Las posibilidades II… Y el pensamiento
Los debería son de esos conocimientos que se pretende volver a su inconsciencia.
Ten Ideas fuertes, pero sostenlas con ligereza.
Marc Andreessen
Los seres humanos aman los objetivos, les encanta tener algo en la mira que perseguir, que conquistar, que hacer suyo… todo objetivo personal trae consigo un deseo, una recompensa, incluso muchas veces hasta una clara idea preconcebida del momento culminante de ese logro… el quiero tiene ese poder de incrementar nuestra dopamina, poder que nunca tendrá un debería. Los debería se convierten casi siempre en un conflicto interno producto de saber que se sabe y no se hace, los debería son de esos conocimientos que se han hecho conscientes y se pretende, sin éxito, volver a su inconsciencia… sentirse mal con uno mismo es lo único que se logra. Para su tranquilidad le diré que los debería no son objetivos, porque no son sentimientos auténticos, sino más bien creencias arraigadas, ideas fallidas que no compaginan con su esencia y mucho menos con sus deseos y sus quereres.
Y he ahí el primer punto de la posibilidad… cómo vamos a hacer posible algo que no sentimos nuestro, ajeno en toda regla emocional, algo que no enamora y carece de todo deseo real, cómo vamos a dejar de ser quienes somos o de hacer lo que hacemos por algo que no nos inspira… incluso el que nos haga bien, resulta irrelevante.
Lo que impide que consigamos aquello que queremos no suele descansar en el objetivo per se, sino la forma de pensar en él. Nuestra forma de pensar se agrupa en lo que llamamos modelos mentales, que son construcciones que nos ayudan a entendernos a nosotros mismos, a los otros y al mundo; son hábitos de pensamiento aprendidos, repetidos y que por ende carecen de reflexión. Es aquello en lo que creemos, algo que consideramos un hecho independientemente de su comprobación, las creencias son una especie de verdad casi absoluta que surge de un mecanismo cerebral complejo que hila nuestra historia personal, nuestra biología, cultura y lenguaje… y lo que lo hace complejo no es la magnificencia cerebral –que lo es–, sino las experiencias personales, las emociones, las sensaciones, las conclusiones lógicas –y a veces no tan lógicas– como nuestro cerebro las ordena en la memoria. Los modelos mentales se expanden o se contraen según nuestras experiencias y aprendizajes, de ahí que existan dos modelos únicamente: aquellos que nos potencian y aquellos que nos limitan. Ninguno es tampoco per se bueno o malo, porque la carga emocional nunca puede evaluarse de esa manera, atinado sería rescatar de ellos lo mejor: los que nos ayuden a lograr esos objetivos de vida y nos alejen del miedo a vivir y vivirnos a nosotros mismos en esos objetivos absolutamente personales.
Al final mi querido lector, se trata de hacernos de la vida, de una propia, de una que nos enamore, nos motive y nos inspire. Por eso el primer punto a considerar para que algo sea posible en nuestra vida es comprender qué nos lo impide, nos limita o nos condiciona, porque pueden ser las circunstancias, no le digo que no, pero por lo general es el pensamiento, los juicios, las creencias, las ideas preconcebidas, los debería, la memoria alterada por el paso del tiempo, los silencios, el dar las cosas por sentado, las casualidades que se confunden con correlaciones, las expectativas mal entendidas, el pensamiento mágico, las conclusiones erróneas, en fin… todo eso que hemos vivido y que, con el tiempo, damos poca o nula pertinencia que se modifiquen.
Y es que hay que entender una cosa… cuanto más se vive, menos rigidez mental convendría tener. Ampliar nuestras experiencias y contextos amplía nuestros conocimientos, y eso tendría que ser suficiente para cambiar y demostrarnos a nosotros mismos que todo lo hace… que no todas nuestras creencias son irrefutables, que los valores y principios también pueden adecuarse a la realidad y que quizá sería prudente arriesgar el deseo obsesivo de tener siempre la razón por la libertad de elegir lo que mejor conviene a su vida, alineados a la posibilidad y con cierta ligereza de pensamiento. Como siempre, usted elige.
¡Felices posibilidades, felices vidas!
