Las posibilidades VIII… La actitud
Las actitudes son más importantes que las aptitudes.Winston Churchill La actitud es de esos comportamientos humanos que jamás nos dejan de sorprender… las buenas porque nos resultan fascinantes y las malas porque se nos escapan de toda lógica, las ambivalentes ...
Las actitudes son más importantes que las aptitudes.
Winston Churchill
La actitud es de esos comportamientos humanos que jamás nos dejan de sorprender… las buenas porque nos resultan fascinantes y las malas porque se nos escapan de toda lógica, las ambivalentes por difusas y las indiferentes por irrelevantes. Sin embargo, sea como sea que se presente la actitud, trae consigo mucho más de nosotros mismos y de nuestra historia que una simple disposición del ánimo, manifestada de determinada manera en un contexto concluyente.
Las actitudes son el resultado de nuestras propias experiencias de vida, son las valoraciones que hacemos con respecto a una persona, una situación o un objeto y que se encuentran íntimamente ligadas a nuestros parámetros de creencias y emociones. Normalmente no todos son capaces de reflexionar sobre las mismas, ni mucho menos de cuestionarse a sí mismos sobre ellas, pero, qué claras se presentan ante nosotros las de los otros… y qué poco se les analiza también.
Y sí, las actitudes las consideramos propias, meramente personales, incluso descriptivas de uno mismo y de los demás… y a veces las creemos tan pero tan de cada uno que se nos olvida que, como todo, son algo que se puede elegir… Las actitudes son adquiridas en la vida, no son algo que nos sea innato, ni tan único ni mucho menos permanente si así lo decidimos. Las actitudes también se aprenden, se educan, se inspiran y también se contagian… y ésa es la primera parte más importante de la actitud, que cada uno sí es responsable de la naturaleza de sus actitudes… y que sí se pueden modificar, expandir, positivar y mejorar. Porque no siempre ni todas las actitudes que tenemos son buenas para nosotros mismos ni para el entorno. Porque no siempre nos damos cuenta del daño que una mala actitud puede hacernos y hacer a los demás, como tampoco llegamos a medir el bien que nos hace una buena… Y la diferencia es abismal.
La segunda parte importante de la actitud es exactamente esa diferencia que nos produce una de otra, porque la actitud es el comportamiento que tenemos frente a la vida, es la capacidad que tenemos para desarrollarnos y evolucionar de manera óptima o de no hacerlo… es la posibilidad misma de ser mejor de lo que podemos ser o no serlo y abandonarnos a lo que fuimos, o en lo que somos. La actitud es la llave maestra que abre o cierra las posibilidades, las oportunidades y, por supuesto, la que es capaz de elegir entre ellas nuestras pertinencias, las que son favorables para nosotros mismos, y no sólo eso, es ella quien nos permite seguir adelante o claudicar ante la primera dificultad.
La tercera parte y, quizá de todas la más importante, es que la actitud nos determina… Sí, determina nuestro valor como persona, no importa que tan inteligente, talentoso o exitoso sea, tampoco importa mucho lo que llegue a ser o a tener, lo que verdaderamente importa en la vida es el grado de ser humano en el que le convierte su actitud, lo que deje en los demás, su capacidad y habilidad para enfrentar la vida y, sobre todo, para disfrutar de ella, para saber compartir, confortar, escuchar, ayudar… Sí, lo más importante de la actitud que elegimos, es el ser humano en el que nos convierte… por eso en lo personal no considero que la actitud sea una simple valoración, un comportamiento o un simple automatismo reduccionista... No, la actitud es un valor humano que sustenta y multiplica otros muchos valores humanos, esos que son capaces de cambiar la perspectiva de una realidad por completo.
Y si queremos una buena realidad, necesitamos elegir una buena actitud y trabajar en ella… y créame que toma el mismo esfuerzo mantener a flote una mala actitud, una actitud ambivalente o, peor aún, una actitud indiferente que una positiva y genuina, y la diferencia en los resultados es absoluta. Es uno mismo quien elige su perspectiva y con ella la capacidad de asumir la realidad que admita esa elección, elíjala de acuerdo con sus deseos, con lo que quiere vivir en ella, porque si algo tiene la actitud es que es coherente, muy coherente y consecuente con el horizonte de posibilidades que ofrece y con las que no. Personalmente, insisto en el poder de elección que tenemos, quizá no de cambiar ciertas circunstancias, situaciones o momentos en nuestra vida, pero sí y siempre podemos elegir con qué actitud le hacemos frente y que de ella permitimos que fragüe en nosotros mismos y que no, ése es nuestro derecho… y también nuestra elección. Como siempre, usted elige. ¡Felices posibilidades, felices vidas!
