Lo selectivo II. Pensamiento y acción
Recuerde que lo mejor de su vida es hacerla suya y eso significa darle un sentido coherente consigo mismo, con sus virtudes, con lo mejor de usted para explotar no sólo su máximo potencial, sino para compartirlo con los demás.
Debemos obrar como hombres de pensamiento; debemos pensar como hombres de acción.
Henri Bergson
La dispersión es una de las fatalidades que vive la sociedad actual. La dispersión es dividir el esfuerzo, la atención o la actividad, aplicándolos desordenadamente en múltiples direcciones. Es la necesidad incesante de querer estar en todo haciendo de todo: instalados en la inmediatez, en la eficiencia ineficiente, usando la tecnología no como apoyo, sino como distractor, implementando la habilidad multitarea… En fin, existiendo en un presente, resentidos de un pasado e idealizando un futuro. Y todo por no ser selectivo, todo por querer seguir un ritmo autoimpuesto de éxito y productividad fallido que merma la calidad de vida, el sentido de bienestar y, peor aún, el sentido común y humano. El escapismo de uno mismo se impone y, cuando pretenden encontrar un equilibrio, inclinan la balanza a la voluntad del libre egocentrismo.
Mi primera aportación sería parar, mi segunda aportación, reflexionar, y mi tercera aportación, enfocarse. Se necesita entender que lo importante no es empezar una infinidad de proyectos, sino terminarlos bien. Ser selectivo implica elegir adecuadamente lo que nos hace bien, es decir, aquello que genera un mejor y mayor impacto en nuestra vida, es elegir aquello que tiene mayores posibilidades de convertirse en una realidad. El pensamiento claro es determinante en esta elección y, para ello, insisto, se necesita saber quién es uno, sus capacidades, habilidades y destrezas, y alinearlas con nuestros objetivos. La disciplina vale más que la inteligencia en muchas ocasiones.
Conseguir resultados importantes en nuestra vida requiere de un buen pensamiento y acciones enfocadas, conductas visibles, congruentes, que abarquen nuestra vida de manera integral, somos lo que pensamos y lo que hacemos, no se puede pensar una cosa y hacer otra esperando óptimos resultados, sólo los resultados medibles y concretos contribuyen de forma valiosa a nuestra vida. El logro no es la actividad, por más que haga, si eso que hace no tiene una razón, un fin, un enfoque claro, una disciplina y una perseverancia, no tiene sentido más allá del agotamiento y la frustración que todo ello inspira.
Se necesita poner atención en lo que estamos haciendo y dedicarle un tiempo de calidad para obtener buenos resultados. Ser selectivo es superar la indecisión que nace de no establecer adecuadamente las prioridades. Somos seres con una capacidad ilimitada para el aprendizaje y desarrollo de habilidades y hábitos, es importante que sepamos elegir, de las buenas que tenemos o de aquellas que necesitamos, las mejores a desarrollar.
Ser selectivo en pensamiento y acción es elegir la línea de razonamiento, de sensibilidad y actividad correcta para nuestra vida y eso únicamente se logra educando el pensamiento y encaminando nuestras acciones a un fin concreto que nos haga bien. No se puede divagar y, si se hace, hay que parar, enfrentar lo que sea que se tenga delante y seguir. La vida que queremos requiere del valor que seamos capaces de imponer ante la adversidad, la evasión se traduce en distracción y la distracción en la pérdida de sentido y la perdida de sentido en la vida es igual a vivir sin sentir que estamos vivos. Y ésa es la cadena de despropósitos más absurda que se sigue, teniendo la libertad absoluta en nuestro ser de proceder de manera distinta.
Recuerde que lo mejor de su vida es hacerla suya y eso significa darle un sentido coherente consigo mismo, con sus virtudes, con lo mejor de usted para explotar no sólo su máximo potencial, sino para compartirlo con los demás y dejar en ellos también un poquito de su vida, eso se llama trascender.
Por eso hoy le invito a parar, a reflexionar y a enfocarse en lo que a usted le hace bien, empezando por su mayor prioridad: usted, su pensamiento y sus acciones diarias. Le aseguro que, si tiene el pensamiento trabajando a favor de su vida, impedirá que se le ponga en contra y que sus acciones también lo hagan. Es su vida y merece lo mejor que sólo usted puede proveerle. Como siempre, usted elige. ¡Felices selecciones, felices vidas!
