Esos cinco minutos X… de oro

Un tiempo de reconquista… es un tiempo en el que se resetea usted a sí mismo, para entender si sigue siendo quien manda en sus propias elecciones

No es el tiempo el que nos falta.

Somos nosotros quienes le faltamos a él.

Paul Claudel

El tiempo es siempre subjetivo, personal, ambiguo, a veces amigo otras veces enemigo, a veces nos ordena y otras nos desordena, otras más nos es cómplice o verdugo… el tiempo es lo que decidamos hacer con él y tiene el valor que le damos, y esto último es quizá del tiempo lo que más importe.

Quien no tiene cinco minutos para sí mismo, no tiene nada. Tiene un tiempo ocupado en lo secundario, en lo no prioritario, en lo impersonal, en lo de fuera, en los otros, en lo demás. Todo eso no puede ser más importante que uno ni más urgente ni más necesario... No puede porque si uno no se tiene, tampoco tiene nada. Y eso es lo que se pierde cuando no se tienen cinco minutos, se pierde uno a sí mismo y pierde el tiempo, y no cualquier tiempo, sino el que es suyo, el que le pertenece, el que es finito, el que sólo a usted le corresponde.

La inmediatez, el ajetreo del presente, la sobresaturación que asumimos, los compromisos, la creencia obsesiva sobre la productividad y la eficiencia... entre otros, suelen ser los responsables sobre los que se justifica la falta de tiempo personal. Y lo peor de todo es que erróneamente se cree que se es libre, que diariamente se puede elegir, que se está trabajando en la vida que se ha querido, cuando en realidad sólo se está siendo esclavo del tiempo, de las agendas autoimpuestas, de los avatares propios de la vida, que nunca es perfecta aunque así se haya soñado, que la perfección en ella es tan falaz como esa libertad de elección, como ese tiempo que se piensa infinito o como esa alevosía de pensar que se le puede dejar a uno mismo hasta el final de la lista de prioridades.

La realidad es que uno no puede dar lo que no tiene ni tampoco puede ser más de lo que es, si no se dedica tiempo para conocerse, y conocerse a uno mismo no es una lección que se concrete en un tiempo preciso porque continuamente estamos cambiando, quien lo crea distinto se habrá convertido –como tantos– en una mente obtusa, poco flexible, terriblemente frágil en materia de adaptación y, por ende, profundamente infeliz.

El descanso, el escapismo elegido y voluntario, el sano abandono al pensamiento libre, el sueño, la calma, el silencio, la práctica de pensamientos positivos, la visualización, la reflexión o el agradecimiento... no son baladíes, son opciones para que su sistema cerebral y su red neuronal descansen y pueda tener mejor enfoque, atención, memoria y percepción de la realidad.

El tiempo que uno se da a sí mismo, se trata de un tiempo de reconquista. Un tiempo de reconquista... es un tiempo en el que se resetea usted a sí mismo, para entender si sigue siendo quien manda en sus propias elecciones. Un tiempo de claridad, un tiempo para recuperarse, y recuperar la opinión, el afecto, la consideración, la hacienda de sus propios asuntos, un tiempo de calidad para evaluar sus criterios, su destino, a usted y su vida; un tiempo para dejar el automatismo, la rutina... o lo de siempre. Un tiempo para reconfortarse, para elevar sus motivaciones, en fin, un tiempo para conectar consigo mismo, para escuchar lo que nadie puede escuchar, saber o entender, un tiempo para fortalecer ese vínculo con su interior, que es el más importante de su vida.

Un día tiene 1,440 minutos, elija de ellos los cinco que desee, en el momento que así lo elija, respire hondo y sólo empiece por ahí, por oxigenarse, por parar, por bajarse del tren de la inmediatez y pregúntese simplemente cómo está, cómo se siente y que necesita... créame, mi querido lector, se nos ha olvidado preguntarnos a nosotros mismos, lo que preguntamos por decencia o interés genuino a los demás, y que encierra consigo un parco: bien, igualmente, fundamentado en la decencia o el interés, pero casi siempre lleno de matices, y los matices suelen ser como el oro, lo más preciado... Como siempre, usted elige.

¡Felices minutos, felices vidas!

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