Libertad 3. Ámese

El amor propio se manifiesta cuando se ha alcanzado un equilibrio entre el estado anímico y nuestra autoestima

Amarse a sí mismo es el comienzo

                de una aventura que dura toda la vida.

                Oscar Wilde

El amor propio es la aceptación, el respeto y el valor de los pensamientos, sentimientos, emociones y consideraciones positivas que tenemos hacia nosotros mismos. El amor propio puede ser apreciado o no por quienes nos rodean. El amor propio se elige y se educa en la voluntad para amar nuestras experiencias y vivencias, sin importar lo que digan los demás o sus opiniones, percepciones o juicios.

El amor propio se refleja en el trato que nos damos diariamente, en el cuidado, la atención y la relación que mantenemos con el ser que somos. Ese amor conlleva paciencia, tolerancia, reconocimiento, dignificación, defensa y respeto hacia nuestro físico, personalidad, carácter, temperamento, actitudes y comportamientos.

El amor propio se manifiesta cuando se ha alcanzado un equilibrio entre el estado anímico y nuestra autoestima, y se expresa a los demás y hacia la vida en un sentimiento de gozo, plenitud y agradecimiento.

Amarse a uno mismo es la antesala del merecimiento, de la comprensión profunda y real de que merecemos la felicidad, el éxito, la salud, la libertad y la vida que queremos vivir y cómo queremos vivirla. Amarse a uno mismo es tenerse en alta estima, como resultado de la evaluación y percepción que tenemos de nosotros mismos a través de un profundo y reflexivo autoconocimiento.

Es sencillo y lógico… Sin amor no hay libertad y sin libertad no hay amor… y las personas que se aman lo saben porque son aquellas que suelen ser amigables, seguras de sí mismas, respetuosas, amorosas, independientes, altamente enfocadas a su desarrollo y crecimiento personal, a su salud y bienestar, a su cuidado personal, a su formación y a dar en todo momento lo mejor de sí mismas en cualquier circunstancia.

Y sí, asumen sus responsabilidades, reconocen sus errores, trabajan en ellos y en sus fallas y se aceptan con sus virtudes, sus defectos, sus fortalezas y sus debilidades… y lo hacen sin pena, sin culpa, sin vergüenza, sin miedo y sin máscaras. Porque siempre saben de dónde vienen, hacia dónde van y quiénes son.

Quien carece de amor propio y busca en otros esa liberación quiere ser, pero no puede, porque la falta de amor lo incapacita, lo debilita, lo aminora. Desconocen quiénes son o lo que quieren. Desconocen qué quieren o si en realidad lo quieren. Son tibios, volubles, influenciables y rencorosos, porque todo les hiere, sin darse cuenta de que ellos mismos son los que se lastiman por no atreverse a ser quienes son. Esperan siempre el aplauso, la luz, el reconocimiento, por no querer admitir su realidad, por no sentirse dignos de forjar su vida sin importar su pasado… de ahí la depresión, la ansiedad, los miedos, las inseguridades, las frustraciones, las desvalorizaciones, las descalificaciones y los irrespetos. Todo esto terminan por proyectarlo en sus vidas y en las personas que les rodean.

La falta de amor propio buscará salidas fáciles, resultados prontos, esfuerzos mínimos, planes truncos, objetivos frustrados y esclavitudes. No así quien se ama, porque el amor es sentirse libre de manifestar en todo momento la autenticidad de uno mismo sin filtros, sin recelos y sin miedos, porque quien sabe que vale, exige esa valía. Como siempre, usted elige.

¡Felices amores, felices libertades!

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