esta reflexión a mi compañero de páginas, José Elías Romero Apis, con quien escribí al alimón el libro Poder y deseo. La sucesión presidencial en México (Porrúa, 2023).
Con Romero Apis hemos concluido que es difícil encontrar otra alineación de aspirantes al Ejecutivo que, en conjunto, sumen tan poca experiencia política y conciten tan escasa emoción. El asterisco sería la boleta de 1976, en la que José López Portillo apareció solo, pero tenía trayectoria en el gobierno y cualidades oratorias que difícilmente acumula, junta, la triada actual.
Ya veremos cuántos ciudadanos votarán dentro de 143 días, pero, si fuera sólo por los nombres que aparecerán en la boleta, quizá serían más los que no acudirían a las casillas ese domingo. Afortunadamente hay otras razones, poderosas, para sufragar.
Fuera de Vicente Fox, no puedo pensar en un solo ganador de la elección presidencial con tan poco recorrido en la política como los tres candidatos de 2024, pero el guanajuatense compensó con emotividad su escasa experiencia de servicio público.
El actual Presidente tenía más de 40 años de dedicarse a ese oficio cuando ganó la elección; su predecesor, Enrique Peña Nieto, unos 38; Felipe Calderón, 30; Ernesto Zedillo, 23; Carlos Salinas de Gortari, quien llegó al cargo a los 40 años de edad, tenía más de la mitad de su vida en la política, por mencionar algunos casos.
López Obrador ya había sido dos veces candidato presidencial y también aspirante al gobierno de Tabasco un par de ocasiones. Asimismo, fue jefe de Gobierno del Distrito Federal, lideró al PRD durante tres años y fundó Morena, aunque no tuvo cargo alguno a nivel federal, algo que se repetiría en caso de ganar Sheinbaum.
Enrique Peña Nieto fue secretario de Finanzas del Estado de México, líder del Congreso local y gobernador de la entidad.
Felipe Calderón fue asambleísta en la capital, secretario general y jefe nacional del PAN, candidato a gobernador de Michoacán, líder de la bancada de su partido en San Lázaro, director de Banobras y secretario de Energía.
Incluso entre varios candidatos perdedores de las elecciones presidenciales pueden encontrarse perfiles políticos más completos, con mayor reconocimiento nacional a la hora de competir, un empaque discursivo superior y una más fuerte capacidad de generar emoción, comparados con los de la actual boleta: Rosario Ibarra de Piedra, Maquío Clouthier, Cuauhtémoc Cárdenas, Diego Fernández de Cevallos, Cecilia Soto, Francisco Labastida, Patricia Mercado, Gilberto Rincón Gallardo y Porfirio Muñoz Ledo, por mencionar algunos. Algo que caracteriza a todos ellos es que ya eran personajes antes de ser aspirantes presidenciales y su carrera política no terminó con la elección.
Sin duda habrá quien no coincida conmigo en esto, pero lo digo como lo veo: los actuales candidatos no son portadores de una antorcha que alumbre la esperanza, sino catalizadores de la repulsa que sienten sus seguidores por otras opciones políticas. En palabras distintas, la razón principalísima para votar por ellos es que no gane otra persona.
Su discurso no emociona, no hace soñar, porque sus ideas más repetidas son el rechazo de las propuestas del adversario.
Ojalá que en los debates veamos cosas mejores, pero los únicos momentos que representaron algo fresco —no por ello bueno— fueron los protagonizados por Samuel García, quien decidió bajarse de la contienda para no quedar con la espalda desprotegida en la gubernatura de Nuevo León.
Los aspirantes —particularmente las dos punteras— han quedado a deber, y mucho. Hasta ahora, el bostezo ha sido el signo de las precampañas. Habrá quien diga que eso es porque aún opera la restricción legal de hablar de propuestas. Más vale que así sea. Ya lo veremos.
*Esta Bitácora se ausentará unos días y volverá a publicarse el lunes 22 de enero.
