Instante VIII. La primera elección

Elegir exige situarnos en la realidad y, sobre todo, analizarnos a nosotros mismos en ella, por eso es tan importante que lo hagamos y que lo hagamos desde ahí, desde nosotros mismos.

No hay mejor medida de lo que una persona es que lo que hace cuando tiene completa libertad de elegir.

William M. Bulger

Elegir nos determina. Determina quiénes somos, lo que hacemos, lo que pensamos, sentimos, en qué creemos y cómo vivimos. Las decisiones que tomamos marcan las pautas de nuestra vida y, muchas veces también, las pautas de quienes nos rodean, por eso no hay decisión insignificante, porque cada decisión que tomamos habla de nosotros mismos y nos define. Elegimos aun cuando no hemos elegido, y elegimos incluso cuando alguien más ha elegido por nosotros o las propias circunstancias de la vida lo han hecho, siempre elegimos o, por lo menos, siempre podemos elegir un siguiente paso, una actitud, una reacción o una respuesta.

Elegir es la operación más significativa que hacemos diariamente y que constituye la base de todos nuestros hábitos, y los hábitos son el 45% de nuestras acciones diarias. Un hábito es una acción que se realiza de manera repetida y que, a través de una práctica constante, se vuelve casi automática con el tiempo. Sobra decir que hay hábitos que son buenos para nosotros y otros que no lo son. Saber elegir lo que nos hace bien es, sin duda, de todos los hábitos, el que mejor y más nos beneficia.

¡Y cuánto se duda en las elecciones!, la mayoría de las veces porque somos incapaces de ver el horizonte completo, el futuro que aguarda detrás de cada elección, y le diré, mi querido lector, que cada elección trae consigo una o varias renuncias, y que ninguna o casi ninguna es capaz de ofrecerle una visión tan clara y precisa como desearía de su destino… y aun así, habrá de elegir, porque no necesita ver toda la imagen completa, no… con que pueda ver su siguiente paso habrá visto lo suficiente… créame.

Es en ese siguiente paso en el que debemos de tener siempre presente a uno mismo. Hay que educarnos en elegir ese bienestar y, para ello, es absolutamente necesario contemplar dos principios: el primero, que hay que elegir; y el segundo, que hay que elegirse. Porque sólo aquel que elige, y en esa elección se elige, puede hacerse responsable de su propio destino. Y en la vida necesitamos ser conscientes del poder que tenemos de esa elección. Podemos equivocarnos… sí, eso es algo que viene implícito en las decisiones y que no será nunca tan grave, como no atreverse a elegir, no elegirse, o el permitir que otros elijan por usted o que, dadas determinadas circunstancias de la vida… se resista a hacerlo.

Elegir exige situarnos en la realidad y, sobre todo, analizarnos a nosotros mismos en ella, por eso es tan importante que lo hagamos y que lo hagamos desde ahí, desde nosotros mismos, con las herramientas que tengamos, con lo que sintamos, pensemos o hayamos reflexionado. Y no es un acto de egoísmo, es un acto de caridad, de ayudarnos a ser y vivir mejor. Es entonces cuando elegimos y nos elegimos, que surge ese otro maravilloso instante de la vida, ese instante en el que poseemos ese siguiente paso, esa elección. Ese momento en el que nos priorizamos y priorizamos el amor y el respeto más importante, el de uno mismo. Esto me recuerda, al amor fati de que hablaba Nietzsche, la postura más necesaria —a mi parecer— para vivir… y se trata de la aceptación integral y entusiasta de lo que uno es y de la vida en todos sus aspectos, incluso en aquellos llenos de incertidumbre.

Ese maravilloso instante en el que reconocemos nuestro derecho de elegir, y que asumimos de nuestras elecciones sus consecuencias, y aunque en retrospectiva pensemos que pudimos hacerlo mejor, aceptemos que en aquella realidad y tiempo lo hicimos lo mejor que pudimos. Sí, mi querido lector, tenemos que disfrutar más a menudo de esos instantes en los que aprendimos a reconocernos y reconocer el valor de elegir y de elegirnos, porque es eso exactamente lo que determina nuestra personalidad, la evolución de nuestros pensamientos, sentimientos y creencias, porque han sido esas elecciones conscientes y elegidas las que nos han hecho llegar al lugar en el que hoy estamos y son sobre las que hemos de seguir edificando nuestro futuro. Elegir así es, de todas las libertades, la más nuestra, significativa e importante. Como siempre, usted elige. ¡Felices instantes, felices vidas!

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