Ley del Talión
La venganza más cruel es el desprecio de toda venganza ...

Paola Domínguez Boullosa
La coach
La venganza más cruel es el
desprecio de toda venganza posible.
Goethe.
La Ley del Talión (Antiguo Testamento) fue una de las primeras limitaciones al sistema de venganza y la intensidad del castigo aplicado al autor de un delito. Se sabía bien, desde entonces, que las venganzas no suelen ser nunca equitativas. Así, contrario a lo que se piensa, el tan conocido “ojo por ojo, diente por diente”, no es una expresión de máxima dureza y ausencia de piedad, sino, más bien, un control para los excesos que se pudiesen cometer. El término Talión, deriva del adjetivo latino talis-tale, que significa igual o semejante, en referencia a la proporción que debe guardarse entre el delito y la pena.
Hoy esa proporción la guardan las leyes y sus diferentes organismos de impartición de justicia. Hoy ya no se habla de venganza, se habla de hacer justicia. Sin embargo, tantas y tantas veces, esa justicia es incapaz de hacer desaparecer el sentimiento de venganza que se manifiesta en quien ha sido víctima.
Ahí se queda divagante, permanente, insistente, a veces incluso desafiante, amenazante, inconmensurable e inadmisible. También a veces, incapaz de resolverse, porque para muchas traiciones de la vida no hay leyes, no hay parámetros de justicia, a veces, ni siquiera delito que perseguir.
La venganza es, sin lugar a duda, un impulso humano, resultado de un sentimiento negativo, casi siempre arraigado y no resuelto.
Mantenerse dentro de ese espacio de dolor, de rabia, de resentimiento e, incluso, de ira, por supuesto que no resuelve el agravio vivido, ni tampoco devuelve la paz mental, tan necesaria, para seguir adelante.
La venganza es un sentimiento negativo provocado por pensamientos de igual naturaleza. La venganza suele invadir por completo toda operación mental y emocional existente. Lo peor de este sentimiento no es sentirlo, o peor aún, callarlo y contenerlo, sino la invasión que provoca en todo el ser y las consecuencias lógicas en la vida de quien la padece.
La venganza, como cualquier sentimiento, no puede cuestionarse; lo que sí puede cuestionarse es lo que de ese sentimiento se deriva. La venganza suele ser moral y éticamente cuestionable, pero interfiere en un sin número de ilusiones, que amenazan de forma permanente la estabilidad emocional y racional de quien la vive.
La ilusión de venganza no desaparece, ni con la justicia ni con la aparente reparación; por el contrario, se aumenta en cada pensamiento negativo, hasta lograr generar un hábito que inhibe toda capacidad de superar lo vivido y de ser feliz.
Créame, prolongar el deseo de venganza no hace más que recordarle una y otra vez lo vivido y lo sentido, y no termina de resolver su propio conflicto.
Porque el mal engendra más mal y el círculo de la violencia se emancipa de cualquier situación en particular.
Quién supera sus propios límites podrá hacerlo de nuevo, perdiendo paulatinamente la capacidad de sorprenderse en cada ejercicio.
Por eso, hoy le invito a considerar este instinto, porque es muy probable que ni la realidad ni la ilusión ni la ley, ni las reparaciones que puedan existir, le liberen de ese sentimiento.
La única liberación está, como todas, en usted, en sus decisiones, en la capacidad que tenga de reconsiderar el valor y la importancia de usted y de su vida.
Deje de otorgarle un minuto más, deje de maltratarse y deje de reproducir una y otra vez su dolor, su rabia y su ira.
Mejor elija liberarse, reinventarse y seguir adelante, porque no es la venganza lo que debe resolver, sino un duelo ante lo vivido. Dese la oportunidad y enfóquese en lo que quiere para su vida y desprecie toda violencia y toda negatividad porque le aseguro que ahí no están sus respuestas.
Ante las grandes pérdidas de la vida, ni siquiera es válido, ni igual ni semejante “ojo por ojo, diente por diente”.
Pero la vida sigue y hay que seguir de la mejor manera posible. Y eso usted lo sabe. Cómo siempre, usted elige.
¡Felices venganzas, felices desprecios!