En primera persona

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

En primera persona

“¿Para qué guardas todo eso?”, preguntó Jesús Reyes Heroles a Porfirio Muñoz Ledo, cuando vio que éste tenía en su biblioteca, perfectamente empastados, los discursos que pronunció y las minutas de las reuniones que encabezó cuando fue dirigente nacional del PRI. “La memoria política de México es oral. ¡Tíralo todo a la basura!”.

Esa anécdota me ha servido para ilustrar la reticencia que tienen muchos políticos mexicanos de escribir sus memorias y relatar, en primera persona, las anécdotas de su paso por el servicio público y, más relevante que eso, explicar por qué tomaron las decisiones que tomaron.

A diferencia de lo que sucede en otros países, en México la mayoría de los funcionarios retirados parecen dispuestos a irse a la tumba sin contar lo que les tocó vivir. Con ello, los interesados en la política se quedan sin saber o a merced de lo que terceros quieran contarles.

Hay, por supuesto, espléndidas reconstrucciones de hechos de interés público relacionados con las acciones y omisiones de distintos gobiernos. Uno de los mejor documentados es El jefe de la banda —y su seguimiento, La banda del jefe—, de José Elías Romero Apis, cuya lectura nunca dejaré de recomendar.

Pero, como el propio Pepe convendrá conmigo, nada hay en la literatura política como un relato de primera mano escrita por su protagonista. Y, de ésos, no se han impreso muchos en este país.

Hoy circulan dos, distintos en forma y fondo, pero igualmente valiosos. Esos dos vasos de agua en el desierto son Tres crisis. Nacionalismo, neoliberalismo y era tecnoeconómica, de José Ramón López Portillo Romano, y Ni venganza ni perdón. Una amistad al filo del poder, de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez. Uno y otro son aportaciones a la historia política de México contadas por hombres que estuvieron, cada uno en su tiempo y su circunstancia, en el primer círculo del hombre más poderoso del país.

López Portillo Romano y Scherer Ibarra son hombres que no sólo comieron, desayunaron, cenaron y viajaron muchísimas veces con los presidentes López Portillo y López Obrador, sino que fueron consultados por éstos en la toma de decisiones que tuvieron un gran impacto en la vida de la nación.

No pretendo en esta entrega de la Bitácora abordar el contenido de uno y otro libro, pues no solamente no cabrían las muchísimas aportaciones que ambos hacen, sino que creo que merecen ser leídos de la manera menos prejuiciada posible.

Sí diré que no coincido con algunas de las valoraciones de los autores, pero eso no me impide recomendar la lectura de esas obras. Quien ya se haya adentrado en sus páginas coincidirá conmigo, estoy seguro de que lo que cuentan es generalmente más valioso que lo que opinan, sin que por ello deseche yo sus argumentos.

López Portillo Romano y Scherer Ibarra ejercieron la política en tiempos distintos. Aquél era muy joven cuando su padre llegó a la Presidencia; éste, ya un hombre maduro cuando lo hizo López Obrador. Además, uno y otro sexenio, pese a tener vasos comunicantes en lo programático, están separados por más de cuatro décadas.

Resalto el valor de López Portillo Romano y de Scherer Ibarra de salir a contar lo que vieron. Yo quisiera que lo hicieran muchos como ellos. Me parece que faltan varios libros en mi repisa —no están porque no existen—, y sé que quienes debieran escribirlos han preferido hasta ahora guardar silencio. Ojalá que un día pueda yo leer las memorias de Emilio Gamboa, José Córdoba, Liébano Sáenz y Ramón Muñoz, hombres que fueron cercanísimos del máximo poder, sólo por hablar de cuatro de ellos.

A veces hace falta alguien que los convenza de contar. En el caso de Scherer Ibarra, ése fue mi colega y compañero de páginas Jorge Fernández Menéndez, a quien hay que reconocerle, además, la capacidad de condensar tanta información en un libro, que ya es un éxito en ventas.

Para concluir, diré que es muy interesante ver cómo ese libro ha hecho el milagro de unir en su contra a las figuras más encumbradas de la autodenominada Cuarta Transformación y a algunos de los críticos más acérrimos de este gobierno y del que le precedió.

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