Ciro, un año

El atentado contra Ciro Gómez Leyva, colega y compañero de Grupo Imagen, representa un antes y después para el entorno en el que se realiza el trabajo periodístico en este país. Desde luego, el intento de asesinarlo, aquella noche del 15 de diciembre de 2022 –hoy ...

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

El atentado contra Ciro Gómez Leyva, colega y compañero de Grupo Imagen, representa un antes y después para el entorno en el que se realiza el trabajo periodístico en este país.

Desde luego, el intento de asesinarlo, aquella noche del 15 de diciembre de 2022 –hoy hace un año–, fue precedido de meses de deterioro de la situación de seguridad de los periodistas, marcados por una retahíla de agresiones, homicidios y desapariciones. Y no ha sido, por desgracia, el último hecho que tengamos que lamentar en este gremio.

Sin embargo, representó el clímax de la falta de garantías para ejercer la libertad de expresión. Si se puede matar a uno de los periodistas más reconocidos en México, ninguno de quienes nos dedicamos a este oficio estamos seguros. Cualquier reportero, editor, directivo, dueño, conductor o comentarista de los medios de comunicación está en peligro, porque su vida no vale tres cacahuates para los criminales que se han ido adueñando del país.

Basta tomar una foto, grabar un video o teclear un nombre para que se desate una furia que no conoce reparos ni teme a las consecuencias. Entre la sociedad y los delincuentes no hay barreras de protección. En el mejor de los casos, la autoridad se ha hecho a un lado; en el peor, está alineada con las mafias.

Quienes intentaron asesinar a Ciro fallaron, afortunadamente. Pero no fue por falta de recursos para llevar a cabo la operación criminal, sino porque el periodista iba en un auto blindado. De otro modo, hoy estaríamos recordando un año de su muerte.

Del resto de los mexicanos, ¿para qué hablamos? Quienes no están protegidos por la alta visibilidad de su trabajo, tienen menos esperanza aún. Diario participan en una ruleta rusa de forma involuntaria, aguardando a que alguien los convierta en estadística, meterlos en un costal que hasta ayer acumulaba casi 175 mil homicidios dolosos en lo que va del sexenio.

Ojalá la desazón hubiese terminado con las balas rebotando contra el cristal reforzado de la camioneta que conducía Ciro. Pero no: ahí apenas comenzó un largo peregrinar en busca de la justicia, por un camino plagado de políticos cínicos e indolentes. Su caso ha servido para mostrar qué tan mal equipadas están las fiscalías del país y qué poca voluntad tienen quienes están encargados de investigar los crímenes.

Hemos visto que los únicos casos penales que avanzan en México son aquellos de los que se ocupan insistentemente los medios. Cuando ni siquiera éstos avanzan con celeridad, torturando a las víctimas con parsimonia e ineficiencia, imagine usted lo que pasará con aquellos expedientes que no logran captar la atención de la opinión pública.

El atentado contra Ciro mostró de cuerpo entero las prioridades del Presidente. No hubo empatía ni condena. Hubo, en cambio, una especulación como las que teje con frecuencia: la insinuación de un complot para afectar a su gobierno. Dejó ver la altivez que le impide condolerse de la desgracia ajena y lo lleva a pensar que todo se trata de él. De él, que siempre termina siendo la única víctima.

Por eso no sorprende que cuando matan en Celaya a cinco estudiantes, el Presidente inventa (no hay otra palabra) que los jóvenes se toparon con la muerte por andar comprando droga en un “territorio perteneciente a otro grupo criminal”, y que además pasó porque sus padres no los amaban.

Tampoco sorprende que en vísperas del primer aniversario del ataque contra Ciro, la organización Reporteros Sin Fronteras califique a México como el lugar más peligroso para ejercer el periodismo entre las naciones que no están en guerra.

Mañana, si le preguntan por eso, el Presidente dirá que se trata de otra agresión contra su gobierno, patrocinada por los conservadores y los neoliberales, pero, para comprobar el señalamiento, basta ver las amplias zonas de silencio informativo que cubren la República.

Ante los hechos de hace un año, Ciro ha respondido con una enorme entereza personal. Ayer escribió en su cuenta de X: “La vida nos ha tratado mejor de lo que esperábamos y mucho mejor de lo que nos merecíamos. Un año. Gracias, vida”.

Tienes razón, Ciro: valorar lo que tenemos es la mejor manera, la única, de seguir adelante.

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