Esa vida que desea IX. Gratitud
La gratitud nos expande, nos libera y esto nos permite hacer conscientes muchas prioridades de nuestra vida
Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de nuestra falta de gratitud por lo que tenemos.
Daniel Defoe
Podemos vivir de cara al mundo o de espaldas a él. Podemos vivir pensando que todo tiene un orden perfecto, o podemos pensar que no lo tiene, podemos pensar que somos causa o podemos pensar que somos efecto… Podemos, porque el pensamiento se elige y con él se elige también como decidimos percibirnos a nosotros mismos, a las circunstancias y al mundo.
La elección es, de todos los poderes que tenemos, el mayor, y más cuando se trata de elegir lo que es mejor para nosotros mismos. La gratitud es uno de esos hábitos que nos permiten apreciar la objetividad de la vida sin filtros. La gratitud es aceptar lo que es, lo que se tiene, lo que se espera e incluso lo que fue. La gratitud se trata únicamente de eso: de responder a favor de la vida, de lo vivido, de lo que se vive y de lo que está por venir. La gratitud es una emoción, una respuesta afectiva, un hábito, una virtud… una elección.
Y es, sin lugar a dudas, una actitud primordial para esa vida que desea, porque le permite reconocer, valorar y apreciar que está vivo, presente y que puede elegir, pero sobre todo porque esa simple actitud le permite reconfigurar su psicología interna y su neurobiología. Sí, mi querido lector, la gratitud va más allá de las buenas formas, es “la forma” de restablecer su sistema interno y transformarlo a favor de sí mismo.
A nivel psicológico le ayuda a mejorar el bienestar emocional, a crear refuerzos positivos, a mejorar las relaciones interpersonales y a manejar mejor el estrés, la resiliencia y la resistencia a los cambios y adversidades. A nivel neurológico, contribuye a la activación de áreas cerebrales como el sistema de recompensa, esto le permite liberar neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, las cuales están asociadas con los sentimientos de placer y de bienestar, además, –y ésta es mi parte favorita– practicar el agradecimiento ayuda a formar nuevas conexiones neuronales relacionadas con la felicidad y la satisfacción, así como, mejorar la función cognitiva, la atención, la concentración y la productividad.
El agradecimiento es, como todo lo que hemos visto, una nueva forma de ver la vida, un ángulo diferente que nos aleja de la duda, de la queja permanente, del ostracismo y del costumbrismo que atenúa y silencia nuestra manera de seguir sorprendiéndonos ante la vida y ante nosotros mismos. Esta práctica es un reseteo mental que nos acerca al poder de elegir sobre nuestra vida y cómo decidimos verla e interpretarla, porque esa interpretación es lo que nos determina.
El agradecimiento ofrece una mejor estrategia para enfrentar la vida, para conocernos más y mejor y, sobre todo, para permitirnos sentir más y mejores emociones, porque para sentirnos agradecidos primero debemos de sentir aprecio, amor, reconocimiento, emoción… En fin, otros sentimientos y otras emociones que son positivos y que nos permiten llegar a ese punto de satisfacción. El agradecimiento no llega solo, mi querido lector, llega a nosotros repleto de otras riquezas que engrandecen nuestra vida.
Por eso, mejor elijamos mirar lo que hemos tenido, lo que tenemos y aquello que aspiramos a tener y, más importante aún… Elijamos mirar lo que hemos sido, lo que hoy somos y lo que aspiramos a ser, porque en la vida hace falta educarnos en la gratitud, que es lo que nos permite reconocer la valía de todos y todo lo que nos rodea y el honor que se nos permite de estar presentes.
Créame, siempre será mejor enfocarnos en aquello que nos expande que en aquello que nos constriñe. La gratitud nos expande, nos libera y esto nos permite hacer conscientes muchas prioridades de nuestra vida, que tantas veces pasamos desapercibidas o damos por hecho, pero que en realidad son verdaderos privilegios. Como siempre, usted elige.
¡Felices gratitudes, felices vidas!
