Las fuentes del mal VI. El apego
El desapego se fundamenta en una filosofía del desprendimiento, esto se basa en la idea de procurar ser más libres e independientes psicológicamente.

Paola Domínguez Boullosa
La coach
El espíritu cree naturalmente y la voluntad naturalmente
ama; de modo que, a falta de objetos verdaderos,
es preciso apegarse a los falsos.
Blaise Pascal
Las personas apegadas son esclavas de sus necesidades. El apego es como una adicción psicológica que va cercando a uno mismo, convirtiéndolo en el siervo del objeto de su apego.
El apego es una vinculación mental y emocional, generalmente obsesiva, hacia objetos, personas, actividades, ideas o sentimientos que se origina en la creencia irracional de que ese vínculo proveerá, de manera única y permanente, placer, seguridad y autorrealización. Esta conducta devalúa el amor, la independencia y la capacidad personal de quien la vive y la padece.
¿Esto quiere decir que debemos vivir desapegados? La respuesta es sí, siempre y cuando comprendamos lo que es el desapego. El desapego se fundamenta en una filosofía del desprendimiento, esto se basa en la idea de procurar ser más libres e independientes psicológicamente.
Esto implica comprender que todo tiene un ciclo, una vida, que la permanencia no existe, que debemos enfocarnos en disfrutar lo que tenemos y a quién tenemos, comprendiendo que la pérdida del objeto o del sujeto de nuestro aprecio no puede destruir lo que somos.
Es aprender a disfrutar la realidad, el presente, lo que existe, lo que fue, y lo que será. El desapego es conservar un vínculo sin despersonalizarse, sin mimetizarse o convertirse en una extensión “de”, es vivir una vida independiente y libre psicológicamente.
Hay que desmitificar… el desapego no es, ni nunca ha sido, falta de amor, como tampoco es, ni nunca ha sido, amor. Nada tiene que ver con el amor, ni siquiera con el querer, ambas son fuentes del mal mientras se les vincule al concepto del amor. El amor es un sentimiento que se basa en el respeto, la libertad, la independencia y se construye en la honestidad, la confianza y la reciprocidad emocional… No se puede reducir el amor, al apego o, el desamor al desapego… el amor es mucho más poderoso.
Dicho lo anterior. Siempre será mejor el desapego en los términos descritos aquí y, si hablamos de amor, siempre será más sano un amor con desapego, un amor independiente que comprenda y enriquezca la individualidad del otro y que esa misma individualidad respete y procure una cooperación mutua y una evolución común. El amor no puede entenderse de otra manera, lo contrario sería el apego, la idea fallida de posesión, de dependencia, de esclavitud, reduciendo al sujeto del amor en un objeto…
Hace falta reflexionar sobre los apegos… y sobre el valor exacerbado del que se le provee al objeto del apego, nada puede ser tan importante que secuestre la mente y la voluntad y convierta al ser humano en el títere de sus propias fantasías.
Los apegos son otra fuente del mal por excelencia porque nulifican la capacidad de pensar por uno mismo, y convierten la vida propia en la existencia del otro, de lo otro, de la idea, de la representación. Nada nos pertenece realmente, sólo nosotros mismos nos pertenecemos, esa es la ley que debe de entenderse para evitar el sufrimiento y dar su justo valor y medida a todo. Y a lo que más… a la vida, al placer de poder disfrutar de lo que se tiene por el tiempo que se tenga.
A dar lo mejor de cada uno en cada experiencia, a esforzarse por aquello que deseamos, sin olvidar que siempre podemos desear algo más y mejor y a entender que la evolución implica un cambio permanente. Mejor, mi querido lector, valore y agradezca lo que tiene y lo que ha tenido... Mejor elija vivir y vivirse plenamente en la realidad con lo que su presente le ofrece cada día, y trabaje el desapego y practique el amor… el verdadero, el que hace bien. Como siempre, usted elige.
¡Felices fuentes, felices vidas!