Sin resolver, la primera desaparición del sexenio

Marco Antonio Taylor de la Cruz, trabajador jubilado de Pemex, nunca se quedaba a dormir en la lavandería de su compañera sentimental, en la colonia Lázaro Cárdenas de Poza Rica, Veracruz. Sin embargo, esa noche de diciembre, ella lo convenció de hacerlo. Al día ...

Marco Antonio Taylor de la Cruz, trabajador jubilado de Pemex, nunca se quedaba a dormir en la lavandería de su compañera sentimental, en la colonia Lázaro Cárdenas de Poza Rica, Veracruz. Sin embargo, esa noche de diciembre, ella lo convenció de hacerlo.

Al día siguiente, la pareja no podía ser localizada. Tampoco, el chofer de ella. A los pocos días, la familia Taylor recibió una llamada exigiendo un rescate por dos millones de pesos.

En circunstancias que desde el principio parecieron extrañas, la mujer y el chofer reaparecieron. Alegaron que los secuestradores los habían liberado para conseguir el dinero.

Para ese momento, la familia de Marco Antonio ya había presentado la denuncia ante la delegación de la Fiscalía estatal en Tuxpan. La mujer siempre se opuso a que intervinieran las autoridades. Luego informó a la familia que había pagado un rescate, pero nunca quedó constancia de ello.

Del paradero de Marco Antonio no se ha vuelto a saber. Ausente desde el 7 de diciembre de 2018, es, que se sepa, el primer desaparecido de este sexenio. Y así sigue hasta la fecha. Como resultado de las investigaciones, un hombre fue detenido en octubre de 2019. Confesó que la víctima fue secuestrada por su pareja y el chofer para poder cobrar un seguro de vida.

El procesado ha dicho que cree que Marco Antonio fue asesinado en El Chote, comunidad del municipio de Papantla, pero no ha dado mayores datos sobre dónde quedaron sus restos. Con base en esa información, la mujer y el chofer también fueron detenidos en abril de 2022 y actualmente están en prisión. A casi seis años de los hechos, ninguno de los tres presuntos participantes en el crimen ha sido sentenciado.

Éste es un caso típico de la tortuosa justicia mexicana. Pruebas fundamentales, como los teléfonos celulares de la mujer y el chofer no han sido recuperados.

Pude conversar ayer con un familiar de Marco Antonio, quien me aportó los detalles del caso. Pidió específicamente que no se mencionara su nombre ni el de los demás involucrados, petición que cumplo junto con otras. “Seguimos teniendo mucho miedo a las represalias”, me dijo.

No es para menos. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, en Poza Rica y municipios aledaños hay 363 personas desaparecidas, de las cuales 154 corresponden al actual periodo de gobierno. El resto es lo que se había acumulado entre 1964 y 2018.

Poza Rica es, además, la ciudad donde el año pasado se encontró una veintena de cuerpos destazados en congeladores instalados en casas de seguridad.

El sexenio se está terminando con una pesada carga de ausencias. Al momento de redactar esas líneas, el Registro daba cuenta de 50 mil 762 personas desaparecidas desde diciembre de 2018. Acudí a la misma fuente exactamente una semana antes y había 50 mil 269 casos. Es decir, cada día se agregaron en promedio 70 desapariciones a la lista.

Cada vez que se toca este tema, el presidente Andrés Manuel López Obrador se justifica diciendo que su gobierno, a diferencia de los anteriores, no ha desaparecido a nadie. Pero eso no es lo que reclaman quienes buscan a sus seres queridos, sino que la autoridad hace un trabajo muy deficiente, en el mejor de los casos, para encontrarlos.

Los gobiernos federal y estatales han dejado a los familiares de los desaparecidos a su suerte. Y si la administración de López Obrador ha buscado a algunos ausentes ha sido para poder decir que el problema es menos grave de lo que se afirma.

La reciente reaparición de dos mujeres que habían sido secuestradas en un levantón masivo en Sinaloa en marzo pasado es una muestra de lo poco que importa a la autoridad encontrar a los ausentes. Todo indica que no hubo operativo alguno de búsqueda y que mientras el gobernador del estado aseguraba que todos los secuestrados estaban de vuelta en su casa, el grupo criminal decidía a quién liberaba y cuándo.

Ojalá que las referencias al segundo piso de la Cuarta Transformación no signifiquen que el próximo sexenio habrá continuidad de esta política negligente.

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