Lo importante IV. El desafío…

Quien no se resuelve a cultivar el hábito de pensar,se pierde el mayor placer de la vida. Thomas Alva Edison La racionalidad se desperdicia si no se sabe cuándo usarla, y esto sucede mucho más seguido de lo que podemos ni siquiera ...

Quien no se resuelve a cultivar el hábito de pensar,

se pierde el mayor placer de la vida.

                Thomas Alva Edison

La racionalidad se desperdicia si no se sabe cuándo usarla, y esto sucede mucho más seguido de lo que podemos ni siquiera imaginar; reaccionar sin razonar empeora cualquier situación.

El ser humano secuestra su capacidad de pensar ante la inercia natural de proteger lo que considera su territorio; por territorio entiéndase su autoconcepto, su manera de pensar, de sentir, de ver el mundo, de percibirlo; cuando se siente amenazado, ofendido, interrumpido o coartado e, incluso, cuando se siente frustrado e impaciente… son muchas las situaciones en las que nuestro comportamiento predeterminado, aprendido e interiorizado, reacciona biológicamente y cede el control a los otros, a las circunstancias, a las emociones, al carácter o al temperamento, excluyendo toda participación racional y la oportunidad de elegir acertadamente nuestro siguiente paso.

Así, el mayor desafío que tenemos frente a nosotros para poder pensar con claridad y enfocarnos en lo realmente importante es entrenarnos en identificar los momentos en los que conviene aplicar un alto juicioso y crear un espacio para la reflexión y el pensamiento. Esto no es algo que suceda de forma inmediata o producto de la fuerza de voluntad; se trata de un esfuerzo titánico, permanente y disciplinado, que sea capaz de controlar nuestro instinto reactivo fisiológico y las condiciones que lo desencadenan, de manera ordinaria, en el día a día.

Las reacciones, los famosos prontos, las salidas de tono, las defensas innecesarias, las justificaciones no pedidas… Todos esos momentos en los que perdemos los estribos y maximizamos nuestras emociones perdemos un tiempo y una energía invaluable, que bien podríamos haber invertido en objetivos significativos. Sentirnos vencedores un minuto en el presente y sabotear nuestro futuro es mala estrategia.

Créame… no es sólo el tiempo que uno pierde en esas defensas infructíferas, sino el tiempo que se pierde en reconstruir esa confianza perdida hacia uno mismo y hacia los demás. La racionalidad desperdiciada se lleva por delante mucho más que un simple momento poco virtuoso: se lleva nuestra propia credibilidad, nos hace vulnerables, nos resta fuerza y nos aleja irremediablemente de nuestros propósitos personales y de vida. No es que vayamos perdiendo relaciones, que ya de suyo es grave, sino que mermamos la relación y el compromiso con nosotros mismos y con nuestra obligada evolución.

El autocontrol es la capacidad de dominar nuestros miedos, deseos y emociones, de tal manera que seamos capaces de enfocar todos nuestros esfuerzos en la contención y en la capacidad de derivar ese instinto y energía en nuestros objetivos y un mejor posicionamiento frente a ellos.

No se trata de evadir lo que sentimos o de suprimir la propia biología, sino en esforzarnos en mantener las riendas y el enfoque de nuestra propia vida, surcando los altibajos, pero no dejándonos llevar por ellos. Se trata de dar espacio a la razón en lugar de ser esclavos de nuestros instintos. Se trata de no perder la visión, de comprender que no siempre vamos a gustar, que errar es de humanos, que también existen las malas intenciones y que, al final… no podemos controlar nada fuera de nosotros mismos. Que lo importante es no ser rehén de las mayorías, que la verdad muchas veces incomoda, que los éxitos toman tiempo, que siempre hay que hacer lo que se debe hacer y que esto no siempre es lo que desearíamos que fuera; que la fortaleza no está en el tono de la voz, sino en la coherencia del discurso; que hay que atreverse a conocer y conquistar las peores partes de uno mismo y gestionarlas, que la verdadera valentía está en reconocer ese desafío de la imperfección y esculpirlo a nuestro favor, que el que manda es uno mismo en su propio territorio… y la peor amenaza es no identificar nuestras propias debilidades.

Mejor ponga distancia entre sus emociones y dese cuenta de la capacidad que tiene de reaccionar a ellas, valore el momento presente, respire hondo y actúe con visión de futuro. Recuerde que la vida es breve y que todo pasa, que está en usted serenarse, detenerse en ese alto juicioso y elegir su siguiente paso, que no todo se arregla con una disculpa y que hay oportunidades que no regresan jamás. Procure encaminar sabiamente sus pasiones. Es su responsabilidad procurarse, conocerse y controlarse. Como siempre, usted elige…

¡Felices importancias, felices vidas!

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