El quiebre
Transformarse no es para todos, sólo para aquellos valientes que se han sincerado consigo mismos y se arriesgan a ser y vivir diferente
Todo hombre paga su grandeza
con muchas pequeñeces,
su victoria con muchas derrotas,
su riqueza con múltiples quiebras.
Giovanni Papini
El poder de nuestras transformaciones nace en la gravedad de nuestros quiebres. Quiebre se define en materia de coaching como un rompimiento, es el hecho o la interpretación que se interpone, que dificulta a la acción dirigida a lograr un compromiso dado –con nosotros mismos o con los demás–, es ese punto que interrumpe nuestro presente y nos impide alcanzar nuestro futuro deseado.
El quiebre es, en palabras simples, ese instante donde la coherencia entre nuestro pensar, hacer y sentir no se corresponden. Las transformaciones más importantes de nuestra vida surgen en ese punto donde la realidad no es lo que deseamos, ni mucho menos aquello a lo que aspiramos. Todos tenemos la capacidad de sentir esa incomodidad en algún momento de nuestras vidas, sin embargo, son muy pocas las personas que realmente escuchan esa insatisfacción y actúan en consecuencia.
Las transformaciones requieren de mucha valentía, requieren de atreverse a arriesgar –muchas veces– todo lo que fuimos, para alcanzar ese ideal de lo que queremos ser y cómo queremos vivir; las transformaciones requieren deslindarse de lealtades asumidas, de creencias arraigadas y de fuerzas conservadoras que rehúsan a debilitarse. Transformarse requiere dejar de pensar, de sentir y de actuar como lo hicimos, y revaluar en cada una de esas actividades su porqué y su para qué.
Vivir el presente nos obliga a dejar de lado nuestro pasado y renunciar a todo aquello que sale de nuestro poder de cambio. Nos obliga a disciplinarnos frente a nuestras prioridades, a entender, de una vez por todas, que no podemos cambiar lo que nos ha sucedido, ni cómo fue que decidimos enfrentar aquellos tiempos; que no podemos cambiar a los demás, que tampoco podemos cambiar sus interpretaciones, ni mucho menos conformarnos y resignarnos a las elecciones que hayamos hecho.
La transformación ocurre de dentro hacia afuera, como respuesta a esa incoherencia que se vive, como respuesta a esa lucha interna que despierta nuestra rebeldía, nuestra pasión por vivir, nuestra ambición y, por supuesto, nuestro amor propio.
Por eso transformarse no es para todos, sólo para aquellos valientes que se han sincerado consigo mismos y se arriesgan a ser y vivir diferente, con los costos materiales, físicos y emocionales que eso representa. Por eso, en las verdaderas transformaciones hay, aparentemente, más pérdidas que ganancias, sólo viviéndolo es que uno se da cuenta que las renuncias no son pérdidas, sino ganancias, que no es lo que nos falta en la vida, sino todo aquello que nos sobra. Cuando uno sabe a dónde quiere llegar, sabe también que ese viaje necesita premura y la premura, ligereza.
Quién sabe qué debe migrar de un lugar a otro, de una postura a otra, de una realidad a otra, sabe también que necesita un plan de acción y ese plan de acción requiere no de una intención, como casi siempre se ha creído, sino más bien de una inquietud. La intención es algo que hacemos a veces por nosotros mismos, pero la mayoría de las veces porque se debe y no porque se quiere. La intención puede no pertenecernos, le pertenece a las creencias, a la historia, a lo que nos han dicho que somos o a lo que los demás esperan de nosotros mismos. La inquietud, a diferencia, es eso que nos motiva y nos mueve a la acción porque nace únicamente de nuestro interior, de aquello que sólo nos pertenece y a nadie más, de ese sentir inenarrable que nos dice, una y otra vez, ¡tu papel aquí ya terminó! Créame, la vida merece vivirse desde ese lugar, desde la valentía, la inquietud personal, el entusiasmo y desde la seguridad de que no podemos cambiar nada de lo que nos sucede, pero siempre podemos transformar aquello que somos y elegimos ser frente a cualquier circunstancia. Su presente y su futuro le están esperando… Como siempre, usted elige.
¡Felices quiebres, felices vidas!
