Reflexiones. La vida virgen

Es cierto, como bien lo escuché, no podemos ofrecer una experiencia inolvidable a los demás ni a nosotros mismos sin mantener siempre un terreno virgen, una mente abierta y el distanciamiento necesario de lo preconcebido

Vivimos mientras nos renovamos.

                Henry F. Amiel

La vida tiene respuestas para todo tipo de preguntas, incluso aquellas que jamás nos planteamos, la vida inspira y, con los años, más, todo depende de la actitud que elijamos, de la permeabilidad y mimetización o no con la que decidamos vivir cada experiencia. Insisto en la importancia que tiene mantener nuestra mente abierta, salir de las cuadraturas y el dejar de utilizar nuestro cuerpo como una barrera impenetrable entre nuestro interior y lo que nos rodea. La piel puede resultar una fortaleza peligrosa cuando se la curte en exceso y pierde flexibilidad, uno elige también si lo permite o no, porque, con el tiempo, cualquier piel se vuelve dura y termina por agrietarse y romper, a menos que se tenga el cuidado necesario de lubricarla con cierta sabiduría.

Reír suele ser un ejercicio sabio para estos menesteres, como también lo es mantenerse atento a lo que los demás tienen que decirnos, siempre he tenido fama de hablar mucho, pero mi verdadera pasión es escuchar, sentir y, exactamente eso, mantener la permeabilidad y la mimetización con cada experiencia. Recientemente escuché que debemos mantenernos vírgenes ante la vida para no encasillarnos en lo conocido y perder la capacidad de seguir aprendiendo, porque es en ese terreno virgen donde logramos transgredir el encapsulamiento en el que solemos poner, sin mucho conocimiento y a manera práctica, a las personas y a la vida misma, y no, no somos todos iguales y no, tampoco nos mantenemos iguales a lo largo de nuestra vida ni la vida misma resulta operar de la misma manera. El coaching está en todas partes, como en esta frase de realidad aplastante.

Con el tiempo, usted, su pareja, sus amigos, sus hijos, sus padres o sus compañeros de trabajo son muchas personas, algunas mejores; otras, peores, sin embargo, lo importante es ir en ascendente, en ese ser mejor cada día y en ese tan trillado “mejor versión de uno mismo”. La sabiduría es elegir con qué de todas esas versiones de uno mismo y de la vida elegimos quedarnos y ahondar en sus profundidades.

Es cierto, como bien lo escuché, no podemos ofrecer una experiencia inolvidable a los demás ni a nosotros mismos sin mantener siempre un terreno virgen, una mente abierta y el distanciamiento necesario de lo preconcebido.

Por eso hoy le invito a mantener ese espacio virgen en sus experiencias, a dejar espacio en todo aquello que merezca esa oportunidad, habrá gente que decida aferrarse a la cuadratura, enorgullecerse del grosor de su piel que ha convertido en su armadura, pero habrá otros que no, que elijan aceitarla de vez en vez, flexibilizarse ante la vida y dejar ese espacio virgen para seguir aprendiendo de sí mismos y de los demás. La autenticidad es lo que tiene la reinvención constante, el tener la capacidad de maravillarnos, una y otra vez, de la misma gente o de los mismos espacios, porque cada uno vive desde un ángulo muy diferente la vida y ese ángulo le transforma y esa transformación es la que más inspira, la que saca una sonrisa del alma, la que produce nuevas preguntas y otorga nuevas respuestas.

La vida se vive mejor desde un lugar virgen, desde un espacio en el que podamos seguir diseñando, proyectando, visualizando y construyendo esas mejores versiones de nosotros mismos, de los demás y de la vida. Quizá la verdadera sabiduría no esté en saberlo todo, sino en nunca dejar de preguntarnos, en nunca dejar de ver la realidad desde otros enfoques, en aprovechar las cimas y los valles, en ser mucho más sensibles a nosotros mismos y nuestro entorno, a salirnos de lo estipulado, a dejar de cargar con los juicios y las creencias arraigadas, a dejar de minimizar lo que para el otro es importante o meritorio.

Créame, las peores arrugas no son las de la piel, son las grietas que se le hacen al alma, al pensamiento, las cuarteaduras que le ponemos a la sensibilidad, por esa insensata creencia de la madurez mal entendida, del paso del tiempo mal aceptado y del siempre lo mismo al que a tantos se incapacitan. Mejor viva cada día con esa posibilidad de no saber, le aseguro que podrá llevarse con regularidad algo nuevo, muy nuevo, y muy diferente. Como siempre, usted elige…

¡Felices reflexiones, felices vidas!

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