El periscopio del canciller
En la ruta de la sucesión presidencial, navegan dos fragatas. Una lleva como nombre Luis Videgaray y la otra, Miguel Ángel Osorio. Lado a lado, surcan un mar lleno de peligros. Las tormentas ya han causado estragos en sus cascos, aunque no han logrado hundirlas. Sin ...

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
En la ruta de la sucesión presidencial, navegan dos fragatas. Una lleva como nombre Luis Videgaray y la otra, Miguel Ángel Osorio.
Lado a lado, surcan un mar lleno de peligros. Las tormentas ya han causado estragos en sus cascos, aunque no han logrado hundirlas.
Sin embargo, pocos han advertido que bajo la superficie del agua avanza, sigiloso, un submarino llamado José Antonio Meade. En las profundidades, poco se percibe el mar picado y no llegan los rayos.
El submarino tiene un periscopio por el que se asoma continuamente su capitán. Le permite saber dónde está y no perder el rumbo. A diferencia de las naves de arriba, el submarino marcha sin mayores contratiempos.
Tiene la ventaja de no haber sido alcanzado por los vientos huracanados de la inseguridad, el estancamiento económico y la corrupción. Aun así, su ruta no deja de tener peligros, entre ellos la tradición:
Hace más de un siglo que un secretario de Relaciones Exteriores no llega a ser Presidente.
Los últimos tres en dar ese paso fueron Pedro Lascuráin, Victoriano Huerta y Francisco S. Carvajal, en el convulso periodo de 1913-1914.
La Constitución de 1857, reformada en 1896, disponía entonces que, en caso de ausencia del Presidente, asumiera el Ejecutivo el titular de la cartera de Relaciones Exteriores.
Canciller del presidente Francisco I. Madero, Lascuráin asumió la Presidencia, luego del asesinato de éste y de su vicepresidente, José María Pino Suárez. Sin embargo, sólo lo hizo por 45 minutos, tiempo en el que nombró ministro de Relaciones Exteriores a Huerta y luego renunció al poder.
En los 17 meses de la dictadura de Huerta hubo nueve cancilleres. El último de ellos fue el campechano Francisco S. Carvajal, quien asumió el Ejecutivo cuando Huerta huyó del país. A Carvajal le tocó ser Presidente por 29 días. Durante ese lapso firmó los Tratados de Teoloyucan y entregó el poder a las fuerzas carrancistas.
La Constitución de 1917 cambió la figura del depositario temporal del Ejecutivo en caso de ausencia. Dejaría de ser el secretario de Relaciones Exteriores. Hoy es el secretario de Gobernación.
A partir de entonces, ningún Presidente de la República ha pasado antes por la Cancillería. Y no ha sido común que el titular del ramo sea considerado prospecto presidencial.
Sólo tres secretarios de Relaciones Exteriores han conseguido colocarse en la ruta de la sucesión: Aarón Sáenz, canciller de Plutarco Elías Calles; Ezequiel Padilla, que lo fue de Manuel Ávila Camacho, y Jorge Castañeda, de Vicente Fox. Los tres, de forma muy clara, buscaron llegar a la Presidencia, y fracasaron en el intento.
Sáenz y Padilla quisieron ser candidatos del partido oficial en 1929 y 1946, respectivamente, mientras que Castañeda intentó competir como candidato independiente en 2006, en un caso que llegó hasta la Corte Interamericana. Es probable que, si se le pregunta, Meade diga que no tiene entre sus metas ser Presidente o que no es tiempo de hablar de eso.
Sin embargo, sería absurdo descartar que su intensa, frenética actividad sea la base de la construcción de una candidatura presidencial. Meade ha sido uno de los cancilleres más movidos de la historia. Lleva 95 giras internacionales en las 134 semanas del actual gobierno.
Últimamente se le ha visto en actos públicos acompañado de sus compañeros de gabinete Luis Videgaray, Miguel Ángel Osorio y Rosario Robles.
Testigo de primera fila en los viajes internacionales del presidente Enrique Peña Nieto, parece tener una relación cómoda con su jefe. No ser militante del PRI ni de algún otro partido pudiera parecerle a algunos una desventaja, pero en tiempos en que la partidocracia sufre por desprestigio pudiera ser lo contrario.
Sobre el también exsecretario de Hacienda no pesan acusaciones de corrupción, y ante a la oposición ha logrado mantenerse libre de conflictos.
Junto con el panista Gustavo Madero, es el político que más usa la aplicación Periscope.
El sábado pasado, por cierto, sonó una alerta de Periscope en mi celular: el omnipresente canciller transmitía en vivo su presencia en la exhibición de Fórmula 1 en el Zócalo, a un costado de Palacio.