Entre las sombras I. Condicionamientos predeterminados
Quien se queda mucho tiempo mirandoa los sueños, termina pareciéndose a una sombra. André Malraux En la vida nos arrepentimos tanto de las cosas que hemos hecho como de las que no. Sin embargo, el mayor arrepentimiento es no vivir la vida de acuerdo con nuestros ...
Quien se queda mucho tiempo mirando
a los sueños, termina pareciéndose a una sombra.
André Malraux
En la vida nos arrepentimos tanto de las cosas que hemos hecho como de las que no. Sin embargo, el mayor arrepentimiento es no vivir la vida de acuerdo con nuestros principios, no vivir la vida que queremos. Y no… no son los otros ni las circunstancias ni nadie en especial que nos haya coartado ese derecho para no vivirla a nuestra manera, sino casi siempre son los condicionamientos predeterminados que le hacen a uno vivir al amparo de la sombra de sí mismo.
Me refiero a esos patrones de pensamiento, creencias o respuestas emocionales que se establecen mediante las experiencias pasadas y que influyen en la manera en que una persona reacciona ante situaciones actuales. Estos condicionantes pueden ser el resultado de aprendizajes previos, influencias culturales, familiares y sociales. En su mayoría son los comportamientos y respuestas emocionales las que más persisten en la sombra y, a su vez, las que más estragos generan en nuestra vida. Y digo en la sombra porque son esas que suelen confundirse con la personalidad, la identidad, la herencia que se porta con orgullo: “ya su padre era así”, o bien con aquello que muchos creen esencia y, como tal, “inmodificable” o como temperamento, que corre la misma suerte de la anterior. De ahí que permanezca en la sombra, adherida a lo que somos como esa parte que no se toca, que no se mira, que se cree consciente, y que se asume sin represalia, con total y plena libertad, y con la declaración lapidaria de: “así soy yo”, que los condena a seguir siendo los mismos, y sufriendo las mismas consecuencias de sus acciones.
Pues bien, de esos así soy yo, están repletos los argumentos y justificaciones que subyacen en cada análisis de derrota, en cada trifulca, en cada arrepentimiento. Y a la mayoría se les olvida que esas sombras no son más que aprendizajes arraigados, en el que un estímulo neutro se asocia con un estímulo incondicionado (natural y orgánico) que provoca una respuesta y que, con el tiempo, un estímulo neutro puede provocar la misma respuesta por sí solo. También puede ser resultado de un aprendizaje en el que el comportamiento fue modificado por sus consecuencias: recompensa o castigo.
Lo que le quiero decir, mi querido lector, es que no debemos de creernos todo lo que hemos aprendido en el pasado, al final cada experiencia resulta en un comportamiento, en una creencia, o en una emoción o sentimiento, y esos son hábitos y conductas aprendidas, que así como se anidaron pueden desanidarse, deshilarse, deshacerse y crear algo nuevo, algo mejor, algo que evite justificar sus acciones fallidas o, mejor aún, que lo libere a sí mismo de eso que no le hace bien y limita sus posibilidades.
El primer paso para liberarnos de esas sombras es hacerlas conscientes, hacerlas visibles y reconocerlas… Reflexionar sobre las experiencias pasadas y cómo influyen en el comportamiento actual es esencial. Piénselo: qué hay ahí, qué molesta, de dónde viene, desde cuándo existe, y qué detona ese regreso a su pasado en su presente y, lo más importante, para qué le es útil hoy. Seguir actuando de esa manera es como asumir que hemos sido adiestrados en el pasado, automatizados en nuestro presente y sin armas para nuestro futuro. Empiece por tres hábitos, tres comportamientos que considere que debe modificar y sólo hágalos visibles en su mente, le aseguro que cada vez que reaccione sentirá una especie de alerta que le permitirá controlar y modificar ese automatismo, en su lugar respire y piense cómo desearía responder de otra manera, elija ese cambio y practíquelo. Poco a poco podrá hacer visibles y conscientes esas sombras y liberarse.
Créame, no somos resultado de lo vivido si aprendemos a vivir de otra manera, y esos nuevos aprendizajes son personales y liberadores, son su propia conquista, la de sí mismo, la de su vida, la de su presente y la de su futuro. Usted decide qué se queda y qué se va, usted decide qué se alinea y qué no, en quién elige convertirse y quién dejar de ser. Como siempre… usted elige.
¡Felices sombras, felices vidas!
