Nuevas realidades IV. La autogestión

Combatirse a sí mismo es la guerra más difícil; vencerse a sí mismo es la victoria más bella.  

Friedrich von Logau

 

La autogestión nace de una idea política donde modelos sociales pudiesen tener la capacidad de gobernarse y organizarse sin dependencia de una jerarquía externa. De ahí, el concepto migró a la práctica en el campo de la psicología, el desarrollo humano, el coaching y el liderazgo, hoy incluso representa la piedra angular de las famosas power skills, con una emblemática declaración: quien no puede gestionarse a sí mismo, difícilmente podrá dirigir, sostener o influir en otros con madurez. 

Así, la autogestión es la capacidad de una persona para dirigir, organizar y regular su propia vida, conducta, emociones y recursos de manera consciente, responsable y orientada a objetivos. La autogestión trata, principalmente, de autoconocimiento, autorregulación personal, organización de uno mismo, la toma de decisiones, la responsabilidad propia y la manera en la que direccionamos nuestra vida alineada a nuestros principios y valores. Esto no es sólo disciplina, sino constancia dirigida de manera coherente y eficiente.

La autogestión no es un término que se relacione con la cuadratura y la rigidez, sino con la libertad. Una libertad muy bien entendida, asumida y vivida desde uno mismo. Una libertad a la que se aspira cada día con más ímpetu y profunda necesidad, porque nos permite desvincularnos de las dependencias y asumir el control personal de manera digna, respetuosa y responsable. Esto implica no sólo elegirnos a nosotros mismos, sino elegir quién queremos ser y cómo queremos vivir, pensar, sentir, actuar y responder ante las circunstancias. 

La autogestión es la manera más elevada de vivir y vivirse, porque implica observarse, analizarse y modificar nuestros patrones de pensamiento, y alinearlos a esos principios y valores elegidos que nos permitan alcanzar metas y objetivos de vida de manera coherente y plena. La autogestión es un privilegio y el mayor de los retos para quien se elige a sí mismo y se asume como único responsable de su vida y de lo que en ella sucede. La exigencia mayor de la autogestión es esto último: no importa cómo haya sido nuestra vida o lo que en ella haya ocurrido, ya nadie es responsable de salvar, sanar, responsabilizarse o responder por uno mismo más que uno… 

Imagine, mi querido lector, una vida donde elija remover a todos y todo aquello que pudiese impedirle mental y emocionalmente ser usted mismo, evolucionar y desenvolverse con absoluta seguridad, autonomía, independencia, estilo y personalidad propia y, lo más importante, sin sentirse culpable, vulnerable o incapaz de cumplir sus propias expectativas… Simplemente porque ha entendido que no tiene ni debe de cumplir otras, simplemente porque ha comprendido que no puede sanar o progresar esperando el reconocimiento de su poder, su valía o su respeto propio a través de alguien más; simplemente porque ha asumido que su vida y lo que ocurra en ella depende sólo de usted y que también ha elegido sostener ese ser, esa vida, esas expectativas propias, esos sueños y esos deseos en el entendido humano que puede y debe conducirse con la humildad y la fuerza necesaria para pedir ayuda, reconocer sus errores o resistir ante la dificultad si fuese necesario, porque lo será.

El camino de vuelta hacia uno mismo es de todos, el más apasionante y, a su vez, el más complejo. Porque es ese camino que uno elige después de haberse cuestionado su propia vida e identidad, después de haber elegido un nuevo paradigma para sí mismo: uno propio, libre e integrado. Después de haber entendido la propia esencia, después de haber retomado ese poder que cedió sobre su vida innecesariamente, después de haber perdido el miedo, después de haberse priorizado. Sí, mi querido lector, la vida es de uno y de uno depende su destino. La autogestión es esa libertad que exige presencia, amor, respeto, contención, cuidado y coherencia, y que, a cambio, ofrece claridad, calma, estabilidad y confianza frente al caos y la incertidumbre… ¡qué mejor libertad que ésa de elegirse a uno mismo frente a todo! Como siempre, usted elige. 

¡Felices realidades, felices vidas!