Los básicos VIII. El reconocimiento

El reconocimiento es el saldo final positivo que se logra a travésde la introspección. Ser reconocido es importante, sin embargo,lo es más que podamos apreciar y valorarnos a nosotros mismos.

                Quien es auténtico, asume la responsabilidad
                por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es
.

           Jean-Paul Sartre

El reconocimiento es una de las necesidades humanas básicas. El reconocimiento trae consigo un autoconocimiento, comprensión, aceptación, apreciación y, finalmente, una definición propia, de ahí su enorme importancia porque, para lograr llegar a este punto, hace falta haber transitado por nuestras virtudes, nuestras debilidades, por aquello que puede agradarnos más o menos de nosotros mismos, y por la laboriosa conjunción de todo ello en una concepción positiva, compasiva y proyectiva de uno mismo.

El reconocimiento es el saldo final positivo que se logra a través de la introspección. Ser reconocido es importante, sin embargo, lo es más que podamos apreciar y valorarnos a nosotros mismos. El reconocimiento personal se va gestando con el tiempo a través de las experiencias y de la objetividad sobre uno mismo, es el amarnos de manera incondicional, es la base de la que parte la autoestima, la seguridad personal, la capacidad estoica de seguir adelante, es esa chispa enigmática que nos impulsa a conseguir lo que deseamos, es la energía y la pasión en cada misión, es la fuerza que nos levanta ante el error o la pérdida… es, en pocas palabras, nuestro coach personal. Nuestro acompañante certero, nuestro motivador personal, nuestra palmadita en la espalda, nuestro aplauso silencioso, nuestro abrazo necesario. Quien es capaz de reconocerse a sí mismo tiene una de las mayores fortalezas personales y uno de los mayores blindajes frente a la vorágine del servilismo, la crítica y el avasallamiento.

El reconocimiento es una condición que nos hace humanos, es parte de la aceptación, la inclusión y el valor propio… Y no todos tienen la capacidad de reconocer al otro desde el amor, eso sólo lo hacen quienes han sabido valorarse a sí mismos y son capaces de ver ese valor en los demás. He visto casos, muchos… de personas que viven buscando ese reconocimiento, en tantos lugares y de tantas formas, y no, nadie logra encontrar lo que no ha sabido vivir y, peor aún, nadie tampoco puede dar al otro aquello que ni siquiera conoce. El reconocimiento es esa satisfacción que uno siente consigo, es ese hermoso viaje que podemos hacer a lo más recóndito de nuestro recuerdo, nuestra mente, nuestro corazón, es esa voz interna, educada, que nos dice míranos… ¡hasta dónde hemos llegado! Es la que nos dice que hemos pasado por esto antes, es la que nos abraza y reconforta, es también la que increpa un ¡hasta aquí! Un ¡basta ya!, es la que calma la mente, la que ríe en silencio con las anécdotas que sólo uno conoce, es la que sabe cada paso, cada subida, cada ida en picada… es la voz de la honestidad, la voz de nuestra historia, la más consciente que tenemos…

El reconocimiento por uno mismo, créame, se educa; somos nosotros quienes elegimos a ese coach interior y su forma de dirigirse hacia nosotros mismos, y sólo uno sabe lo que necesita.

Por eso, hoy le invito a poner especial atención a su propio reconocimiento y, por supuesto, al reconocimiento que damos a los demás, porque todos tenemos una vida, todos hemos experimentado buenos y malos momentos, absolutamente todos necesitamos sentirnos queridos, valorados, apreciados, reconocidos y admirados por quienes somos y por lo que hacemos… no hace falta mucho más que un agradecimiento sincero, una palabra de aliento, de respeto, de amor…

Nuestra existencia y nuestra valía merece compartirse y apreciarse, la de los demás, también; el reconocimiento es respeto también. Dejemos de poner la atención en lo que falta, dejemos de juzgar con tanta soberbia y severidad a uno mismo y al otro, valoremos lo que hay, lo real, lo que somos, lo que el otro es, seamos agradecidos, comprensivos, amables, sinceros… más básicos, menos rebuscados. Somos lo mejor que podemos ser en cada momento de nuestra vida, demos significado digno a nuestra existencia y a la de los demás, las diferencias enriquecen, la perfección no existe, la exigencia aburre y mata el amor, la complejidad aturde, la mentira abruma. Sólo por hoy, eduque esa voz cada día con cinco de sus virtudes, repítalas y agradézcalas, cambie si lo necesita y siga adelante. Créame, la vida se vive mejor del lado humano, sensible, auténtico y reconocido. Como siempre, usted elige. ¡Felices básicos, felices vidas!

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