Tramas de diván I

Siempre podemos hacer algo más de lo que cualquier situación amerite, y eso no sólo nos empodera, sino que nos libera, nos responsabiliza...

                El impedimento a la acción promueve            la acción. Lo que se interpone
                en el camino se vuelve el camino
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           Marco Aurelio

Las tramas de diván son esas breves y no tan breves historias que asedian nuestra vida. Esas reflexiones debidas que no siempre son atendidas, esos “algo" que se han quedado encallados en lo más profundo de nuestro ser y que continúan generando un pálpito inusual, un recuerdo, una frase, una pérdida, una ausencia, un error… e incluso algún glorioso pasado que se insinúa tímido ya en el presente. Esos eslabones perdidos en nuestra historia que cuesta hilar tantas veces con la sabiduría convencional de la experiencia y que, sin su buena gestión, merman el pensamiento y las ideas.

Lo cierto es que no importa mucho quiénes hayan sido partícipes, voluntarios o involuntarios, de esos “algos”, de esos eslabones perdidos o de esos grilletes; tampoco importa mucho la retahíla de especialistas a los que elijamos consultar, si no existe de por medio un firme compromiso con uno mismo para salir de semejante atolladero, porque, pasado, no por ello es pasajero, y porque, silenciado, no por ello deja de escucharse.

Se lo digo porque nada ni nadie vendrá a resanar las huellas que hayan dejado a su paso en su vida, ni tampoco podemos delegar esa imperiosa necesidad a otros. Soy de la firme idea de que las cuestiones más importantes de uno mismo requieren que tengamos el poder y la autonomía para solucionarlas de manera personal, aun cuando sea necesaria la participación de algún docto en la materia. Se lo digo porque nada puede resultar más frustrante que perdernos en un abismo personal que, en las medianías de la lógica, a nadie importan lo suficiente. Siempre podemos hacer algo más de lo que cualquier situación amerite, y eso no sólo nos empodera, sino que nos libera, nos responsabiliza y nos permite respetar los procesos de nuestra propia vida.

Ya le he dicho, mi querido lector, que quien no cambia su narrativa, no cambia tampoco su pensamiento y, quien no cambia su pensamiento, no cambia ni su perspectiva ni su realidad. Las verdaderas transformaciones surgen únicamente de esa firme elección de dominar la mente, de ver los problemas como oportunidades de crecimiento y aprendizaje, y de aprovechar los momentos de calma para afianzar el paso.

Así, quizá lo primero que debemos asumir es que no existen verdades absolutas, que cada tiempo y época tienen su propia cosmovisión; que la realidad muta, que todo es transitorio, que somos el propio camino que andamos cada día y que posiblemente nuestro sentido en la vida nos sea revelado mucho antes de que lo hayamos descubierto; que somos incapaces de predecir lo que nos hará felices en un futuro y que casi siempre idealizamos el futuro deseado con base en un pasado cierto, que lo único que hace es recrearlo sin error, cuando lo que nos hará felices está en cada presente; que le tenemos miedo al miedo y que él sólo es la forma más noble de decirnos que estamos listos para algo mejor; que la evitación es la ceguera voluntaria a nuestra propia evolución; que las creencias se cambian ante las vivencias de nuevas experiencias; que el pasado no nos define jamás; que diagnóstico no es pronóstico; que podemos editar nuestra vida y que no podemos cambiar a los demás, únicamente a nosotros mismos…

Lo anterior sólo son algunos de esos puntos que se esconden en el subconsciente y generan una bruma compulsiva al momento de pensar y de actuar, en consecuencia, a favor de nosotros mismos y de nuestra vida. Estas son algunas tramas de diván que requieren tiempo, reflexión, cambio de narrativa, de pensamiento y de acción. Y vendrán más. Finalmente, partimos de admitir que no hay verdades absolutas, que la responsabilidad de estar bien depende únicamente de uno mismo, que no todo es tan grave y que lo importante es arriesgarse a dar el primer paso. Como siempre, usted elige.

¡Felices divanes, felices vidas!

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