Reflexiones. El simplismo y la simplicidad

Son los resilientes los que salvan la mente y el corazón de las catástrofes

La originalidad consiste en volver al origen; así pues, original es aquello que vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones.

Antonio Gaudi i Cornet

Existe una sutil y delicada diferencia entre ser un impávido observador a la espera de que algo suceda, o ser un activista precursor haciendo que las cosas sucedan… entre no intentar nada nuevo o en crear la novedad. El simplismo y la simplicidad pueden sonar parecido, pero su esencia es muy distinta para quien elige vivir la vida de una u otra manera, sobre todo, de quien elige mantener una actitud de demanda o de oferta ante la vida.

El simplismo gusta a quienes desean las cosas fáciles para ellos, pero no necesariamente sencillas. El simplista es superficial y pasivo, espera a que las cosas sucedan para su beneficio sin mucha o ninguna reflexión, no suele fijarse en los detalles y mucho menos en lo importante, es bastante impulsivo y negligente, automático y costumbrista… ésta es la gente que vive por vivir. Buscan la comodidad y la tranquilidad, no les interesa mejorar y no importa que lo que haga detenga su crecimiento u obstaculice la vida de otros, son personas egocéntricas en las que reina la ignorancia sobre sí mismos y el otro. Esta actitud es común en los que suelen escaquearse de las responsabilidades, ésos con los que no cuentas, porque su único principio y valor son ellos mismos protegiendo, eso sí, su eterna zona de confort.

La simplicidad es otra cosa. Vivir de esta manera es vivir en la búsqueda de que algo sea fácil conservando su impacto y su esencia, éste es un proceso constructivo y una actitud ante la vida, por eso puede creerse que cae en el aparente facilismo, y perezas. El reto de la simplicidad es hacer sencillo lo que parece complejo, en hacer accesible lo aparentemente inalcanzable. La simplicidad es para los inteligentes, para aquellos que hacen un esfuerzo por comprender, por dar sentido a las experiencias y al mundo en general, porque sólo puede hacerse sencillo aquello que comprendemos, aquello que apreciamos en su profundidad y destacamos su práctica, son las personas que logran las explicaciones y las acciones intuitivas. Son precisos, breves, hacen lo que debe hacerse, ni más ni menos, sólo lo que es correcto hacerse, rescatando eso… la simplicidad.

Son sinceros, honestos, ingeniosos y solidarios. Son los resilientes los que salvan la mente y el corazón de las catástrofes, son los que no enjuician por su dificultad la circunstancia, sino que toman esa realidad y la procesan a fin de afrontar la situación y ganar un espacio de sabiduría en su vida, los que resisten a pesar del desasosiego, los que siguen siempre adelante… son los que reducen a su máxima expresión la complejidad para que otros también puedan superar la adversidad y cambiar el ángulo desde el cual miran su vida, son los que dan valor a lo que en realidad lo tiene, cuidan los detalles, los tienen siempre en perspectiva, preservan lo bueno, liman lo malo, desechan lo que sobra, lo irrelevante; rediseñan la vida, la suya y las de todos aquellos que lo necesitan. El interés es que su experiencia sirva a otros, no para agradar o captar seguidores o laudos, sino para atender y resolver lo que importa, lo simple no quiere decir que sea fácil, sino útil.

Por eso, hoy le invito a mejorar una vez más su actitud, porque de ella depende el aprovechamiento y la comprensión de su vida y de aquellos que le importan y le rodean. Recuerde que somos lo que dejamos en los demás, somos lo que hacemos sentir al otro y la claridad y el amor con el que nos dirigimos en la vida, de lo demás no quedará nada, sólo lo que hayamos sido capaces de trascender en el otro y lo que nuestra propia existencia haya inspirado en los demás. Disfrute intensamente de la vida, y haga esta reflexión de lo que realmente importa y hágalo simple, para que se quede ahí donde pueda multiplicarse. Como siempre, usted elige. ¡Felices reflexiones, felices vidas!

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