Las posibilidades IX… La resistencia

La resistencia se refiere a poder soportar un proceso o situación sin ceder. Es lo que, en lo personal, llamo educar el ánimo, el aprender a seguir adelante sin someterse a las severidades que implique el objetivo...

                Bienaventurados los corazones flexibles,

                porque no se romperán.

                San Francisco de Sales

A los seres humanos nos encanta la conquista… No me malinterprete, no lo digo en un sentido bélico, de avasalle o violento. No, lo digo más en un sentido de ganar, de conseguir con esfuerzo, con habilidad y venciendo algunas dificultades aquello que deseamos. Me gusta la palabra conquista, porque implica ir más allá de la naturaleza conocida de las circunstancias y, sobre todo, de la naturaleza personal conocida por uno mismo.

Lo cierto es que no hay conquista sin una enorme capacidad de aprendizaje y de resistencia, esos son dos factores íntimamente relacionados cuando tenemos un objetivo en la mira. Se lo digo porque las posibilidades que se presentan ante nosotros no siempre son tan claras en sus intenciones ni tan sencillas en sus alcances… A veces, las posibilidades están llenas de oportunidades y, otras, no tantas, de pertinencias, y estas últimas son siempre las más convenientes para cada uno y, aun así, conscientes de la elección, las pertinencias también tienen sus puntos ciegos, sus altas, sus bajas, sus recovecos, sus bondades ocultas y sus beneficios limitados.

Por eso la experiencia y el aprendizaje implícito serán unos de los elementos imprescindibles. Primero, para saber discernir de esas posibilidades la oportunidad y, de ellas, las pertinencias; después, habrá que aprender sobre las características de esa pertinencia para saber qué necesitamos para sufragar dicha elección y asumir esos costos físicos, mentales y emocionales. Y es ahí donde todo se pone a prueba… el qué, el para qué, el cómo y el cuánto estamos dispuestos a dar de nosotros mismos para que eso que tenemos frente a nosotros suceda. Y, si se asume el compromiso, sólo quedan por delante esas dos alternativas: seguir aprendiendo y resistir.

El aprendizaje tiene que ver con hacer consciente lo que anteriormente nos era inconsciente, es decir, se refiere a todo cambio que hace posible la adquisición y asimilación permanente de determinados conocimientos, habilidades, competencias, normas de conducta, pautas, principios y valores. Los grandes aliados del aprendizaje son la práctica y la motivación y, sin lugar a duda, la resistencia.

La resistencia se refiere a poder soportar un proceso o situación sin ceder. Es lo que, en lo personal, llamo educar el ánimo, el aprender a seguir adelante sin someterse a las severidades que implique el objetivo, la pertinencia es la capacidad de mantenerse flexible, consciente, realista, positivo y tenaz; la resistencia va más allá de la resiliencia, va más allá de restablecerse, porque la resistencia no sólo espera de usted que se reponga, sino que siga adelante, que aprenda del proceso, que tome decisiones determinadas a partir de lo aprendido y que sí, que se resista a volver a ser o a comportarse como lo era antes, como lo hizo antes. La resistencia pone a uno mismo a prueba una y otra vez hasta que entiende su propio poder de transformación y el poder de elección que posee de manejarse en las circunstancias que le rodean. Y todo esto sucede porque la resistencia exige disciplina frente a los cambios, los afectos, los hábitos e, incluso, frente a lo desconocido.

La resistencia implica no ceder frente a la tendencia neuronal de volvernos al aparente lugar seguro, conocido, cómodo, al así soy yo, al conformismo intrascendente, vacío de toda posibilidad; al dramatismo de la circunstancia, a la gravedad del pasado, a la tiranía del miedo presente, al yugo de la incertidumbre futura. El aprendizaje y la resistencia son esas dos grandes habilidades que nos permiten la mejor y mayor de las conquistas: la de uno mismo y su propia e infinita posibilidad. Como siempre, usted elige.

¡Felices posibilidades, felices vidas!

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