Una irresponsabilidad que se está comiendo a México (literalmente)

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
La memoria política suele ser corta, pero la biología no perdona.
En 1991, México alcanzó un hito sanitario que parecía definitivo: la erradicación del gusano barrenador del ganado (Cochliomyia hominivorax). Fue una victoria técnica y diplomática que blindó nuestra frontera norte y dio certeza a miles de familias ganaderas. Sin embargo, lo que costó décadas construir se desmoronó en apenas un par de años. Hoy, el regreso de esta plaga no es sólo una crisis agropecuaria; es una emergencia de salud pública que está devorando tejidos vivos, literalmente, tanto en animales como en seres humanos.
Las cifras son escalofriantes. Mientras en junio pasado apenas se contabilizaban 13 casos de miasis en humanos, la cifra ha explotado hasta alcanzar los 180 casos conocidos actuales, presentes principalmente en los estados del sureste. Lo más alarmante es la velocidad del contagio: tan sólo en la última semana se confirmaron 25 nuevos pacientes.
Como bien señala el infectólogo Alejandro Macías, estos casos representan un drama humano profundo. No se trata de una infección que se cure con una simple pastilla; la miasis humana es extremadamente dolorosa y suele requerir intervenciones quirúrgicas para extraer manualmente las larvas que se alimentan de la carne viva.
Además, Macías advierte una regla de oro en la epidemiología veterinaria: por cada caso detectado en un humano, existe quizás un centenar de animales infestados en el campo –tanto ganado en pie como mascotas y fauna silvestre–, lo que sugiere que la magnitud real del brote es incalculable.
¿Cómo llegamos aquí? Aunque factores climáticos y migratorios han jugado un papel, la raíz del desastre se encuentra en las decisiones políticas del sexenio de Andrés Manuel López Obrador. La soberbia ideológica y la rentabilidad electoral se impusieron sobre el rigor técnico. El desmantelamiento de las inspecciones sanitarias fue una advertencia ignorada.
En el libro Ni venganza ni perdón, de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez, se documenta la resistencia del entonces Presidente ante las súplicas del secretario de Agricultura, Víctor Villalobos. El mandatario insistía en que la sanidad animal era un “gastadero de dinero” innecesario y sostenía que las patologías eran “inventos” para cerrar mercados, mientras Villalobos advertía, con una precisión profética, que sin esos controles nos bloquearían la frontera con Estados Unidos. Al final, la visión del ahorro malentendido terminó costando una fortuna.
A esta negligencia presupuestaria se sumó una decisión geopolítica temeraria: abrir las fronteras al ganado centroamericano sin los protocolos de seguridad nacional necesarios. Bajo la narrativa de la integración regional y el control de precios, se relajaron los filtros que impedían el paso de parásitos desde zonas donde el gusano barrenador nunca fue erradicado. El resultado es el cierre de la frontera estadunidense, que ha desplomado las exportaciones de ganado en 80%, generando pérdidas que ya superan los mil 400 millones de dólares. Hay que sumar los sobrecostos operativos para los productores, quienes ahora deben gastar millones en vigilancia y tratamientos preventivos para evitar que sus hatos sean devorados vivos.
El camino de regreso a la seguridad sanitaria será tortuoso. Erradicar de nuevo al gusano barrenador, como se logró en 1991, implica una inversión masiva que el gobierno actual hereda como una hipoteca de sangre. Se requiere reactivar y ampliar la producción de moscas estériles y financiar centenares de vuelos para su dispersión por todo el territorio nacional. Es una logística de guerra contra un enemigo pequeño, pero inmensamente peligroso, que vuela y pone huevos en cualquier herida abierta.
México está pagando el precio de haber confundido la austeridad con la ceguera técnica. Hoy, la miasis no es sólo una enfermedad de la piel; es el síntoma de una política pública infectada que, por ahorrarse unos pesos en inspección, terminó entregando la salud y la economía del país a las moscas.