Lo importante II. Quién eres…
Es muy diferente hacer frente a la vida sabiendo que nos tenemos a nosotros mismos, que hacerlo sin ese poder. Somos lo mejor que tenemos
Los soberanos huéspedes de ojos llenos de destino.
Novalis
Elegir, elegir es la decisión más importante que le debemos a la vida y elegir a favor de uno mismo, la decisión más importante que nos debemos a nosotros mismos. Fuera de ese principio, nadie tiene la autoridad para decirle a usted qué es lo prioritario en su vida, sólo usted conoce sus necesidades, circunstancias y deseos. Quizá sólo por esta última razón lo más importante –dentro de lo importante– que debemos saber es quiénes somos realmente, qué nos guía, qué nos mueve, qué nos hace ser mejores y qué entorpece nuestra feliz evolución.
La neurociencia y la psicología positiva continúan desmintiendo la naturaleza de los seres humanos: no somos seres absolutamente reptilianos, presos de nuestros instintos. El cerebro, hoy se sabe, es predictivo no reactivo. Los seres humanos no somos producto de circunstancias ajenas a nosotros mismos. La cultura, la educación, los entornos, la manera en la que aprendemos a descifrar el mundo y a quienes nos rodean se convierte en un bagaje fundamental para nuestra sobrevivencia; sin embargo, lo anterior no condiciona nuestro destino. Los seres humanos somos dueños de nuestras propias experiencias y percepciones. Somos responsables de esa forma en la que elegimos prever, construir y actuar frente a la realidad.
A temprana edad, aprendemos a conocer el mundo y sabemos quiénes somos a través de los otros. Son las experiencias personales las que comprueban lo que creemos ser y, en el mejor de los casos, desmitificamos las profecías que por un tiempo asumimos como propias. Conocerse a uno mismo, saber quiénes somos, en qué creemos, cuáles son nuestras luces y nuestras sombras, entender de dónde venimos, y tener medianamente claro hacia dónde nos dirigimos es quizá la tarea más ardua que nos debemos. La autoevaluación no nos puede ser jamás indiferente. La autoestima tiene que ver con la resistencia más que con la insensibilidad al sufrimiento y la ciega aceptación. Elegirnos es elegir ese conocimiento, ese desafío, es darnos a nosotros mismos esa importancia, esa valía, ese interés.
El concepto de uno mismo, el conocimiento personal y profundo de quiénes somos incluye el nivel de autoestima con el que nos percibimos, la fusión de estos es lo que sostiene todo lo que hagamos y cómo respondamos ante las circunstancias que se presenten en nuestra vida. La autoestima, señala Branden –su máximo divulgador–, es la disposición a considerarse competente para hacer frente a los desafíos y a sentirse merecedor de la felicidad. Es la eficacia personal y el respeto a uno mismo.
Nuestro cerebro es permeable, la neurociencia ha demostrado que podemos transformarlo, el inconsciente está ligado con la percepción que tenemos de quiénes somos, no importa cuánto talento o capacidades tengamos, si los pensamientos no están alineados con una buena percepción personal, no llegaremos a ninguna parte. Debemos desafiar los entornos, y, sobre todo, desafiarnos a nosotros mismos en aquellas áreas mentales y perceptivas que resultan incoherentes con el destino que deseamos alcanzar. Se necesita disciplina, determinación, compromiso, persistencia, fuerza de carácter, paciencia… para entrenarnos de acuerdo con nuestra grandeza, no con nuestra enfermedad, con lo que tenemos, no con lo que nos falta.
Es muy diferente hacer frente a la vida sabiendo que nos tenemos a nosotros mismos, que hacerlo sin ese poder. Somos lo mejor que tenemos. El autoconocimiento, la voluntad, un plan de vida y una chispa de pasión marcan la diferencia entre una vida llena de significado y una que no… y eso es finalmente lo importante de estar aquí: trascender. Recuerde que no se llega a ese lugar siendo esclavo de lo ajeno. Si se elige, elige una vida propia, si no, alguien más lo hará, y elegirá así tu propio destino. Como siempre, usted elige. ¡Felices importancias, felices vidas!
