Entre las luces I. Kilómetro cero

Nuestro km 0 es volver a casa, a nuestra propia vida.

 

 

Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos. 

Antoine de Saint-Exupéry

 

En su simplicidad, el kilómetro cero (km 0), representa un concepto complejo que abarca la historia, la geografía y la cultura de un lugar. Es un punto de referencia que conecta con el pasado, nos orienta en el presente y nos proyecta en el futuro. El kilómetro cero suele ser un referente simbólico, que nos recuerda en esencia que el viaje de la vida es un continuo movimiento, con un punto de partida y un destino por descubrir.

Ese significado simbólico va más allá de la simple referencia geográfica, representa el origen, el centro, la conexión… la historia. La parte quizá más bella de un kilómetro cero es ser el punto de referencia, el centro neurálgico, el punto de partida hacia nuevos destinos y experiencias, y lo mejor es que ese cero no es carencia ni necesidad ni vacío ni, mucho menos, incertidumbre o desconocimiento. No, ese cero es una totalidad de una historia existente y real que sustenta la pausa elegida de quien decide observar no una, sino todas las posibilidades. Nuestro kilómetro cero es volver a casa, a nuestra propia vida, a conquistarla y poseerla; a elegir sin miedo, sin máscaras, sin justificaciones. La vida de uno mismo es su único punto de partida, pero se le niega por excelencia… se busca fuera lo que está en uno mismo: aprobación, amor, ilusión, motivación, compañía, apoyo, compasión, contención… Se busca y se busca ser proveído por otros de herramientas tan básicas para la vida, de ahí que muchos se pierdan en las búsquedas, que dediquen su vida a interesarse más por la vida de los demás, a criticar, replicar o asumir esencias ajenas… En fin, a dejar de ser uno mismo, no por falta de referente, sino por falta de coraje y de valentía.

Qué enferma manía de pensar que lo de fuera es mejor que lo de dentro, que el jardín ajeno está mejor que el de uno… ¡Y cómo no va a estar! si dedican más tiempo a mirar lo ajeno que a trabajar en lo propio. Deje ya de mirar sobre las vallas a hurtadillas, enfóquese en su parcela y busque todas sus posibilidades.

Créame cuando le digo que el primer paso para acceder a la vida que deseamos vivir y a la persona que deseamos ser está ahí, en la vuelta a uno mismo, en su kilómetro cero, y le diré más, ese kilómetro existe realmente en la naturaleza propia de nuestro cuerpo.

Los seres humanos poseemos en nuestro cerebro una parte que se llama corteza prefrontal, que es la encargada básicamente de tomar decisiones y cuyo papel principal corresponde a la evolución cerebral, base de las funciones superiores o más complejas del cerebro humano. Esta región está encargada de la metacognición, es decir, de la capacidad de pensar nuestros propios pensamientos, valora la parte consciente e inconsciente de nuestros emprendimientos, la intención y la atención. Y lo más relevante, la corteza prefrontal anterior sopesa la valoración subjetiva con el desempeño objetivo que requiere la acción que vamos a llevar a cabo. Esto lo hace recibiendo las fibras nerviosas que proceden del corazón (aferentes), y en esa conexión cardio-neuronal nace la valoración subjetiva que es finalmente lo que da esencia y significado a todo aquello a lo que aspiramos. Ahora sí, el camino está hecho, su kilómetro cero es ése, porque esos impulsos subjetivos superan la valoración objetiva que su cerebro pueda hacer.

Sí, mi querido lector, sentir es la clave de las buenas decisiones, y para sentir hay que estar presente, atender esas inconsistencias que nos deterioran el pensamiento y enfocarnos en aquello que realmente importa para nosotros y nuestra vida, por eso el volver a casa, el comprender, ubicar y respetar nuestro kilómetro cero es tan importante y, a la vez, tan escaso, porque implica coraje y valentía.

Coraje para hacerlo desde el corazón sin cortapisas y valentía para perseverar en el camino aún, ante el temor y la zozobra de enfrentarnos a las sombras de nosotros mismos que hemos dejado agazapadas en la penumbra. Recuerde, el primer paso para partir es empezar, y su comienzo es ése, su km 0, su corazón, ése que contiene su historia, su esencia, su conexión, su geografía y todas sus infinitas posibilidades. Como siempre, usted elige.

¡Felices luces, felices vidas!