Nuevas realidades III. Sostener

El que se pone de puntillas no puede sostenerse derecho. Proverbio chino  

Sostener, lingüísticamente hablando, procede del latín sustinere y significa sujetar, mantener en pie, soportar y sostener desde abajo. La idea central es evitar la caída, dar soporte y mantener algo o a alguien estable. Como término más humanista adentrado en la psicología, el coaching y, en general, las relaciones humanas, empezó a utilizarse alrededor de los años 40 y 50 por Donald Winnicott, quien introduce el concepto de holding (sostén, sostenimiento y contención), su aporte clave para la psicología fue que una persona se desarrolla mejor si es suficientemente sostenida. 

Este concepto base ha ido evolucionando hasta hoy, donde su uso se ha multiplicado en los estudios y prácticas humanistas, debido a que describe a la perfección tres necesidades humanas profundas: primera, todos necesitamos sostén en algún momento de nuestras vidas; segunda, todos necesitamos aprender a sostenernos y, tercera, toda transformación real necesita estructura, presencia, contención y continuidad. 

Así, sostener no es una palabra que nombra algo meramente intelectual, sino profundamente humano. Significa dar soporte, estabilidad y continuidad a algo o a alguien sin dejar que se caiga o se desorganice. Significa mantener en pie con firmeza, presencia y conciencia, es estar, apoyar, dar estructura y permanecer. 

Y no se trata de sostener a alguien o algo solamente, sino, y principalmente, a uno mismo en sus elecciones. No es cargar de más, rescatar o volverse indispensable para otros, sino saber elegir sostener y hacerlo sin dejarnos caer, en el entendido de que lo primero que debemos aprender a sostener es a nosotros mismos en las decisiones que tomemos, en las emociones, los pensamientos, los sentimientos y los compromisos que elijamos asumir desde un lugar responsable y consciente. 

Sostener es más que una palabra de uso común y aplicable a todo —como se la está utilizando—. Sostener tiene también sus límites prácticos y humanos, por eso es tan importante que podamos diferenciar sus alcances. Porque no, no podemos sostenerlo todo ni a todos todo el tiempo, sostener es un término que tiene en sí mismo una caducidad, que depende de cada elección y, siempre, empezando por uno mismo en la responsabilidad adquirida y que realmente nos corresponda asumir. 

Una forma simple de verlo sería así: sostener es dar base; contener es calmar; acompañar es dar presencia; soportar es resistir. Ahora bien, lo sano del sostener radica en dar estructura, contención y acompañamiento; lo que suele volverse problemático y es señal de caducidad es el soportar, porque muchas veces implica aguantar algo que ya no puede tener cabida en nuestras vidas… personas, situaciones, emociones, pensamientos, acciones, hábitos e incluso decisiones. Por eso no, no todo se puede ni se debe sostener. 

Hay que tener muy claro su uso y su práctica, mi querido lector. Sostener da estructura, contener regula, acompañar humaniza y soportar habla de resistencia, pero no de desbordarnos en aquello que nos supera, afecta nuestra dignidad, respeto, calidad de nuestros pensamientos, sentimientos o emociones; y mucho menos aquellas acciones o situaciones propias o ajenas que desestabilicen nuestro sistema integral. 

La vida siempre tendrá tiempos a favor y otros que no lo son tanto, hay situaciones que nos ponen a prueba, que nos sacan de balance, que reestructuran nuestra vida al completo. Sí, todos hemos pasado o estamos pasando por momentos complicados, sin embargo, soportar es resistir, no aguantar. Y la resistencia significa ir más allá hasta cruzar ese trance, ese momento que puede ser doloroso y difícil, pero del que hemos de encontrar una salida y una continuidad para nuestra vida. Recuérdelo bien, se trate de sostener las elecciones y, si alguna de ellas necesita de apoyo y ayuda, no es fracasar en esa elección, sino encontrar de manera humana una forma de sostenerse también siendo sostenido. Como siempre, usted elige. 

¡Felices realidades, felices vidas!