El mundo según Marco Rubio

El discurso de Marco Rubio dibuja el trazo de un camino renovado de alianzas con Europa que pasa también por una visión más conservadora e ideologizada.

Hace algunas semanas Mark Carney, primer ministro de Canadá, pronunció un gran discurso durante el Foro de Davos. Muchos se entusiasmaron ante la contundencia de los argumentos del experimentado político del Partido Liberal. Una potencia media se atrevía a marcar un camino distinto al planteado por la mayor potencia de Occidente, generando un cierto fervor y admiración.

Ahora que los discursos se han puesto de moda, no podemos dejar de reflexionar sobre la pieza oratoria de Marco Rubio, secretario del Departamento de Estado de los Estados Unidos, pronunciada en la ciudad alemana de Múnich. El hijo pródigo del exilio cubano pronunció un discurso memorable. Una respuesta bien calibrada a la angustia europea provocada por las pretensiones de Trump sobre Groenlandia.

Con un realismo duro, Rubio recordó que la idea de Fukuyama sobre “el fin de la historia” era una idea “absurda”. Que las ilusiones por un orden mundial basado en normas que sustituiría al interés nacional en un mundo sin fronteras, en el que todos seríamos ciudadanos del mundo, era sólo una quimera inalcanzable.

En un tono comedido, Rubio hace un mea culpa reconociendo que la comisión de esos errores fue una decisión conjunta, entre Estados Unidos y Europa, y que ahora es tiempo de afrontar las consecuencias y de construir una alianza renovada para reconstruir y restaurar.

El compromiso busca calmar los ánimos y restañar las heridas de tantos desencuentros recientes. La idea es muy clara: Estados Unidos y Europa forman parte de una misma formula: la civilización occidental. Los fundamentos son profundos: siglos de historia común, fe cristiana, cultura, patrimonio, lengua, ascendencia y sacrificios heredados.

Por supuesto, la “nueva alianza” tiene condiciones. Se exige seriedad y reciprocidad. Se acabaron los “cheques en blanco”. La seguridad nacional no sólo pasa por la defensa militar. Existen otros asuntos que atender. La migración masiva no es, ni ha sido, una preocupación marginal con pocas consecuencias. Fue y sigue siendo una crisis que está transformando y desestabilizando a las sociedades de todo occidente.

Llegó el momento de reindustrializar las economías y reconstruir la  capacidad militar de la OTAN. Pero el trabajo de esta nueva alianza no debe centrarse únicamente en la cooperación militar y en recuperar las industrias del pasado.

Un control más estricto de las fronteras será indispensable en el mundo propuesto por Marco Rubio. Controlar el flujo de personas no es una expresión de xenofobia. No es odio. Es un acto fundamental de soberanía nacional.

Rubio no deja lugar a dudas: “en un mundo perfecto, todos estos problemas y muchos más se resolverían mediante diplomáticos y resoluciones enérgicamente formuladas. Pero no vivimos en un mundo perfecto y no podemos seguir permitiendo que aquellos que amenazan de forma descarada y abierta a nuestros ciudadanos y ponen en peligro nuestra estabilidad global se escuden tras abstracciones del derecho internacional que ellos mismos infringen habitualmente”.

 

Balance

El discurso de Marco Rubio dibuja el trazo de un camino renovado de alianzas con Europa que pasa también por una visión más conservadora e ideologizada. Al final, para ambas partes, el adversario común sigue siendo China. Sin embargo, como el mismo Rubio reconoce, sería una mala práctica geopolítica no mantener conversaciones con el gigante asiático. La disputa seguirá, los intereses nacionales a menudo no coincidirán.

“Paz a través de la fortaleza” es el eje central en la política exterior que defiende Rubio. México no puede titubear. La debilidad es sinónimo de riesgo. En política exterior ya no podemos juguetear con un pasado que ya se fue. Más vale entenderlo a tiempo, para no sufrir de más.

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