Las posibilidades VII… Y la realidad
Las posibilidades son, sin duda, una realidad en potencia para quien así lo desea, de la misma manera en la que se elige asumir la realidad existente o no hacerlo
Nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables,
son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite,
nuestros confines, nuestra prisión.
José Ortega y Gasset
Amamos las posibilidades y más si éstas pueden ser una realidad… sin embargo, no todos y no siempre son capaces de verlas materializadas y, algunos otros, no pueden ver en su realidad esas posibilidades que buscan. En lo personal, elijo pensar en la línea de Leibniz, que decía que cada posibilidad existe porque trae consigo una alta dosis de realidad por el simple hecho de vivir en nuestra mente. Las posibilidades son, sin duda, una realidad en potencia para quien así lo desea, de la misma manera en la que se elige asumir la realidad existente o no hacerlo. Todo en sí mismo es, aunque exista o no, una posibilidad. Lo mejor —aclaro— siempre será asumir la realidad tal cual es y desarrollar esa potencia de la posibilidad hasta verla cristalizada.
En palabras simples, la posibilidad es lo que no es todavía una realidad y que puede llegar a serlo existiendo determinadas condiciones. Realidad es una posibilidad ya lograda que tiene una existencia verdadera. Me gusta subrayar aquello de: existiendo determinadas condiciones necesarias o factores, porque ahora está sobrevalorado aquello de todo es posible, y esta idea puede generar falsas realidades, caer en la utopía, en el realismo mágico, en la ilusión patológica o en la mentira crónica, por decir lo poco. Hay que sincerarnos y admitir que algunas posibilidades que desearíamos simplemente carecen de toda condición lógica y necesaria para existir y concretarse en esta realidad, sin embargo, pueden resultar posibles en otras realidades o en otros tiempos… Lo que hay que tener siempre presente es su opuesto, la imposibilidad, que es aquello que, bajo determinadas condiciones, no puede ocurrir.
Ahora bien, catalogar las posibilidades como imposibles requiere de dos aspectos importantes: el primero, básicamente, es el señalado anteriormente: que no existan las condiciones concretas para transformar dichas posibilidades en realidad y, otra —la más importante—, que no sea uno mismo el que condiciona su realización y existencia. Y esta es la parte que nos toca abordar en el coaching: el marco de referencia y sus límites. El marco de referencia es la manera en la que cada uno percibe y entiende el mundo que le rodea. En términos generales, es el conjunto de valores, creencias, experiencias, principios, juicios, prejuicios y supuestos, entre otras ideas y pensamientos, con los que cada uno interpreta y da sentido a la información que percibe de sí mismo y de su entorno. Digamos que son los filtros mediante los cuales tomamos decisiones, valoramos nuestras expectativas, elegimos, actuamos y respondemos ante la vida y, por ende, es elemental para la evolución o no de nuestro propio destino. Los marcos de referencia son, por así decirlo, nuestra parcela de pensamiento y, como toda parcela, tiene sus límites.
Los límites son esa otra imposibilidad, quizá la mayor de todas, que debemos cuestionarnos, reflexionar y analizar antes de aseverar que una posibilidad es imposible. Y, créame… la mayoría de las veces es uno el que vuelve lo posible en imposible, por su afán de haber construido, en lugar de una parcela de pensamiento, una enorme muralla. Y la idea de que fuese una parcela es que se pudiese visualizar el horizonte y modificar sus límites, no construir un fuerte que le impida ver más allá. Y sí, mi querido lector, la mayoría de lo que creemos imposible no radica en la condición de sus probabilidades, sino en la condición humana de negarse a uno mismo expandir las propias. La primera imposibilidad o posibilidad de una realidad es uno mismo quien se la da. Es uno mismo el que se permite mirar más allá de esa parcela e, incluso, cuestionar su validez y emigrar hacia una más grande y pertinente o quien decide quedarse anquilosado en su muralla viendo solamente un tenue reflejo lejano de lo que pudiese existir y que, por temor… negamos incluso un ingenuo atisbo de posibilidad. Como siempre, usted elige. ¡Felices posibilidades, felices vidas!
