Esos 5 minutos VIII… de transformación

Los cambios profundos del ser se llevan por dentro en acciones pequeñas...

                La vida es un constante proceso, una continua     transformación en el tiempo, un nacer, morir y renacer.

                Hermann Keyserling

Como coach, creo profundamente en el cambio y en la transformación, sin embargo, asumo su complejidad como un reto personal que requiere de elementos que van más allá de la voluntad, de los buenos deseos, del firme propósito de enmienda, del amor, de las ganas… Las transformaciones, los cambios verdaderos, son profundos y están exentos, casi en su mayoría, de la exaltación, de la inmediatez o de los discursos grandilocuentes. Los cambios profundos del ser se llevan por dentro en acciones pequeñas, permanentes, incómodas, silenciosas, convencidas… en la acción, en la disciplina, en los procesos comprometidos… esto sucede porque los verdaderos cambios surgen en la absoluta lucha por desestabilizar, cuestionar, accionar y vencer el automatismo celular al que nos hemos sometido a lo largo y ancho de nuestro propio desarrollo identitario.

Aunque suene rebuscado, es así nuestra identidad, el yo soy va más allá del cúmulo de aprendizajes que recibimos del entorno y que procesamos de manera interna. La neurociencia ha demostrado, atinadamente, que no vemos las cosas como son, sino como somos e, incluso, actualmente mantiene una amplia línea de estudio de la importancia de la subjetividad, como es la teoría del marco subjetivo neuronal —tan bien explicado por la doctora Nazareth Castellanos—, la cual señala: la idea de la identidad, yo soy, se basa en circuitos neuronales que actualizan en cada momento el estado interno del cuerpo. Es decir, la perspectiva en primera persona tiene también un asiento puramente visceral, corporal, orgánico. La identidad no es ya una idea abstracta que se disemina en el cerebro, un alma independiente, sino que la recoge del cuerpo entero. Nuestra conciencia se integra de todo lo que somos, de lo que pensamos, sentimos y percibimos e, incluso, de los procesos que nos son inconscientes, como nuestro funcionamiento visceral.

Somos mucho más complejos y perfectos de lo que imaginamos, nosotros mismos modelamos la información genética que nos da vida y el grado de consciencia, o no, que permitimos reine en nosotros mismos. Que su corazón late más si vive su vida como protagonista que como actor secundario, que su cerebro funciona mucho mejor cuando se piensa a sí mismo preferentemente ante los demás o cuando reflexiona sobre su propia vida… o que su cuerpo le dice exactamente qué quiere y qué no, y dónde o con quién se encuentra en mejor estado… y que es absolutamente cierto que amamos no por quien es el otro, sino por cómo nos hace sentir… y que lo que comemos modifica, en esencia, lo que alimenta nuestras células y, éstas, el cómo respondemos frente a la vida; que nuestros estados de ánimo tienen que ver directamente con cómo nos tratamos a nosotros mismos y las elecciones que elegimos para ese trato, o que el deporte incrementa la atención, mejora el ánimo, y permite que nuestro sistema nervioso funcione a favor de nosotros mismos. O que el mal carácter, la ira o el rencor modifican nuestra química corporal y nuestra información celular…

Lo que le quiero decir, mi querido lector, es que hemos dejado de hacer mucho a nuestro favor por intentar cambiar a personas, circunstancias o realidades que no nos competen… que cuando se mira el exterior en demasía, perdemos conexión con nosotros mismos y confundimos nuestra propia identidad, quiénes somos y lo que verdaderamente necesitamos y nos hace bien.

Por eso hoy le invito a tomarse esos 5 minutos de transformación, que no es más que un tiempo que se dedique a conectar con lo que siente verdaderamente, a escuchar cómo le hace sentir una plática, más allá de lo que en ésta se trate; cómo le sientan ciertos alimentos, un paseo o haber dormido lo suficiente… su cerebro y su cuerpo le necesitan, porque los cambios que desee experimentar en su vida no surgen del entorno, sino del poder que usted tiene de modificar su propia química interna, de desmontar el automatismo de su propio pensamiento, de sus reacciones, de la severidad de sus juicios, de sus hábitos negligentes que pretende siempre pasajeros… Piénselo, porque su organismo esculpe su cerebro y éste, a su vez, cada célula, cada neurona y cada progreso o retroceso en su propia vida. Como siempre, usted elige…

¡Felices minutos, felices vidas!

Temas: