Los básicos IV. La voluntad
Querer, desear, anhelar… no son nada si no existe un plan capaz de hacer realidad eso a lo que aspiramos, lo importante es que seamos capaces elegir de manera inteligente, realista y sensata que eso que ansiamos nos hace bien.
Si hay algo en nosotros verdaderamente divino, es la voluntad. Por ella afirmamos la personalidad, templamos el carácter, desafiamos la adversidad, reconstruimos el cerebro y nos superamos diariamente.
Santiago Ramón y Cajal
Ser lo mejor que podamos llegar a ser no depende de nuestros talentos ni tampoco de una inteligencia o de habilidades extraordinarias, ni de carisma o don de gentes, a veces incluso ni de capital. Ser lo mejor que podamos llegar a ser depende de nuestra determinación, depende de la voluntad. La voluntad es la capacidad de posponer la recompensa y la gratificación instantánea por un beneficio mayor a largo plazo. La voluntad se educa y se trabaja a través de metas y objetivos concretos en los que estemos dispuestos a focalizar nuestra atención y alcanzarlos gradualmente.
La voluntad parte únicamente de una elección, de una decisión sólida que tenga la capacidad de motivarnos lo suficiente para mantener el autocontrol, ése que tenga el poder en cualquier circunstancia de canalizar correctamente los esfuerzos, la disciplina, la perseverancia y el orden y, sobre todo, ese autocontrol que nos mantenga firmes en aquello que nos haga bien.
Querer, desear, anhelar… no son nada si no existe un plan capaz de hacer realidad eso a lo que aspiramos, lo importante es que seamos capaces elegir de manera inteligente, realista y sensata que eso que ansiamos nos hace bien y permite desarrollar nuestro mayor potencial. Importa entonces, al mismo nivel, tanto el qué, el cómo y el para qué. Uno se convierte en eso que elige hacer con su vida todos los días, en lo que elige pensar, sentir, decirse; en cómo se trata y trata a los demás, en la capacidad, el amor y el esfuerzo que imprima o no en sus labores diarias, de lo que se alimenta, en cómo elige enfrentar las dificultades. Usted se convierte en lo que elige ver, percibir y conocer y en cómo elige celebrar cada día… Cada uno se convierte en aquello que prioriza porque es ahí en lo que enfoca su voluntad. De ahí mi insistencia en que elija no sólo lo que desea o quiere o anhela, sino lo que, además, le haga bien. Créame, no existe tal cosa como la falta de voluntad, existe determinación en la voluntad o no existe voluntad, el resto es una actuación instintiva del cerebro más primitivo. Es importante que comprendamos, en primer lugar, cuáles son esas áreas que nos impiden continuar con una voluntad férrea frente a las metas y los objetivos planteados, de ahí, una vez más, la importancia de conocernos y trabajar en esos espacios que nos debilitan. La voluntad requiere de nuevos hábitos, de permitirnos nuevas y mejores oportunidades, es cierto que contemplar la voluntad en todo su esplendor requiere de ciertas renuncias, pero nada comparado con tener que renunciar a nuestra propia felicidad por el único motivo de habernos incapacitado a nosotros mismos en la materia. Por eso hoy le invito a escribir aquello que desea y a diseñar un plan para lograrlo, empezando por aquello con lo que cuenta y aquello que debe desarrollar en usted para lograrlo. La voluntad requiere de un orden, de un plan de vuelo, de objetivos a corto, mediano y largo plazos y, por supuesto, de las gratificaciones y celebraciones necesarias que le permitan continuar con la motivación y el empeño que todo buen plan necesita.
Recuerde que la voluntad sólo sigue aquello que cada corazón marca, asegúrese de ser usted quien elija su meta y el único responsable; deje de esperar el momento indicado, empiece y siga adelante; sea disciplinado en sus cambios; persista y contemple un plan alterno, y nunca olvide que un fallo no es una derrota sino una nueva oportunidad de hacer algo mejor. La vida se trata de eso… de probarnos a nosotros mismos y de disfrutar de todo lo que somos capaces de ser y de crear, la voluntad es indispensable para mantenernos vivos, para trascender, para experimentar y para acceder a esos espacios de absoluta plenitud personal. Como siempre, usted elige. ¡Felices básicos, felices vidas!
