Instantes I. Grandes pequeñeces

La libertad empieza por esa elección, la de elegirnos y elegir la vida que queremos. Y la vida se desarrolla dentro de esa línea de tiempo además indefinida… hagamos de ese tiempo el mejor de los tiempos.

Lo breve, si bueno, dos veces bueno.

Baltasar Gracián y Morales

El tiempo es la materia prima de la vida, es un recurso no renovable que se agota en sí mismo sin importar el uso que se le dé. Cada cual elige en qué y en quiénes decide invertirlo… lo cierto es que todos contamos con el mismo número de horas al día para construir imperios o para destruirlos, para hacer o dejar de hacer, para ser más nosotros mismos o menos… para vivir más y mejor o para no hacerlo. El tiempo es nuestro y la elección que de él hagamos también.

Nos preocupamos por muchas cosas, pero descuidamos nuestro tiempo; al final, eso es lo que siempre nos falta… tiempo, y no cualquier tiempo sino ése… el nuestro, el que hemos de invertir en lo importante de nuestra vida, en lo que nos es prioritario, en el objetivo central que de ella tengamos, en cómo y con quién deseamos compartir nuestra vida y, sobre todo, en aquello que le da un significado único y especial. Mi querido lector, hay que hacer una reflexión profunda sobre nuestro tiempo y desechar de él lo superfluo, lo trivial, banal y ajeno, lo que por dejar no deja nada y quita y absorbe y desperdicia. Y no, no se trata de hacer más, sino de hacerlo mejor, lo importante y lo valioso para nuestra vida y el sentido que deseemos darle. La libertad empieza por esa elección, la de elegirnos y elegir la vida que queremos. Y la vida se desarrolla dentro de esa línea de tiempo además indefinida… hagamos de ese tiempo el mejor de los tiempos.

Le diré más… en esa línea llamada tiempo existe uno que es de todos el mejor… el instante, esa porción brevísima de tiempo, pero que también utilizamos como algo frecuente a cada instante… o sin dilación, de inmediato, al instante, o sin cesar, de manera continua, sin intermisión…por instantes. De esos instantes está hecha la vida de esos pequeños grandes momentos que se quedan insertos en nuestro sistema nervioso, en la interocepción de la que tanto hemos hablado, ahí en esa memoria única y tan nuestra que nos permite revivir, vivir y reinventar vivencias y sensaciones nuevas. No necesitamos tantas fotos ni videos que capten una imagen del instante, necesitamos aprender a sentir más esos instantes para que se queden ahí por siempre y para siempre y eso… también se elige. Y aunque pareciese algo sencillo, no lo es, dedicamos demasiado tiempo a cosas que no merecen nuestra atención, cuidado o interés y el tiempo nunca sobra, el tiempo siempre hace falta, pero no cualquier tiempo, sino el tiempo que sea nuestro, el tiempo que sí merece nuestro interés, nuestra atención y nuestro cuidado, esos instantes que son capaces de llenarnos todos los espacios para siempre los que nos dejan faltos de nada, esas grandes pequeñeces que nos devuelven la vida y a las que debemos regresar porque sabemos lo bien que nos hacen…

Grandes pequeñeces de la vida en todo su fulgor como… el sol en la espalda en un día fresco, ese sol que no quema, sino que acaricia, o caminar en la arena o escuchar el viento, u oler la tierra mojada después de una tormenta, darse un baño de tina, tomarse un buen café por la mañana, respirar profundo después de llegar a casa tras un exhaustivo día…. una caminata, recibir un abrazo cuando sentimos que nada está bien, o reír a carcajadas por cualquier nimiedad, el amor profundo, la mirada sincera …  Hay tantas cosas que pasan desapercibidas, tantas grandes pequeñeces que finalmente son pequeños grandes instantes, sin grandes costos más que una sabía elección de mirar y procurarnos esa armonía ¿a cuánto estamos de eso? ya le digo, a una decisión. A una decisión que determine para nosotros una calidad de vida y, por ende, ciertos estándares de calidad y respeto por la misma.

Qué libres somos de hacer tantas cosas y cuánto se escudriña dudando de esa libertad. Vivir es una bendición maravillosa y, a medida que lo hacemos, nos volvemos más conscientes de la vida misma, lo peor es que tardamos media vida en comprender lo que sí y lo que no vale realmente la pena en ella. Ser y sentirnos libres de ser y vivir como deseamos hacerlo es, quizá, de todos los valores el más alto, siempre con respeto y amor hacia uno mismo y los demás y… el tiempo, en la vida, lo es todo, utilicémoslo sabiamente… Como siempre, usted elige. ¡Felices instantes, felices vidas!

Temas: