Esa vida que desea II. La partida
Sí, mi querido lector… la vida se pasa y no podemos conformarnoscon quienes somos, no podemos aferrarnos a lo que ya no conjuguecon las necesidades o deseos de nuestra vida.
A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar.
Franz Kafka
Reitero mi amor profundo por los inicios… los inicios siempre tienen algo de certezas y, a la vez, algo de misterio… no he logrado descifrar cuál de esos dos aspectos me atrae más, probablemente sea la mezcla que subyace en el riesgo que conlleva admitir y aceptar que nuestra vida merece un siguiente paso. Créame, mi querido lector, no se necesita que algo suceda para que uno se decida por un nuevo inicio, desde el punto que estemos en nuestra vida y como sea que esté, podemos elegir ir más allá y, sobre todo… ser más allá de lo que somos.
No hay nada peor que el conformismo, el conformismo es ese gris que nunca termina de decidirse, es ese espacio en el que nada se espera mientras lo que queda se va racionando en virutas… el conformismo es la estrechez de uno mismo, que incluso puede aparecer en un punto de completa estabilidad. Hay que saber escucharnos y atender esas necesidades, esas dudas, esos intereses o esas pasiones que están ahí esperando ser traídas a la realidad, recuerde que nos convertimos en lo que practicamos, y las prácticas, con el tiempo, se desvirtúan; todo necesita un cambio para seguir viviendo.
Y sí, muchas veces la única certeza que tenemos sobre ese siguiente paso es nuestro punto de partida…
El punto de partida es el lugar, situación, idea o condición desde la cual se comienza un proceso, un camino o simplemente una reflexión. En nuestra vida personal es nuestro estado actual, hábitos, emociones, creencias, percepciones sobre la realidad y demás, es básicamente lo que sabemos hasta el momento para emprender la búsqueda de un nuevo conocimiento, aprendizaje, experiencia o versión de uno mismo. El punto de partida es el diagnóstico inicial de recursos y necesidades antes de planear una estrategia que nos lleve a lo nuevo.
Ese nuevo paso, ese nuevo lugar… ese nuevo usted. Sí, mi querido lector… la vida se pasa y no podemos conformarnos con quienes somos, no podemos aferrarnos a lo que ya no conjugue con las necesidades o deseos de nuestra vida, no podemos autolimitarnos por las circunstancias y, mucho menos, por el pensamiento o la idea que tenemos de nosotros mismos. La mejor inversión es la que uno se hace en pro de su evolución, de su crecimiento, de su proyección y amplificación porque finalmente de eso se trata la vida, de conocerse, conquistarse y gobernarse.
Nada debería limitar ni silenciar esa chispa, esa duda, esa búsqueda permanente de lo mejor para uno mismo, porque eso hacemos hacia los que amamos, hacia aquello que nos importa, hacia lo que respetamos. Hay que enfrentar ese miedo a escucharnos profundamente y a actuar en consecuencia, hay que tomarse el tiempo para hacer un análisis profundo del lugar en el que estamos y cómo nos sentimos, si nuestro pensamiento y emoción es coherente con aquello que deseamos y la vida que vivimos y si nuestras acciones nos llevan hacia ese ser que queremos ser… Se lo digo, mi querido lector, porque todos hemos tenido esos momentos de claridad… o de avidez, en la que nos escuchamos y comprendemos la urgente necesidad de elegir a favor de nosotros mismos, porque es exactamente el ciclo natural de la vida… el seguir evolucionando.
Quizá tendríamos que preguntarnos más a menudo qué es realmente lo que queremos y analizar si todas las elecciones que tomamos cada día se encaminan a eso que queremos o no… Ése es el mejor punto de partida que puede darse a sí mismo. Porque en el momento que establece esa línea de claridad tiene ya una dirección precisa de hacia dónde dirigirse. Todo se trata de respetar esa visión y ser leal consigo mismo.Esa vida que desea sólo le necesita a usted, porque nada en ella depende de las circunstancias, de los otros, de la situación que se viva, de lo que fuimos o vivimos… le necesita sólo a usted en este presente, mirando de frente, saliendo de ahí… de su punto de partida. Como siempre, usted elige. ¡Felices puntos de partida, felices vidas!
