Lo selectivo I. El ser
Merecer lo mejor no es algo que uno pida al universo y le llegue como brisa mágica, merecer lo mejor –me disculparán los más místicos– es elegir ser mejor para uno mismo y los demás.
Memoria selectiva para recordar lo bueno,
prudencia lógica para no arruinar el presente
y optimismo desafiante para encarar el futuro.
Isabel Allende
Lo selectivo es aquello que implica una selección, esto es la acción y efecto de elegir a una o varias personas o cosas entre otras, separándolas de ellas y prefiriéndolas. Ser selectivo es elegir, pero no es cualquier elegir, cuando se trata del ser, ser selectivo es elegir aquello que es mejor para uno, aquello que nos hace bien o que dentro de nuestro conocimiento perceptivo, racional o sensible nos implica un beneficio, una utilidad.
El ser selectivo no es ir por la vida mirando de reojo, no es tampoco ser un pagado de sí mismo ni mucho menos, no es el embriagado de soberbia o el petulante de turno… no, ser selectivo, por el contrario, es aquel que, abierto al conocimiento sin juicios ni desméritos, elige lo que considera mejor para sí mismo. Comienzo con el ser, porque ésa es y debe de ser la primera elección que hagamos para el bien de nuestra vida: elegirnos a nosotros mismos. Y aunque parezca algo tan simple, no lo es, porque se trata de seleccionar lo mejor de usted y, de suyo, el conocimiento profundo y objetivo de uno mismo no es fácil, mucho menos hacerlo desde la honestidad y sensibilidad que merece nuestra historia. Pues bien, de todo lo que usted es ha de seleccionar lo mejor y lo que tenga mayor potencial para usted e incluso aquello que sabe que requiere y que por alguna razón ha insistido en dejar siempre de lado.
Merecer lo mejor no es algo que uno pida al universo y le llegue como brisa mágica, merecer lo mejor –me disculparán los más místicos– es elegir ser mejor para uno mismo y los demás. El merecimiento es el sentimiento de valía y dignidad personal con independencia de los logros, fallos o cualidades de cada uno; el merecimiento es la alegría, la aceptación, el respeto y el amor propio. El merecimiento es eso: elegirnos diariamente y trabajar enfocados, disciplinados y motivados en nuestra evolución. Sólo quien se elige a sí mismo y conoce la labor de mejorarse diariamente, puede comprender también de forma empática el valor y la importancia de cada uno, así como el derecho que tienen los demás de elegir lo que mejor conviene a sus vidas. Cada cual elige sus batallas, cada cual elige también qué le hace feliz y dónde y con quién se siente mejor, y todas esas elecciones debemos respetarlas, como exigimos también ese respeto. Nadie es experto en la vida de nadie, cada cual es experto únicamente en la suya; de ahí que sea tan necesario el saber elegir y elegirnos.
El ser selectivo implica que tengamos la valentía de elegir no siempre lo que queremos, sino lo que nos hace bien, lo que conviene a nuestro plan de vida, nuestras metas personales, aquello que refuerce nuestros valores y principios. La selectividad abarca todos los ámbitos de nuestra vida… lo abarca todo. Por eso, hoy lo invito a enfocarse en lo que le hace bien y a trabajar disciplinadamente en ello, porque no se trata de una elección meramente enfocada al deseo, sino a la evolución y transformación de uno mismo en lo mejor que pueda llegar a ser, a sentirse y a vivir plenamente en armonía con quien se es. Ésa es la mejor y mayor de las motivaciones, vivir una vida que tenga un sentido propio y un significado. Créame, esto de ser selectivo va más allá de las altanerías, las modas, las vibras, o las toxicidades, esto nada tiene que ver con la vanidad superflua que algunos insisten en manifestar… no, esto tiene que ver con la dignidad, el respeto, el agradecimiento, la aceptación y el amor. Seamos selectivos desde la claridad y el conocimiento propio, desde la humildad, la sensibilidad y la mejora. Le aseguro que ésa es la vida que todos merecemos seleccionar. Como siempre, usted elige.
¡Felices selecciones, felices vidas!
