Los básicos VII. La independencia
Nos necesitamos independientes racional, mental, física, emocional y económicamente para poder seguir adelante, elegir qué es realmente lo que queremos y cómo lo queremos y, sobre todo, en quién deseamos convertirnos.
Sé tu propio palacio o el mundo será tu prisión.
John Donne
Todos los seres humanos están compuestos por dos grandes rasgos, el primero es la superficie, eso que todos vemos, lo segundo es la profundidad, eso que pocos, muy pocos o quizá nadie, conozca. Lo que percibimos, casi siempre como un todo de los demás, es el primer rasgo, el segundo es mucho más difícil de esclarecer, depende de la coherencia, de los detonantes, de las circunstancias y de la vida. Solamente uno mismo conoce de sí esos dos rasgos y eso también depende de la independencia que cada uno sea capaz de generarse a sí mismo. Hay quienes eligen que su superficie muestre claramente su profundidad y hay quienes luchan porque nunca se intercepten. Los primeros son libres; los segundos, prisioneros.
La independencia es la capacidad de actuar, hacer y elegir sin intervención o tutela ajena. La independencia es la antesala de la libertad, la elección y la capacidad de asumir la responsabilidad y las consecuencias de nuestros actos. La independencia es lo contrario a la dependencia, a la inclinación por anteponer a otros sus pensamientos, opiniones, deseos y /o necesidades.
La independencia nos hace libres y nos construye, nos permite ser resilientes, sentirnos capaces de resolver nuestra propia vida, confiar en nosotros mismos, desarrollar nuestro instinto, pensar, discernir, calcular, ejecutar y, por supuesto, disfrutar de nosotros mismos. Y mucho más importante, saber cuidar de uno, de lo que nos hace bien, nos hace sentir plenos, felices y satisfechos.
Hablo de la independencia en todos sus ámbitos, que, si bien es importante y determinante saber compartir con los demás, primero hay que saber hacerlo con uno mismo; si nosotros no estamos bien y certeros de quiénes somos, de por qué hacemos lo que hacemos y del para qué lo hacemos, nada tiene sentido. Lo he dicho y lo subrayo, la vida no tiene un sentido en sí misma, el sentido se lo da uno, de acuerdo con la comprensión que cada uno tenga de sí mismo y de sus horizontes de conquista.
Nos necesitamos independientes racional, mental, física, emocional y económicamente para poder seguir adelante, para poder elegir qué es realmente lo que queremos y cómo lo queremos y, sobre todo, en quién deseamos convertirnos. Nada ni nadie puede tener más peso que uno sobre las decisiones de nuestra propia vida. Nada, ni siquiera esas fuerzas internas que nos incapacitan frente a nuestros propios planes y proyectos, como el carácter, el temperamento, la ira, la ambición o ese cúmulo de emociones que pueden llegar a afectar nuestro sano juicio y tomar decisiones equivocadas. Ya bastante tenemos con educarnos a nosotros mismos como, además, darles un lugar preponderante a las palabras, las opiniones, los juicios, las emociones o la aprobación de los otros… hay que dar importancia a lo que realmente tiene importancia y lo ajeno no puede ser más importante que lo personal, sencillamente porque cada cual tiene su vida y la vida de cada uno es su responsabilidad y su derecho de vivirla como le plazca.
Elijo la independencia como básico porque no creo que exista nada tan importante como todos aquellos elementos que nos doten de la libertad que necesitamos para vivir con naturalidad. Dice el Dr. Rojas: que la naturalidad es la aristocracia de la conducta y que puede ser mejor que vivir desde la espontaneidad, la sencillez, la honestidad y la valentía de ser nosotros mismos y de impregnar nuestro estilo personal en todo lo que hacemos.
Por eso hoy le invito a ser independiente, a educarse a sí mismo para amarse, respetarse, confiar en usted, cambiar y transformar aquello que no acompañe u obstaculice sus metas y proyectos o aquello que lo aleje de su mejor versión o de la mejor idea de sí mismo. Créame, usted tiene todas las respuestas que necesita, nadie le conoce mejor. Confíe en usted, en sus sueños y deseos, en sus capacidades, priorícese y cerciórese de que su mente y sus emociones comprendan que es usted quien las dirige, respire hondo, céntrese y continúe, sólo desde su mejor lugar puede construirse a usted y a todos y todo lo que le rodea. Usted es su mayor y mejor proyecto. Como siempre, usted elige.
¡Felices básicos, felices vidas!
