Esa vida que desea VI. El paradigma personal
La vida es un constante proceso, una continua transformación en el tiempo, un nacer, morir y renacer. Hermann Keyserling Existe una relación íntimamente directa entre nuestra manera de concebir el mundo, nuestros ...
La vida es un constante proceso, una continua
transformación en el tiempo, un nacer, morir y renacer.
Hermann Keyserling
Existe una relación íntimamente directa entre nuestra manera de concebir el mundo, nuestros pensamientos, nuestras acciones y nuestros resultados. Se ha creído con demasiada frecuencia que, si cambiamos nuestras acciones, obtendremos diferentes resultados, y sí, en parte sí, pero lo que no se ha dicho es que esos cambios, normalmente, se convierten en modificaciones eficientes en un proceso concreto, pero no generan ningún impacto significativo en nuestros pensamientos, menos en nuestra manera de ver el mundo y mucho menos en la manera que tenemos de interpretarlo.
El coaching busca impactos profundos que sucedan más allá de un simple cambio de acción. Busca que las personas sean capaces de transformar su paradigma personal. El paradigma personal es una transformación significativa en la forma en la que una persona percibe y comprende su vida, sus valores, creencias y comportamientos. Estos cambios implican revisar y, posiblemente, modificar las creencias fundamentales que guían sus decisiones y acciones. Normalmente, estos cambios suceden como consecuencia directa de ciertas experiencias, la mayoría de ellas complejas, ya sea un momento de crisis, reflexiones profundas, nuevos aprendizajes o influencias externas.
Luego existen los cambios de paradigma que se alimentan de todas las circunstancias anteriores y en las que, además, existe una firme voluntad, una determinación y un compromiso profundo con uno mismo a fin de vivir y vivirse mejor. Es ese punto trascendente al que uno llega cuando intuye y siente que todo puede ser más y mejor, es ese espacio de autoexploración, de autoconocimiento, de apertura consciente hacia un bienestar con mejores y mayores alcances. Y exactamente ése es el cambio, que deja de ser un cambio para convertirse en una transformación.
Es elegir percibir el mundo desde otro lugar, convirtiéndonos en un nuevo observador de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea. Es no limitarse a los cambios de acción ni a buscar resultados distintos en una misma realidad, sino a transformar esa realidad a través de un nuevo paradigma, una nueva identidad, una nueva personalidad…
¿Por dónde empezar…? Por asumir que se tienen creencias arraigadas en nuestros centros neurálgicos que deben modificarse, hay que entender que hay una forma de pensar que debemos repensar, hábitos, conductas y estructuras mentales, emocionales y físicas que debemos dinamitar, remodelar o, incluso, reconstruir; que hay juicios, perspectivas, ideas, criterios y aspectos culturales que no acompañan nuestros objetivos y que, en su defecto, interrumpen, comprometen y desestabilizan cualquier intento de modificación personal… en palabras simples… Tenemos que repensar nuestra manera de pensar, de sentir y de vivir… y aprender a desaprender para volver a aprender nuevas maneras de gestionarnos a nosotros mismos, a educar nuestros sentidos, la manera en la que nos tratamos, nos hablamos, el ángulo desde el cual elegimos observarnos y observar todo lo que nos rodea y, por supuesto, el lugar desde el cual decidimos posicionarnos frente a todo aquello que nos es prioritario respetándolo y actuando en consecuencia.
Ésa es una tarea titánica… porque la mente, el cuerpo, las emociones, las reacciones y la manera de observar siempre van a inclinarse hacia lo conocido, lo que les es familiar… por eso es que los cambios no son enfrentamientos contra el exterior ni límites que imponemos a las mayorías ni grandes discursos ni la elocuencia propia de una negociación hacia alguien más… por el contrario, es un silencio, una pausa, una discontinuidad externa y una profunda conexión con uno mismo, una batalla impositiva con lo íntimo… la imposición de un nuevo orden sobre lo conocido… Y ésa, mi querido lector, es la mejor y más grande experiencia que tendrá en su vida, conocerse, entenderse, desarticularse y reinventarse… no alineado con todo lo que pudo absorber de su historia y su tribu… sino con todo lo que usted desea para sí mismo y su vida… Como siempre, usted elige.
¡Felices paradigmas, felices vidas!
