Perspectivas II. La muerte, la vida
Lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia por lo que la muerte nos hace pensar de la vida Charles de Gaulle Se dice comúnmente que la vida nos enseña, en lo personal no difiero de ello, sin embargo, considero que ...

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia
por lo que la muerte nos hace pensar de la vida
Charles de Gaulle
Se dice comúnmente que la vida nos enseña, en lo personal no difiero de ello, sin embargo, considero que el peligro de muerte nos enseña mucho más de la vida que la vida misma. La muerte cuando te brinda una esperanza de vencerla enseña mucho más que la vida… y sí, el riesgo de muerte cambia las perspectivas de forma radical, pensar en la muerte lo cambia a uno, porque genera muchas más preguntas, muchas más reflexiones, muchos más retos que la vida… el riesgo de muerte puede seguir ahí amenazante, silencioso, caprichoso, oscilando en el tiempo, con su ausencia o su presencia.
Nadie valora tanto la vida como en el momento en que puede perderla. Lo cierto es que quienes hayan tenido la experiencia de sentir que la vida se va y por alguna razón se queda, cambian y se transforman… Y cambian para siempre. La nueva perspectiva como una representación de la realidad personal se transforma; desde lo más sencillo, como el aire que se respira o el sol que se siente, las situaciones quizá sean similares, pero cambia su valor y su importancia. Se modifican las prioridades, los valores, los principios, las visiones, las perspectivas, los razonamientos, todo cambia…
Cambia porque es uno mismo quien se trasforma, créame, quienes regresan de una experiencia así se vuelven de otra manera, ya que ésa es quizá por mucho, la batalla más salvaje con la que un ser humano puede lidiar. Y no exactamente por el miedo que causa, sino por la responsabilidad que implica para uno mismo estar vivo y mantenerse con vida. Este último año hemos estado y seguimos estando en una especie de precipicio entre la muerte y la vida, y aunque aún existan ciertos reticentes, es innegable que nunca lo padecimos, lo sentimos y lo vivimos de forma tan inminente.
La transformación de las perspectivas es una especie de zarandeo, mental, espiritual, racional y emocional, es como un despertar, como una vida nueva que resurge de una muerte que no sabíamos que estábamos padeciendo, y puede ser real clínicamente o sólo una cuestión de dialéctica de un pensamiento mágico que nos permite renacer y replantearnos todo lo que éramos, porque estos cambios son realmente una transformación interna radical incesante imparable y por supuesto memorable que marca un antes y un después, es simplemente una transición que se vive y a partir de la cual ya nada podrá ser igual.
Muchos siguen imbuidos en un mundo superfluo, donde dominan las apariencias, las valentías absurdas, las vaguedades, donde la individualidad arremete contra todo… donde todo puede someterse a juicio de opinión, dónde las necedades apremian sobre la lógica del criterio, dónde las conversaciones sobre lo importante y bello de la vida han dejado de lado la reflexión y el interés… la vida… muchos la dan por hecho, como si su permanencia dependiera siempre del destino y nunca de uno mismo… y mientras se juega con ella a la ruleta rusa.
Por eso hoy le invito a asumir con responsabilidad estas transiciones en nuestra vida y en la vida de los demás. Es muy probable que resulte extraño para el entorno nuestras nuevas formas de pensar y sobre todo de sentir la vida y ésa quizá sea la mayor responsabilidad que tenemos… porque quienes lo hayan vivido, tienen el deber de comprender más y mejor a todos aquellos que no han vivido ese tipo de experiencias.
Créame, a nadie le deseo estar en esos límites tan duros y dolorosos, por eso mejor le recomiendo que efectivamente viva la vida como el milagro maravilloso que es, con el tiempo reducido que tiene, y con la amplitud de oportunidades que nos presenta diariamente para desarrollarnos, evolucionar, compartir, disfrutar y bendecir cada instante, una vez más le digo… cuídese sin dejar de respirar, porque siempre mientras pueda hacerlo habrá esperanza. Como siempre usted elige.
¡Felices vidas, felices transiciones!