Aranceles: las nubes y la tormenta
El próximo lunes se cumplirán seis meses desde que el presidente estadunidense Donald Trump anunció por primera vez que impondría aranceles a México. Al día siguiente de su toma de posesión, en un acto realizado en la Oficina Oval de la Casa Blanca, Trump dio a ...
El próximo lunes se cumplirán seis meses desde que el presidente estadunidense Donald Trump anunció por primera vez que impondría aranceles a México.
Al día siguiente de su toma de posesión, en un acto realizado en la Oficina Oval de la Casa Blanca, Trump dio a conocer que su administración impondría aranceles de 25% a México, igual que a Canadá, a partir del 1 de febrero. Se trataba de un cambio extraordinario en la política comercial de América del Norte, que tres décadas atrás se había convertido en la zona de libre comercio más grande del mundo.
En su orden ejecutiva, también ordenó a las agencias gubernamentales analizar cómo el T-MEC, firmado por él durante su primer mandato, estaría afectando a trabajadores y empresas estadunidenses, y si su país debería permanecer en el acuerdo. Asimismo, pedía a las agencias evaluar si una política comercial más restrictiva podría frenar eficazmente el flujo de fentanilo y de migrantes indocumentados hacia EU.
Ha sido un semestre de enorme incertidumbre para la economía mexicana, con ires y venires en las decisiones de Trump. Esos cambios de humor fueron aupados, de un lado, por llamadas telefónicas con la presidenta Claudia Sheinbaum –van ocho hasta ahora– y por la reacción negativa de los mercados a sus medidas de carácter comercial; y de otro, por su compulsión de mantener el control de la agenda informativa, así como su deseo de mostrar a sus seguidores que está dispuesto a cumplir las promesas que hizo en campaña.
Esa inconsistencia le ha valido recibir el apodo de “TACO” (“Trump Always Chickens Out” o “Trump siempre se raja”), pero también ha significado una pesadilla para las autoridades aduanales de su país, a las que debe estar costando mucho trabajo entender qué aranceles aplicar, a qué productos y a partir de cuándo; y a México y a las empresas asentadas en este país o interesadas en invertir aquí, a tener que posponer decisiones hasta que no quede claro cómo quedará la política comercial estadunidense respecto de su vecino del sur.
El más reciente capítulo de esa serie se conoció la noche del viernes, cuando Trump envió una carta a Sheinbaum –semejante a otras que ha dirigido a los líderes de distintos países–, anunciado que Washington impondría, a partir del 1 de agosto, “un arancel de 30% a productos mexicanos exportados a Estados Unidos, por encima de aranceles sectoriales”. La medida supuestamente no se aplicaría a las exportaciones que cumplen con el T-MEC. Es difícil determinar qué tanto de la última comunicación debe entenderse literalmente y qué tanto está sujeta a negociaciones, cuando Trump hace un par de menciones a lo que califica como una falta de voluntad de México para hacer frente a los cárteles.
Desde el punto de vista comercial, un análisis de Banco BASE, publicado el fin de semana, da cuenta del caos creado por la volubilidad de Trump.
“A partir de los aranceles anunciados y las partidas arancelarias a las que se aplicarían, se estima que Estados Unidos debería estar cobrando un arancel efectivo promedio del 14.24% por importar desde México. No obstante, en la práctica las cifras reportadas muestran que el arancel cobrado ronda el 4.34% (promedio ponderado) de acuerdo con información hasta mayo, a pesar de que solamente el 47.16% de las importaciones de México cumplen con las reglas del T-MEC”.
Para Gabriela Siller, directora de análisis de esa institución, “es muy posible que el retraso en el cobro se esté dando por el caos de imponer aranceles, quitarlos y hacer exenciones. Aduanas de Estados Unidos se puede estar retrasando y por eso marca que el 83% de lo que Estados Unidos importa desde México está libre de arancel, pero eso no significa que seguirá así en el futuro. Entonces, entre más meses pasen, además de la incertidumbre, subirá también el arancel efectivo para México y obviamente esto se verá reflejado en los precios en Estados Unidos y en menores márgenes para las empresas exportadoras mexicanas”.
Lo que hemos visto son los nubarrones en el horizonte, no el impacto de lleno de la tormenta creada por Trump.
