Noche de amor... I
Lo invito a preparar su objetivo y su actitud para lo que está por venir, me refiero a que elija este año de manera absolutamente libre su comportamiento, su línea de pensamiento y, con ello, el equilibrio de sus emociones.
El amor es lo único que crece cuando se reparte.
Antoine de Saint-Exupéry
En 1816, dos austriacos, un sacerdote de nombre Joseph Mohr y un maestro de escuela y organista, Franz Xaver Gruber, crearon el famoso villancico Noche de paz, noche de amor, el cual encerraba en su melodía el pasaje bíblico del nacimiento de Jesús y, con él, su mensaje universal. Dicho villancico fue declarado en 2011 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. De acuerdo con la tradición judeocristiana, la noche del 24 de diciembre se celebra la llamada Nochebuena, que simboliza el final de una mala noche, de un tiempo de oscuridad y el nacimiento de una era de esperanza, bondad y comprensión para la humanidad.
Ése es el verdadero mensaje universal que encierra tan señalada fecha, y que nos concierne en su origen, no únicamente a los practicantes, sino a todos y cada uno de los seres humanos. En palabras más contemporáneas, me gusta pensar que habla de nuevos comienzos, de nuevas posibilidades, de cierres, de aperturas, de reflexión, de agradecimiento, de balances… y, por supuesto, de la arraigada ilusión de que lo mejor siempre está por venir. Así, fanáticos, detractores y otros, más sensatos, que admiten mantener un statu quo por respeto a la tradición, asisten a la reunión anual sin una disposición reflexionada, analizada y libremente elegida, de ahí que muchos de esos eventos resulten más un paripé, que un cenáculo bien resuelto que le deje a uno esa paz y ese amor que de origen debería inspirar. Y es que los eventos navideños se siguen presentando año tras año, con nuevas presencias, con nuevas ausencias, sin recuerdos, con ellos… Unos con una historia, otros sin ella, es así, la Navidad es para todos los que ya pasamos de los 30 una extraña mezcla de tristeza y de alegría... Una noche oscura que ha de traer luz, una mala noche en la que renace la esperanza…
Qué poco hemos entendido tantas veces de esta noche, por cuantos recuerdos de un pasado mejor, una mala experiencia, una creencia arraigada, una predisposición, una idea, hasta de un miedo sin tanto fundamento, por las ausencias y por los cambios, hemos permitido que un mensaje tan simple y hermoso se desvirtúe y termine por hacernos sentir al final de la noche, simplemente agotados, ajenos, críticos, o simplemente, como decía Carlos Marx, con la satisfacción del deber cumplido, aunque fuese mínimamente. Reconozcámoslo, estas fechas son sensibles para todos, y la sensibilidad y ciertos factores coadyuvantes generan una impulsividad reaccionaria que desvirtúa su firme y bello propósito. Y después de tantos años, ¿por qué no hacer algo diferente para generar en todos un impacto positivo?
Por eso, hoy lo invito a preparar su objetivo y su actitud para lo que está por venir, me refiero a que elija este año de manera absolutamente libre su comportamiento, su línea de pensamiento y, con ello, el equilibrio de sus emociones. Porque la libertad no se trata de reaccionar de manera impulsiva ni de comportarnos como mejor nos plazca, sino que se trata de elegir esas reacciones y esos comportamientos que sean buenos para nosotros mismos y nuestro propósito en cada momento y en la vida.
Y para eso –insisto– necesita un objetivo positivo, enfocarse y portar consigo la actitud coherente que le acompañe. Piense cuáles desea que sean los resultados de esa o esas noches, cómo desea sentirse, qué cambios, límites y detonantes necesita llevar bien clarificados, qué pensamiento y emoción central va a llevar consigo, para que, en caso de que algo amenace su intención, pueda volver al punto de partida. Haga que esta vez se sienta diferente y haga sentir a los otros también diferente, minimice los impactos negativos, priorice en todo momento el mensaje universal y recuerde que es simplemente eso… una noche oscura en la que nace la luz, sea usted el que potencie la luz de cada uno, genere mejores recuerdos, historias, agradecimientos de vida por los ausentes y esperanza a los presentes, para que, finalmente, todos puedan llevarse consigo una noche de paz… de amor. Como siempre, usted elige. ¡Felices noches, felices vidas!
