Lo importante VI. Los estándares
Determinar nuestros propios estándares nos resignifica. Los estándares se convierten en hábitos y los hábitos en resultados. Uno se parece a aquellos con los que más convive...
Toda noble empresa parece al principio imposible.
Thomas Carlyle
El autoconocimiento, la autorresponsabilidad, el autocontrol y la seguridad personal son fundamentales para ejercer un buen juicio, es decir, para elegir lo que es importante en nuestra vida y, en consecuencia, encaminar nuestras acciones con éxito. Lograrlas todas o cualquiera de ellas requiere una disciplina férrea, de esfuerzo permanente, de coherencia, de fuerza mental, de renuncias asumidas, de abandonos necesarios, de cambios de rutinas, de compañías, de estados mentales y anímicos… en fin, requiere una severa e impoluta labor que, como siempre le digo, ha de transformarle.
La verdadera transformación no es para todos, sólo para aquellos valientes que han pasado por esas fases a golpe de sincerarse consigo mismos, para los que se han arriesgado a ser y vivir diferente, y han sabido evaluar las pérdidas a favor de las ganancias y sólo por eso… únicamente por eso, son meritorios de otros estándares de calidad, porque se los han sabido ganar con empeño, haciendo lo que los demás no hacen y, sobre todo, por haberse desprendido de quienes fueron para ser alguien mejor. Nada de lo acontecido para ellos ha sido un baladí ni producto del destino ni mucho menos de la suerte, ha sido el resultado de una suma infinita de elecciones a favor de la idea, alguna vez deseada, de uno mismo hecha realidad, una realidad que, a partir de aquí, no puede menos que seguir adelante, siempre a más y mejor.
Así, una de las máximas relevancias para quien se ha transformado sea abandonar por completo la idea de acoplarse a estándares que rocen las medianías o que se acerquen a lo que alguna vez fue. No, los estándares se elevan al nivel que uno va ascendiendo en su propia conquista. Y la razón no es sólo meritoria, sino materia de dignidad.
Uno se dignifica a sí mismo en su crecimiento cuando aspira a más y deja de ajustarse a lo conocido. Los estándares se definen comúnmente como normas y especificaciones técnicas que establecen criterios para la calidad, la seguridad o el rendimiento. Su significado radica en su capacidad para garantizar la excelencia y la uniformidad. Elevar los estándares en uno mismo y en su vida es absolutamente necesario para seguir avanzando, nada tiene que ver con la soberbia… con soberbia sólo lo hacen aquellos que aspiran a elevar sus estándares a cuestas de otros sin haber hecho más trabajo que el de enmascarar con liviandad sus macabras intenciones.
Determinar nuestros propios estándares nos resignifica. Los estándares se convierten en hábitos y los hábitos en resultados. Uno se parece a aquellos con los que más convive, todo nos influye tan sutilmente que es casi imperceptible, las compañías, sus conductas, sus pensamientos, creencias, sentimientos, su grado de humanidad… todo termina por gravitar en nuestro propio sistema, de tal manera que es mejor que esas elecciones sean bien cuidadas. Lo que elegimos mirar, leer, escuchar, en qué ocupamos los momentos de ocio, el cuidado que nos procuramos a nosotros mismos… todo merece un estándar superior cuando uno se exige a sí mismo ser mejor y tomar mejores decisiones.
Para avanzar en la vida, para superarnos a nosotros mismos, hay que preguntarse siempre si eso que estamos haciendo es lo mejor que podemos hacer y más, si esa labor es de suma importancia, hay que comprometerse con la excelencia de nuestras elecciones y con uno mismo. Por eso no, no vale cualquier cosa ni cualquier persona ni cualquier cualquier o cualquiera. Para ello, dos factores imprescindibles: el primero, elegir o diseñar un modelo idóneo para crear ese estándar más elevado y, segundo, ponerlo en práctica.
Créame, es determinante que tenga esos modelos o bien, que los cree de acuerdo con sus más altos deseos de superación, de eso depende su ascenso y, sobre todo, su estandarización de patrones. No acepte nunca menos ni se conforme, no ceda jamás ante la ligereza con la que se suele ver la vida cuando ya se han tocado tantos fondos, por el contrario, disfrute de esa paz ganada y no mire hacia atrás. Recuerde que lo vivido no nos hace muchas veces ni mejores ni peores, simplemente nos hace diferentes, pero esa diferencia debe ser suficiente para comprender y gestionar con mayor diligencia cada circunstancia, cada visión, a cada persona, idea, realidad o presente y futuro necesario. Como siempre, usted elige.
¡Felices importancias, felices vidas!
