¡Oh, libertad, gran tesoro, porque no hay buena prisión,
aunque fuese en grillos de oro!
F. Lope de Vega
Las posibilidades y las oportunidades guardan siempre en sí mismas una ilusión, esa ilusión, según cada percepción, puede entrañar un miedo profundo a lo desconocido o bien, un deseo capaz de superar esa estrechez de la incertidumbre a ir por todas… la diferencia de percepción radica, básicamente, en aquello que potencia o no la ilusión: el miedo o el deseo.
Entre aquellos en los que prima el miedo, las posibilidades y las oportunidades se reducen y, con ellas, su ilusión; no escogerán las más grandes ilusiones que tengan, sino aquellas que sean menos riesgosas. Por el contrario, en aquellos que prima el deseo, su elección estará dirigida hacia la mejor y mayor posibilidad y oportunidad. Estos últimos no mantendrán todas las oportunidades ni posibilidades de bajo riesgo abiertas… no. Ellos elegirán sólo una o dos, ésas que sean pertinentes para ellos, es decir, no escogerán sólo posibilidades u oportunidades, sino pertinencias, las buenas, las grandes, las suyas… independientemente de los riesgos que impliquen. Este enfoque es el que diferencia el proceder de quien tiene éxito y de quien no. Y no porque unas sean mejores que otras, no… sino por lo que esas elecciones bien elegidas hacen sentir a uno mismo. Los estándares de éxito real se miden en la satisfacción del ser… es decir, es uno mismo quien pauta —o debería— sus propios estándares de éxito, según sus metas, según sus objetivos, según sus alcances, sus tiempos, el desarrollo de sus habilidades, el desafío de sus propios límites, su pasión, su amor… su ilusión.
Se lo digo porque ese es uno de los grandes errores de los seres humanos y semillero de una infinidad de frustraciones e infelicidad personal: el someterse a estándares de éxitos pautados por otros. Los objetivos en la vida deben tener una medición real, modelos de calidad de ejecución, procesos… partir de un punto para llegar a otro, partir de un punto del ser para transformarse en otro ser a través del logro de esos objetivos… vivir la experiencia elegida con todos sus costes es lo que nos hace mejores. Es el esfuerzo de atención, enfoque, renuncias, actitud, límites, espacio, tiempo, silencio, cambio de hábitos, de pensamiento, de mindset… es lo que nos hace, al final del trayecto —independientemente del éxito—, sentirnos satisfechos con nosotros mismos. La vida, mi querido lector, es personal y su patronaje tiene que ser hecho a nuestra propia medida, para que siente bien, para proyectar lo que somos, para hacernos sentir eso: no sólo los mejores, sino únicos.
Así, añadiría al tema de las posibilidades lo que, a mi consideración, es la lección más bella que nos ofrecen las pertinencias: la libertad de elegir lo que queremos para nosotros mismos y nuestra vida y disfrutar de ese proceso. Uno es mejor ser humano cuando ama lo que hace, cuando se enamora de la vida que va eligiendo, cuando es capaz de cambiar sus circunstancias, cuando comprende el poder que tiene su propia determinación, su decisión, su elección…
Y sí… se lo he dicho muchas veces… la felicidad no es para todos, sólo para valientes, para los que están dispuestos a arriesgarse a hacer cambios en su vida y en ellos mismos, para crecerse e inspirarse ante las dificultades, para seguir adelante pese a todo, con la actitud correcta ante cada circunstancia. Acceder a las posibilidades pertinentes para nosotros mismos nos hace no sólo felices, sino libres para elegir. La libertad es simplemente la ausencia de ataduras y eso hace el poder de elección: desafiar nuestros miedos a través de dos elementos indispensables en nuestra vida: una ilusión y un deseo mayor que ese miedo.
Por eso, la próxima vez que tenga ante sí una posibilidad o una oportunidad… estúdiela y analice en ella la ilusión que ofrece, su deseo y, sobre todo, sus miedos, sus impedimentos… sus límites, y elija aquella que le sea más pertinente, la que tenga una mayor carga de ilusión y de deseo… deje el miedo a un lado, si cumple con los dos requisitos anteriores, tómela, le aseguro que la hará suya y ella será capaz de transformar su miedo en libertad y ésta en la vida que desea. Y quizá, probablemente… una mañana cualquiera podrá sentir en el proceso una enorme satisfacción y decir como Lope de Vega: “¡Oh, libertad, gran tesoro! ...”. Piénselo. Como siempre, usted elige. ¡Felices posibilidades, felices vidas!
