México parece avanzar en direcciones opuestas. Nunca había sido tan importante para la economía de América del Norte, pero tampoco había enfrentado tantas dudas sobre su capacidad institucional, su viabilidad fiscal y la solidez de sus reglas. El país está atrapado entre la oportunidad extraordinaria del nearshoring y el desgaste provocado por años de bajo crecimiento, improvisación administrativa, debilitamiento institucional e incertidumbre política.
La economía mexicana apenas creció 0.8% en 2025 y en el primer trimestre de 2026 mostró señales de contracción. El empleo formal avanza lentamente, mientras más de la mitad de la población ocupada permanece en la informalidad. La inflación sigue por encima de la meta del Banco de México y las tasas de interés continúan elevadas para una economía que necesita inversión y expansión productiva.
El gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta esa realidad con un margen de maniobra cada vez más reducido. Las finanzas públicas muestran creciente rigidez: pensiones, participaciones federales y costo financiero de la deuda absorbieron más de 60% del gasto público durante el primer trimestre. La deuda pública alcanzó niveles históricamente elevados y el déficit presupuestario creció aceleradamente en un entorno de desaceleración económica. Cada vez queda menos dinero disponible para infraestructura, salud, educación y seguridad.
Pemex resume como pocas cosas las contradicciones del modelo económico mexicano. La empresa sigue siendo símbolo político del nacionalismo energético, pero también una carga financiera monumental. Mientras la tensión geopolítica en Oriente Medio y la incertidumbre alrededor del estrecho de Ormuz elevan la relevancia estratégica de la energía, México llega a este escenario con una petrolera debilitada, menor inversión y crecientes presiones fiscales.
Paradójicamente, el gran sostén de la economía mexicana sigue siendo el sector exportador vinculado a Estados Unidos. México exporta más manufacturas que nunca y se ha convertido en pieza indispensable de las cadenas de suministro norteamericanas. Por eso la revisión del T-MEC prevista para este año será probablemente el proceso económico y político más importante para el país en décadas recientes.
Pero esa integración con Estados Unidos también expone las fragilidades mexicanas. Las acusaciones de la justicia estadunidense contra diez políticos sinaloenses vuelven a colocar el tema de la penetración criminal en la política mexicana bajo los reflectores. Aunque las acusaciones sigan en proceso, el mensaje hacia inversionistas y autoridades extranjeras es inevitable: el problema de seguridad y captura criminal del poder continúa siendo una preocupación central.
Todo esto ocurre mientras Sheinbaum intenta mantener el delicado equilibrio entre continuidad y moderación. La Presidenta necesita preservar la cohesión política de Morena y mantener la herencia de Andrés Manuel López Obrador, pero también debe convencer a inversionistas y gobiernos extranjeros de que México sigue siendo un país confiable para hacer negocios. Ahí reside quizá la principal tensión del momento mexicano: la economía exige pragmatismo, pero la política sigue dominada por la lógica de la consolidación del poder.
Incluso decisiones aparentemente menores revelan esa percepción de incertidumbre. El cambio del calendario escolar para adelantar el fin de cursos al 5 de junio, asociado al Mundial de Futbol y a las altas temperaturas, generó mensajes contradictorios y dudas sobre la disposición gubernamental para modificar acuerdos previamente establecidos.
Y, sin embargo, México conserva fortalezas extraordinarias. Tiene ubicación geográfica privilegiada, capacidad industrial, mano de obra competitiva y acceso preferencial al mayor mercado del mundo. El verdadero desafío es político e institucional. El país ya no necesita descubrir oportunidades; necesita construir confianza. Porque el gran riesgo no es que falten inversiones interesadas, sino que México siga siendo incapaz de ofrecer las condiciones de estabilidad, legalidad y previsibilidad necesarias para aprovechar plenamente el momento histórico que tiene enfrente.
