Los básicos IX. Abrazar la incertidumbre
Abrazar la incertidumbre implica perder el miedo o seguir adelante a pesar de él
Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad
de incertidumbres que es capaz de soportar.
Immanuel Kant
A ritmo de salsa, el cantautor nicaragüense Luis Enrique nos muestra uno de los mejores básicos para la vida… Yo no sé mañana, y sí, a ese compás deberíamos de enfrentar el desconocimiento al que debidamente la vida nos somete. Porque, imagine saberlo todo, tener todo escrito sobre el horizonte de su vida, siendo esclavos del porvenir sin injerencia, sin libertad. Al final, la incertidumbre, la ruleta del desconocimiento, no resulta tan mala como se le teme. La incertidumbre es la falta de certeza, es decir, de conocimiento seguro y claro de algo; es carecer de la firme adhesión de la mente a algo conocible, sin temor a errar. Y créame, en la vida hay que errar y no porque se quiera, sino muchas veces simplemente porque ése es el principio de todo lo que nos permite conocer nuestra propia valía. Sólo una adecuada gestión de la incertidumbre puede marcar la diferencia entre la serenidad y la angustia, entre el estoicismo y la frustración, entre una vida a medias o una plena. Querer controlarlo todo es una de las batallas más absurdas… es una beligerancia innecesaria y perdida.
A la incertidumbre se le tiene que querer y que saber llevar de la mejor manera posible, hay que hacerla nuestra aliada, y no se trata que dejemos todo en sus manos, sino agotar todos los recursos, todas las instancias, habilidades y capacidades que tengamos para lograr nuestras metas y objetivos de forma óptima, pero sin dejar de considerar que siempre habrá algo que escape a nuestra previsión, a veces incluso a la lógica y a la razón. Hay que aprender a vivir en un mundo incierto y aprovechar mejor nuestro presente y relativizar –aún mejor si cabe– nuestro futuro.
Lo primero es redirigir nuestras emociones dejando a un lado el miedo, ésa es la primera emoción frente a lo desconocido, que siempre podemos redirigir hacia la reflexión y la acción; como siempre le digo de las tormentas, primero debemos salvarnos. Hay que cambiar el punto de vista desde el cual estamos viviendo la situación, tomar distancia para ver la imagen completa de forma objetiva. Lo segundo es aceptar las tres verdades aplastantes de la vida: la primera es comprender que sólo podemos hacer todo lo que de nosotros dependa, para lo demás, es mejor aceptarlo desde una óptica de oportunidad positiva y creativa. La segunda es que el cambio es inevitable, y para ello se necesita desarrollar la adaptación de manera honesta, sencilla y enfocada. No podemos prever todo lo que ocurra en el futuro, lo que sí podemos es aprovechar el presente y conocernos más y mejor… porque lo único que nos acompañará siempre somos nosotros mismos, ésa es la tercera verdad aplastante, sólo nos tenemos a nosotros, de ahí que la primera prioridad sea mantener ese saber estar en uno, con uno, y ser esa fuente de apoyo incondicional.
Abrazar la incertidumbre implica perder el miedo o bien seguir adelante a pesar de él, implica saber que nos tenemos a nosotros mimos y que cuanto más conocimiento tengamos en esa materia mejor capacidad de adaptación y flexibilidad a las circunstancias podremos tener, deje de planearlo todo… no se pierda su presente, que es su única certeza, aprovéchelo mejor, porque puede ser que incluso decida cambiar de opinión y virar el rumbo de sus decisiones. Lo tercero, ante la incertidumbre hay que ser paciente, dejar que las cosas comiencen a acomodarse… no tome decisiones permanentes ante situaciones pasajeras. Cuarto y último, evite la sobreexposición, no necesita más información ni más dudas, necesita volver a su centro, mantener la calma y seguir adelante.
Confíe en usted, haga lo que deba hacer, mantenga la mente abierta, procúrese en todo momento, disfrute de su presente y recuerde: al final, no hay nada escrito. Como siempre, usted elige. ¡Felices básicos, felices vidas!
