Esos cinco minutos…
Cuando no se encuentra descanso en uno mismo,es inútil buscarlo en otra ...
Cuando no se encuentra descanso en uno mismo,
es inútil buscarlo en otra parte.
Francois de la Rochefoucauld
Los seres humanos tenemos más de 60 mil pensamientos al día y, sorprendentemente, 90 % de ellos carecen de utilidad, es decir, no aportan nada a nuestro sistema en general, es más, quizá muchos de ellos colaboren al aumento del estrés y la preocupación, dos armas letales contra nuestra salud en general.
Hay que admitirlo… somos nómadas de la hiperactividad mental. Se transita de un pensamiento a otro sin ninguna prudencia, desafiamos nuestra capacidad cerebral muchas veces en asuntos innecesarios, nutrimos las neurosis personales sin ninguna lógica y coartamos voluntariamente nuestro propio potencial. Créame, mi querido lector, debemos parar… y tomarnos cinco minutos, cinco minutos que cambiarán nuestro pensamiento y, con él, nuestra calidad de vida.
Lo cierto es que, en este mundo de la inmediatez, al descanso se le rechaza o se le considera un lujo, y mal estamos si creemos que el pensar o el hacer nos hará más productivos. El descanso es tan necesario como respirar, como la buena alimentación, como las relaciones sanas, como los buenos amores…
El descanso beneficia al cuerpo, pero sobre todo al cerebro, a ese centro neurálgico de todo lo que somos. El cerebro representa únicamente 2% del total de nuestro cuerpo, sin embargo, es el responsable de casi todas sus funciones. Al cerebro se le cuida poco, muy poco, entendiendo que dormir es de los cuidados que más necesita y del que más carece. Dormir repara, restaura y regenera el cerebro, es decir mantiene la estructura y masa cerebral en las condiciones óptimas para su funcionamiento. Dormir poco, cinco o seis horas, no tiene nada de estoico, por el contrario, es casi una práctica de suicidio silencioso ya que la falta de sueño puede llevarnos a reducir nuestra vida en un promedio de entre 2.5 y siete años, eso sin mencionar que aumenta las probabilidades de padecer demencia, estrés y depresión entre otras enfermedades degenerativas.
Ya le digo, la hiperactividad mental y física en la inmediatez moderna no colaboran en ofrecerle mejores experiencias ni tampoco en hacerle más productivo. Mejor elija reconsiderar el valor que le da al descanso y a su vida. Y sí, puede ser que no tengamos el tiempo para dormir o la posibilidad física de hacerlo, o que tampoco seamos capaces de meditar o de poner, como se dice, “la mente en blanco”, lo que todos podemos hacer es tomarnos cinco minutos para nosotros mismos, para desconectar esa ilación de pensamiento infinita y reconectar con algo que nos haga bien.
A eso le invito, mi querido lector, a esos cinco minutos que todos merecemos cuando lo necesitemos. A esos cinco minutos que pueden salvarnos la vida, las relaciones personales y la salud… esos cinco minutos con los que podrá incrementar su potencial mental, anímico y dopamínico que necesita para mantener su centro neurálgico en óptimas condiciones. El verdadero autocuidado empieza por ahí, por la calidad de nuestros pensamientos y la conciencia de reconocer cuándo debemos parar, tomar un respiro y seguir adelante.
Esos cinco minutos son los que le invito a realizar, el objetivo es que los tome como un verdadero distractor positivo, que se enfoque en lo simple, en la apreciación de lo cotidiano, que salga a dar una vuelta, que haga unas respiraciones profundas, que le llame a un buen amigo o simplemente que cierre sus ojos o escuche algo que despierte sus sentidos. Elija usted esos cinco minutos de libertad mental, y comprenderá a su vuelta que todo se estima distinto y mejorado; que su razonamiento es más pulcro y sus emociones más estables, pero sobre todo comprenderá que usted puede controlar su mente y con ella su manera de responder frente a las circunstancias de su vida, que el descanso y el disfrute son también una elección merecida y necesaria. Que nada vale lo que aparenta, y que lo que vale realmente bien puede valer más. Como siempre, usted elige.
¡Felices minutos, felices vidas!
