Lo selectivo III. Las personas

Hoy le invito a elegir a esas personas que le hacen bien y le exigen con su amor a hacerse bien a sí mismo, porque de ellas depende que usted y ellas tengan una vida mejor y sean mucho más felices

Gente, mucha; personas, pocas.

Diógenes de Sinope

Toda la gente merece respeto absoluto y buen trato. Toda la gente es valiosa. Toda la gente tiene algo que aportarnos. Sin embargo, no toda la gente merece nuestra atención, dedicación, entrega, confianza, lealtad y amor, ni siquiera toda la gente merece nuestras palabras sinceras ni tampoco pertenecer al círculo más concéntrico de nuestra vida. Para esto último tenemos a las personas, a individuos bien definidos, extraídos de la gente. Personas que han estado ahí en las circunstancias importantes de nuestra vida y que se han destacado por la habilidad absoluta de hacer de nuestra vida una vida mejor, mucho más feliz y, sobre todo, mucho más significativa.

Éstas son las personas que elegimos y nos eligen entre un infinito llamado gente, éstas son las personas que nos hacen bien, las que aportan valor —e, insisto—, significado a nuestra vida; son ellas las que nos permiten enfocarnos y concentrarnos en lo que realmente importa, son las que nos enseñan la disciplina, la determinación, el orden, la capacidad de decisión, la risa, el amor y la pasión profunda; ésas que saben reconfortarnos, contenernos, apoyarnos, con las que cuentas en las buenas y en las no tan buenas y hasta en las mejores y peores; ésas que, con una mirada, lo dicen todo, que los abrazos y su compañía no tienen precio; ésas que extrañas a rabiar, aunque las distancias no resten nada… ésas que no quieres, sino que amas… ésas que tienen el don de las verdades lapidarias; ésas tan diferentes a uno, pero tan iguales en lo esencial.

Es exactamente eso, lo esencial, lo que hace que esas personas sean las que seleccionamos y nos seleccionan en nuestra vida. Y no, no todos y no siempre… Hay que saber seleccionar a esas personas por lo que nos aporten y por aquello que nosotros también estemos dispuestos a aportar, por lo que nos hacen sentir y ser. Lo primero, sin lugar a dudas, es saber lo que queremos para nosotros mismos y lo que nos hace bien. A las personas de nuestra vida debemos seleccionarlas con base en nuestros principios y valores, en equilibrio con nuestro pasado y, sobre todo, en miras en nuestro presente y nuestro futuro. Se trata de ser mejores y, para ello, debemos coincidir con aquellas personas que nos permitan acceder a lo mejor de nosotros mismos y multiplicarlo, ésas que nos enseñen también a superar ciertos abismos, nos fortalezcan ante las dificultades y nos inspiren valentía ante la adversidad; ésas que nos ayuden a encontrar en nuestras áreas de oportunidad la posibilidad de ser mejores. En fin, ésas que usted y yo sabemos que nos dan paz, calma, felicidad, orgullo y satisfacción de tenerlas y que, a la vez, nos impulsan y motivan a procurar para ellos esos mismos sentimientos.

Por eso, hoy le invito a elegir a esas personas que le hacen bien y le exigen con su amor a hacerse bien a sí mismo, porque de ellas depende que usted y ellas tengan una vida mejor y sean mucho más felices.

Créame, podemos coincidir con mucha gente y no siempre y no toda estará ahí, sea tolerante con las elecciones de cada quien, porque la gente cambia, se transforma, evoluciona e involuciona y elige de acuerdo con esos cambios. Mantenga la calma, reduzca sus instintos de intrusión y sea respetuoso. Recuerde que las personas de su vida son como los amores de su vida, las buenas se quedan por siempre, sea cual sea el destino que elijan tomar, lo importante es en quién nos convierten, cómo nos transforman, cómo nos enseñan sobre nosotros mismos y, sobre todo, cómo construyen el amor que nos tenemos a nosotros mismos y el que podemos dar.

Sea selectivo ante aquellas que merecen de usted lo mejor de sí mismo, de su razón, de su pensamiento, de sus emociones y sus sentimientos, dé a ellas ese espacio de libertad, de originalidad, marque la diferencia en sus vidas y sea agradecido siempre, porque, al final del día, somos reflejo de todas aquellas personas de las que elegimos compartir y rodearnos. Como siempre, usted elige.

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