Lo importante I…

La libertad no es lo más importante, quizá sólo sea lo segundo más importante, uno elige primero en la vida si decide elegir y, segundo, a favor de quién lo hace.

                Uno siempre responde con su vida entera
                a las preguntas más importantes
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           Sándor Márai

Hace 17 años que escribo esta columna; uno de mis anhelos más grandes de entonces y de ahora está en rescatar de entre las prioridades de los lectores su derecho a elegir sobre su vida, de eso se trata el coaching. No importa qué tan privilegiados o no seamos, no importa lo que hayamos vivido ni tampoco las condiciones que estemos atravesando, tampoco es relevante si todo ha sido bueno o no; no importa el grado de inteligencia que hayamos podido alcanzar ni el éxito ni el triunfo ni la plenitud de la que hayamos disfrutado… quien no tiene poder de elegir sobre su vida… simplemente no tiene nada.

Sin lugar a duda, ése es el poder más importante que tenemos, sobre todo porque la vida es de cada uno, y cada uno tiene el derecho absoluto de vivirla de acuerdo con lo que considere mejor para sí mismo; no hacerlo, por la razón que sea, es la renuncia más grave que podemos hacer en nuestra contra. Es la antesala a la pérdida de todo lo demás, empezando por la libertad.

La libertad no es lo más importante, quizá sólo sea lo segundo más importante, uno elige primero en la vida si decide elegir y, segundo, a favor de quién lo hace.

Uno puede elegir a favor de sí mismo o a favor de los demás, uno puede elegir la voz que más pesa en su mente y sus decisiones o el amor más significativo; la mejor o la peor de las experiencias que haya vivido; uno elige qué parte de su vida edita y cuál no; uno elige, incluso, lo que es una ofensa de lo que no; uno elige quién es y elige también o no las opiniones de los otros; uno elige sus fuentes de motivación, de reconocimiento, sus parámetros de éxito o de fracaso; uno elige básicamente lo que permite que entre en su sistema y lo enriquezca o produzca en él una mella insuperable; uno elige cómo sale de los conflictos que enfrenta; uno elige, no las circunstancias, pero sí qué hace con las consecuencias de esas circunstancias; uno es, finalmente, lo que elige ser a través de todas esas elecciones.

Uno se determina a sí mismo a través de sus decisiones. Hay decisiones que nos hacen elegir cosas simples, cotidianas, ésas que marcan el paso de lo que quiere uno conseguir en la vida, a éstas se les suele llamar elecciones eficaces; hay otras que tomamos que implican un enfoque más profundo que se destacan por delinear e ir en armonía con nuestros principios y valores, ésas, las que definen nuestros objetivos y metas a largo plazo y definen lo que nos es prioritario, esas son las que suelen llamarse buenas decisiones. Todas ellas son relevantes, desde lo que elegimos hacer cada mañana hasta con quién o en qué decidimos invertir el tiempo de nuestra vida. Las decisiones importantes son aquellas que tienen repercusiones, es por ello por lo que hemos de tomar en cuenta la autonomía y responsabilidad, la claridad y la coherencia, la resolución de problemas y el impacto en nuestra vida.

La vida se trata de elegir, pero, sobre todo, de asegurarse de que es uno mismo quien lo hace y quien admite, sin justificación alguna, la responsabilidad de las consecuencias de esas decisiones. Le diré por qué, porque no se puede dejar en manos de nadie el destino de nuestra vida, como tampoco el destino de las consecuencias que hayan surgido de nuestra experiencia de vivir. Cualquier intromisión sin haberla pedido es otorgar el poder a otro para que se dirija de acuerdo con sus marcos de referencia y no los propios. Su vida es prioritaria para usted, en la vida de otro siempre pasará a segundo plano obligatoriamente, sobre todo en la vida adulta.

Créame, la vida es breve, demasiado breve, para enfrascarnos en retahílas de poder innecesarias, vivir implica el riesgo de elegir continuamente sobre nosotros mismos y asumir esa responsabilidad, y eso siempre será mejor que sufrir el arrepentimiento de no haber sido lo suficientemente valiente para defender nuestro derecho a vivir nuestra propia vida y desafiar sin miramientos cualquier condicionante que nos amenace.

La mayor conquista será el habernos forjado una personalidad íntegra que hable por nosotros y que represente el triunfo de esa disciplina y carácter de elegirnos, sin miramientos, como lo más importante.

Como siempre, usted elige. ¡Felices importancias, felices vidas!

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