Lo que alguna vez hemos disfrutado,
nunca lo perdemos.
Todo lo que hemos amado profundamente
se convierte en parte de nosotros mismos.
Helen Keller
Divertére es el origen etimológico de la palabra divertir, que significa: llevar por varios lados; distraer, apartar, desviar, alejar; entretener, recrear… Estas son épocas dónde el divertimento suele cobrar protagonismo… Y sí, la realidad es que todos necesitamos, no ahora, sino siempre, un espacio de recreación, de apartarnos, de desviar nuestra atención, de abrazar el humor, de bajar el ritmo, de conectar con lo propio, con lo ajeno… con lo de siempre, con otra mirada y desde otro lugar.
Divertirse puede ser tan breve, amplio o extenso como la risa o el silencio, cada uno sabrá elegir lo que mejor le haga sentir. Lo que sí puedo asegurarle es que cambiar el foco desde el cual nos habituamos a mirar la vida no sólo es bueno, sino sano e inteligente. El frenesí de lo cotidiano suele otorgar, para algunos, pocos espacios para esta noble labor, aunque, sorprendentemente, esos mismos son los que suelen distanciarse de la realidad con mayor facilidad. La diversión tiene mala fama para las mentes estrechas que priorizan la productividad y subestiman la necesidad cerebral del descanso… y divertirse forma parte de esas pausas, pausas que no son distanciamientos, sino acercamientos a una misma realidad propia desde otra perspectiva.
La diversión es un estado emocional que contribuye y mejora los estados de ánimo, la calidad de vida, la memoria, la creatividad, reduce el estrés y, contrario a lo que se piensa, nos vuelve mucho más productivos, sensibles y conscientes. Lo cierto es que, como cualquier estado emocional, se elige. La diversión no tiene recetas, es como el amor, la alegría, se siente o no se siente, se predispone uno a sí mismo o no lo hace, se decide o no lo hace nunca…
El cómo divertirse es otro tema que elegir. Lo que sí puedo adelantarle con certeza es que lo más saludable es que la elección no vaya hilada obligatoriamente al descontrol, al todo o nada; la diversión no tiene ni siquiera que llevar embellecedores o aditivos, gastos excesivos ni nada que amenace nuestra claridad, honor, buenas formas, el respeto por el prójimo, por uno mismo o elegancia. Tampoco necesita protocolos, exclusividad o participar del deseo de las mayorías, a la diversión entra uno y sale cuando quiera, como quiera, como mejor pueda o mejor le convenga, la finalidad es que ese momento que elijamos o que nos toque vivir nos aparte de lo cotidiano, nos permita sentir, elevar nuestros conocimientos, sumar experiencias, y sí, que nos permita analizar, valorar, apreciar.
La diversión no necesita grandes artificios, basta con detenernos, desviarnos un poco, alejarnos un momento y apreciar la vida, apreciar lo que tenemos, lo que somos, con quien estamos, lo que hacemos y el momento presente. Porque la apreciación tiene una enorme conexión con la desconexión del cotidiano, con mirar lo mismo desde otro lugar, tiempo y velocidad. Como las grandes obras, muchas veces la vida merece ser vista a cierta distancia para poder admirarla en su conjunto.
Por eso hoy le invito a divertirse, mi querido lector, pero no sólo por la tradición y fecha que nos ocupa, sino por la necesidad imperante que su vida y lo habitual merecen. Porque no se debe vivir a medias, a plazos, a la espera de pausas calendarizadas. Divertirse es detenerse, apreciar, alejarse, reencontrarse, compartirse, mimetizarse con algo, con alguien, con uno mismo y con todo. Es respirar profundo, reír a carcajadas, perderse en una idea, en un pensamiento, en un sentimiento, en un coincidir, en la escucha, en la palabra… en los ojos de siempre o en unos nuevos, en el mismo lugar o en otro. Lo importante es que nunca deje de sorprenderse por lo nuevo y desconocido o por lo que le parece de siempre y familiar, porque todo cambia, porque nada ni nadie se mantiene igual, ni usted ni los suyos ni los otros ni su vida ni las otras…
Elija mejor mirar la diversión como ese espacio de desconexión que le vincule desde otro lugar. Se sorprenderá de todo lo que puede descubrir, y se dará cuenta que poco hace falta para sentirse absorto sin perderse ni distanciarse de sí mismo, sino encontrando si cabe más en usted, de lo que pensó, creyó o sintió alguna vez. Como siempre, usted elige.
¡Felices noches, felices vidas!
