Esos 5 minutos VI… de autopercepción
Hoy le invito a tomarse estos 5 minutos que le permitan hacerse consciente de su cuerpo, de su espacio, de lo que manifiesta su rostro, su postura, su mirada… obsérvese y siéntase más y mejor, y analice detenidamente esas señales que emite
“Sentir antes de comprender”.
Jean Cocteau
La costumbre de no sentirse, de no autopercibirse, hace al ser humano esclavo de su propio automatismo. La percepción es el reconocimiento e interpretación de la información sensorial y cómo respondemos a ella. Nuestra fisiología, la identidad de nuestro cuerpo, su conocimiento, es lo que nos permite sentir, es lo que nos permite la manifestación primera de nuestras emociones y nuestros estados de ánimo, esto quiere decir que no todo está controlado por el pensamiento o la mente, el cuerpo es el primero en recibir esas señales que nos permiten interactuar con los otros, con el mundo.
Así, la ciencia ha concluido que muchas veces el cuerpo ha podido resolver por sí mismo lo que la cabeza, pese a todos sus intentos, no ha podido resolver. El cuerpo es el que percibe las primeras señales que posteriormente el cerebro interpreta para reaccionar en consecuencia. Esto quiere decir que el cerebro reacciona frente a lo que el cuerpo le envía; si es una sonrisa, aceptará por válido ese gesto y tranquilizará nuestro sistema nervioso, si, por el contrario, es una cara de terror o de asombro, disparará los mecanismos de defensa. Curioso, porque no siempre somos conscientes de la importancia que puede llegar a tener en nosotros un ceño fruncido, una cara de pocos amigos, una espalda curva, un saludo blando, un abrazo débil, una mirada perdida o un andar agitado o un movimiento brusco… Y la inconsciencia de ese desconocimiento o bien, de esos automatismos, hacen que su cerebro le perciba a usted, a su espacio y al mundo de diferente manera, que probablemente no sea la mejor que deba acompañar a sus propósitos.
Su cerebro, mi querido lector, presta absoluta atención a su lenguaje, eso usted lo sabe, lo que a veces se olvida es que ese lenguaje incluye el lenguaje verbal y el no verbal, y lo que hace con su cuerpo (lenguaje no verbal) a lo largo del día es quizá el lenguaje más poderoso que su cerebro reciba y, con esa información, la manera en la que le responda. Por eso no basta con hablarse con respeto y cariño y altas dosis de comprensión y compasión, tampoco vale con que se convierta en un fanático del positivismo si su semblante, su postura, su caminar o su sonrisa están, a todas luces, manifestando lo contrario. Su cerebro necesita coherencia entre ambos lenguajes para emitir reacciones y respuestas, a su vez, coherentes, equilibradas y creíbles.
Por eso hoy le invito a tomarse estos 5 minutos que le permitan hacerse consciente de su cuerpo, de su espacio, de lo que manifiesta su rostro, su postura, su mirada… obsérvese y siéntase más y mejor, y analice detenidamente esas señales que emite y modifíquelas, es tan sencillo como hacer consciente la curvatura de su espalda y estirarse, tan sencillo como, de sonreír a medias a hacerlo de verdad, tan sencillo como estudiar el movimiento de sus manos o cómo cierra o abre ciertos objetos, cómo camina o en qué músculos siente más presión que en otros y relajarlos…. Tan sencillo como levantarse de su silla cada cierto tiempo y dar unos pasos.
Porque sí, su cerebro lee cada uno de sus movimientos sin mayor análisis, lo que significa, incluso, que si usted se siente triste o ha tenido un mal día, esbozar una sonrisa puede ayudarle o recibir o dar un abrazo profundo puede calmarle, su cerebro recibirá lo positivo como positivo y lo negativo como negativo, aunque no sea que usted originalmente se sienta así, él entenderá ese mensaje reaccionará al mismo. Créame, hay que aprender a analizarnos a nosotros mismos, a hacer que coincidan nuestras palabras con nuestra fisiología, a ser coherentes con lo que sentimos, con lo que pensamos, porque es ahí donde está la clave de esa autenticidad que siempre, tanto, se desea. Es ahí donde se encuentra la mesura y el equilibrio, en esa consciencia profunda de nosotros mismos, de quiénes somos, el espacio que ocupamos y nuestra manera de responder hacia todo lo que nos rodea. Como siempre, usted elige.
¡Felices minutos, felices vidas!
