La re-evolución III. Los juicios

Los juicios tienen la fuerza de construir o destruir la identidad de un ser humano, de una organización, de un gobierno, de un país o una cultura… Lo que decimos y cómo lo decimos deja siempre una impronta en el otro...

Odio los juicios que sólo aplastan y no transforman.

                Elias Canetti

Las personas vivimos haciendo juicios… juicios acerca de nosotros mismos, acerca de los demás, acerca de las circunstancias, hacemos juicios incluso de aquello que no hemos experimentado, que no hemos vivido, que no hemos siquiera padecido… Nuestra propia historia está llena de juicios, nuestra identidad también. Hacemos juicios intentando dar sentido a nuestras vidas combatiendo así la incertidumbre y protegiéndonos —según nosotros— del devenir.

Lo único cierto es que los juicios no son verdaderos ni falsos, no son afirmaciones que podrían tener esa naturaleza, no, los juicios son declaraciones, opiniones, interpretaciones lingüísticas que siempre viven en las personas que los emiten.

Los juicios nos poseen, no les poseemos nosotros a ellos, no; a lo largo de nuestra vida, si no los cuestionamos, son ellos quienes determinan nuestro comportamiento, forma de pensar, de sentir, nuestro desempeño e, incluso, nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Los juicios sentencian el futuro con las experiencias del pasado, en las decisiones que tomamos en el presente. Lo más grave de los juicios que emitimos es que nos provocan una visión y una emocionalidad limitada.

Cuando emitimos una declaración de esta índole decimos que el otro “es”, es decir, lo clasificamos, lo definimos, lo identificamos, y la realidad es que un comportamiento no define la totalidad de una persona, es más, la experiencia que usted haya tenido en un contexto determinado puede que lo haga para usted, para bien o para mal, pero eso no determina al otro.

Los juicios nacen en quien los emite y hablan más de él que de aquél a quien están dirigidos. Los juicios únicamente son interpretaciones de un hecho concreto y son nuestra responsabilidad, lo que elegimos decir o no y cómo decirlo. No todas las personas son con nosotros como son con los demás ni todos los contextos son iguales. Podemos opinar, claro que sí, estamos en todo nuestro derecho, sin embargo, debemos aclarar que hablamos desde nuestra propia experiencia, en un contexto determinado.

Los juicios tienen la fuerza de construir o destruir la identidad de un ser humano, de una organización, de un gobierno, de un país o una cultura… Lo que decimos y cómo lo decimos deja siempre una impronta en el otro, siembra una duda, bosqueja una futura percepción y es capaz de limitar las acciones y decisiones que otros tomen al respecto.

Los juicios no son verdades, son sólo opiniones a partir de una experiencia propia; buenos o malos, han sido creados a partir de nuestras vivencias, de nuestra historia, racionalidad y emoción; nadie posee autoridad tal como para determinar quién es el otro.

Por eso hoy le invito a revisar esos juicios, a reflexionar sobre ellos y sobre cómo intervienen en sus decisiones de vida, porque muchos de ellos son meramente ideas creadas y reafirmadas, algunas incluso ajenas a usted.

Créame, la vida, su vida, merece dejar atrás esas cargas innecesarias. Las re-evoluciones necesitan, ante todo, actos de flexibilidad mental, amor y respeto que legitimen al otro. Legitimar es reconocer que el otro posee un valor al reconocerlo, dándole importancia a sus ideas, a sus emociones, acciones y decisiones.

Cada cual es responsable de quién es, de lo que hace y cómo decide presentarse al mundo, cada uno ha de definirse a sí mismo y lo hará en consonancia con su esencia, aun cuando intente un escapismo voluntario, seguirá entretejido a esa red de verdad de lo que es, para bien y para mal, en todo caso, no es de su interés cómo elija conducirse. Usted ya tiene su vida y su responsabilidad en ella, así que no necesita exponer su alma a través de juicios que pueden, como cualquier opinión, ser válidos o inválidos. Sólo somos dueños de nuestra historia… como siempre, usted elige.

¡Felices re-evoluciones, felices vidas!

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